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Monday, February 27, 2012

Saturday, November 26, 2011

Realidad batracia

Lamentablemente uno se parte ocho años estudiando para esto...

Thursday, March 19, 2009

Seis dólares


¿Qué valor estás dispuesto a darle a tu vida?
¿Qué valor puedes dar a la vida de otros?
Reconozco que no soy tan bueno para responder adecuadamente a este tipo de cuestionamientos que voces desconocidas lanzan en mi cráneo cada vez y cuando. O por lo menos, en el momento adecuado. Suele pasar que sólo saco las palabras, o las acciones idóneas, luego que se ha disipado todo el clímax, luego de que toda intervención de palabra u obra hubiera sido bienvenida. Tras eso, sólo teorías. Análisis. Sugerencias. Palabras huecas.
En este tipo de situaciones he aprendido a estar mejor calmado y dejar que afloren por sí solas las soluciones.

Como ahora. Me han echado de mi trabajo y para liquidación, me han dado una miseria. Menos de cien dólares por dos años de trabajo duro y sacrificado. Mi rostro repleto de furia y mis pausadas preguntas sólo obtenían cifras numéricas. Que ya tomó sus vacaciones, no le damos. Que ya cobró su decimo cuarto, no le damos. No, no, no. Todo es negativa ante mis peticiones. El deseo intestino de decirles que ese dinero mejor lo cambien en centavitos y que uno a uno se lo metieran por el esfínter que mejor les parezca quedó fermentándose dentro de mí. Con un gesto de muerto viviente, firmé el papel, agarré el cheque y cambié a efectivo.
Ya era de esperarse. Se me escurrió como un chame recién pescado el dinero, entre luz, agua, teléfono, una tarjeta prepago y un magro almuerzo por alguna esquina. He pasado el resto de la tarde estrujándome el seso en cómo se lo iba a explicar. Ella depende de mí. Ahora un desempleado más, un decimal más para la tasa del desempleo que el gobierno se empeña en mostrar que cae al igual que su popularidad.
Agonizaba la tarde dejando paso a un oscuro velo que hacía juego con mis sentimientos mientras caminaba por un denso parque, tétrico ahora, y observaba los dos últimos números de mi billetera. Uno y cinco. Ese par de arrugados billetes era todo lo que m quedaba.

Y fue cuando un pensamiento me acomete: Pobreza, riqueza, todo es tan relativo. Seis dólares. Para una persona en el último estrato es un tesoro. Podía dar de comer a su familia por dos, hasta tres días apretando cada centavo hasta hacer que Lincoln termine con morisquetas. Pan, yuca, pescado, verde, queso, arroz. Ahora dependería del ingenio de la señora.
Para alguien como yo, seis dólares es poco. Apenas para un par de almuerzos en una fonda medianamente decente y el bus de regreso. Unas cervezas para compartir con los panas. Legumbres y frutas para racionar a la semana. Medio tanque de gasolina. Cuatro dvd piratas. Una prepago de seis. Un jarabe y par de pastillas para alguna eventual enfermedad...
Para alguien con comodidades, los seis era muy poco. No alcanzaba para dos entradas al cine. Apenas una minuta en un importante restaurante. A lo sumo un combo en algún shopping. Faltaba para el cd del artista deseado. Tenía uno que apurarse para entrar a la discoteca (6 dólares hasta las 22:00, damas gratis). Daba igual, ellos no sabían lo que se tenía que hacer para obtenerla. En la mayoría de los casos.

Ahí por ejemplo.
Ese rapaz de mechones verdosos acompañado de una chiquilla. No mayores de diecisiete. Medio borrachos, riéndose de todo y de todos. En la cima del mundo, viendo los eventos a sus pies, sin alcanzarlos nunca. Saca el chico un celular que valdría bien tres o cuatro veces mi liquidación (negreros hijos de puta) y vocifera. Una y otra vez. Por las repetidas veces que oigo papi, papi, supongo quién estaba del otro lado. Insultos, amenazas y demás palabrotas que la muchacha sólo celebra con más risotadas. Cierra su celular y farfulla algo como viejojueputa, quéchuchalecuestacienbalasmásss... y divisa mi rostro desaprobante. Le doy motivo para descargar su furia de niño bonito, su coraje de cachorro malcriado, y sobre todo de alardear su "hombría" frente a su pelada. Se va acercando gesticulando salvaje con las manos yvosqueputasmevesmamaverga como pavo real en celo. No le quito la mirada de encima inflando el sentimiento tunosabesquiensoychuchastumadretunosabesquiensoy hasta que envuelto en jajajajajaja de la otra me dispara un derechazo, amimerespetaschuchasahorasabrásquiénsoy encaja justo en mi mejilla.
Bofetada de niña histérica.
Viene raudo a proseguir su castigo sobre este plebeyo, mi rodilla se adelanta y se incrusta en una barriguita alimentada con delicatessen y cosas exclusivas, a dosis y horarios impuestos a los gritos y berrinches. Suena la vocal más emotiva y dolorosa mientras me adueño de los cabellos del rapaz y hacemos contacto frente a frente.
Ah vamos, hijito. Yo también ansiaba desquitarme con alguien.

Las carcajadas mutan de súbito por alaridos y chillidos que me molestan los tímpanos. La chica sin tocarme me está haciendo más daño que su novio. Vaya ironía. ¡Pero mira eso! Una nueva demostración de bravura y "hombría" hace el chico ahoratejodocarevergaahoratejodesnosabesconquién al extraer una automática de atrás de su pantalón. Y comete el error más estúpido, voltea a ver a su chica para calmarla de su histeria ahoraverásmijanolloresahoralejodoalhijode así que aprovecho para patearle la mano, adueñarme yo del arma y apuntarle a su rostro. Ahora todo es silencio. El muchacho de rodillas ve un cañón listo a escupir una carga de plomo que destrozará su cerebro y su bien pulido rostro. La muchacha más atrás, abrazada a sus rodillas, soltando estertores sollozantes. Meciéndose atrás y delante. Vuelvo a posar mi atención en él. Esos ojos desorbitados de terror. La boca como lavadora encendida barboteando disculpas. Cómo se han volteado las tablas. El descubrimiento de saber que sin tanto adorno, tanta guevada, terminas solo. Completamente solo. Y el horror violento y helado que conlleva tal pensamiento. Sólo se tiene a sí mismo, a sus lágrimas, a sus súplicas incoherentes frescofrescoviejosóloestabadejoditanodisparesviejitoporloquemásquierasnomematesnomematesnomemates y yo preguntándome si era válido o no desquitar la rabia que mis empleadores me han provocado en este maleducado producto de las altas esferas.
La vida de este chico, y tal vez de la acompañante ahora me pertenecen. Saboreo un placer malsano, morboso. Soy Dios con pistola en ese momento. Puedo librar este mundo de un inútil cachorro consentido. Puedo hacerlo.

Igual, todo ese placer se queda dentro mío. Para neutralizar la ira de hacía unas horas.
Guardo el arma en mi cinto y me retiro del chiquillo lloriqueante. Me acerco a su enamorada o lo que fuera quien jadea horrorizada al tomar su mano. Deposito mis últimos seis dólares en su mano temblorosa. Búscate un taxi y vete a la casa en este instante. ¿ME HAS ESCUCHADO? le digo con tono de patriarca. Se incorpora, me mira con mezcla de extrañeza y agradecimiento y sale a la carrera. Un padre angustiado menos. Al menos esta noche.

En cuanto al otro, van llegando dos o tres muchachos igual que él. No sé si a ayudarlo u otra intención. No es hasta que aparece un tipo que hasta mi distancia me insulta el olfato cuando soy capaz de adivinar destinos. No les interesaría, quizá, lo que hay en sus pantalones; sería lo que hay dentro de sus pantalones importados. Y con los seis dólares idos ya, se fue también mi intención de buen samaritano. Chiro ahora, emprendo a pie el regreso a casa oyendo unos repetidos NOOO ya a la distancia. Ya estoy en casa. Mi mujer me recibe con un largo beso y un plato caliente de mi platillo favorito. Habrá una larga conversación. Es lo que realmente necesito.

Por lo menos una vez, las respuestas llegan en su momento.

Friday, December 05, 2008

Cinco jugadas.



Por mucho que lo deseemos
Nuestras cadenas no se rompen
Por mucho que lo deseemos
No logramos dominar a nuestras bestias
Aceptemos y veneremos a nuestros antepasados,
Que se encuentran más allá, donde no hay luz.
- Antiguo HAIKU -


- Escoge. Blancas o negras.
- Negras.
- Blancas. Me habrías sorprendido que escogieras las blancas.
- Vamos, es mi color predilecto…


1. Peón

¡Jesús! Se volvió a descomponer esta maldita ducha.
Si hay algo que odio en esta vida, es recibir agujazos helados por mi espalda de súbito. Así, sin avisar. Puta madre, es el calefón que siempre jode y que nunca encuentro tiempo, dinero o gasfitero para hacerlo arreglar de una vez. Yo mismo tengo la culpa. Por vago, por dejado, por olvidado. Tres epítetos que solía esgrimir mi mujer cada vez que nos íbamos de insultos por esta u otra razón. ¿Ella con la razón? ¿Yo equivocado? El resultado no habría variado fuera cual fuera la situación.

Y fue en víspera de fiestas de Quito justo. Que estaba yo entusiasmado y de buen humor para arreglar las cosas. Un adelantito en el sueldo a punta de sonrisas gastadas como llantas de bus, para marchar directo al KFC y ordenar un “festín sin igual”, pollito frito y caliente, como a ella tanto le gusta. Y para acompañar, un roncito comprado a doña Tita, en la tienda al frente de mi edificio. Cuando puse esta excusa para hacer las paces sobre la oxidada mesa plegable, para romper por una vez el patrón, de ser tú la que poses el alimento ahí y yo me lo trague antes que tú vayas por la mitad; dije tu nombre. Mijita, venga a ver lo que le traje. Los siseos y retumbos de la refri y un lejano pasillo proveniente de quién carajo sabe qué departamento fueron mi respuesta. Supuse que habrías ido a casa de doña Clota a que te preste el fono, pues llevábamos tres meses impagos y estos de Andinatel no se andan con guevadas a la hora de cortarte la línea. Mientras me dirigía a la ducha para lavarme y matar tiempo hasta que llegues vi el espejo todo borroneado de rojo formando una frase que me escupió el rostro al verla “ME LARGO DE AQUÍ HIJUEPUTA”.

Las vecinas ni vieron ni oyeron nada. Las batracias ésas, puro chisme y lengua larga pero cuando se necesita saber de alguien ahí valen dos palabras. Tu mamá luego de recibirme con sus cariñosas puteadas me graznó que de ti no sabía nada pero bien que haya dejado al inútil de mí. De las dos únicas amigas que disponía su número (una de ellas un vacilito en chiqui pero bien que las vecinas se encargaron de hacértelo saber) tampoco pude obtener nada. Arrecho, dolido, atemorizado, celoso, pasé tres semanas enteras sin conocer de tus pasos ni nada. Hasta que la idea que tantas veces rechazaba tuve que finalmente hacerla parte de mi vida. Me dejaste. Como a un perro. Sola o con cualquier pelante, da lo mismo. Me dejaste. Y ahora encima se me caga el calefón cuando se me ocurre bañarme luego de la medianoche. Cabreado hasta las patas por tanta guevada, me medio seco, me envuelvo en la toalla y voy directo hasta mi piloto de gas para revisar alguna falla. Nada. Por más que reviso y busco no veo nada chueco o roto. Entonces la tontera debe venir del calefón general. Del de abajo, en el subterráneo.

Maldigo mi suerte una vez más y empezando a tiritar del frío bajo a esa húmeda y helada caverna. Parece que se ha extinguido la llama del quemador, y yo de guevas que olvidé los fósforos. Es subir y bajar entre chuchaslamadre, vida perra y otras perlas que brotan de mi boca sin importarme que me vean con rostro de reprobación las vecinas. Mierda, mierda, me cago de frío. Me tiemblan tanto los dedos que cinco cerillos se apagan o se caen antes de alcanzar el quemador abierto soltando su perfume a pedo mal disimulado. Respiro largo y hondo para controlarme, enciendo el sexto y ya lo voy acercando al siseante piloto cuando algo truena durísimo y se me caen todos los cerillos de golpe. Entre asustado y furioso trato nuevamente de encender la llama y es entonces que se me ilumina toda la vida y me irrumpen la existencia con horrendo bulto.

- Te como tu alfil con mi peón.
- Hmmm
- Tranquilo, el juego recién comienza.


2. Alfil

Coreó el gol de la victoria hasta enronquecer su garganta. Ganó el Nacho. Ahí, bailando y cantando el himno del equipo. Abrazado a dos panas de barra, que anteriormente estaban cagándose de risa mientras arrojaban a las graderías de más abajo cartones de vino de a dólar a medio acabar o que habían llenado previamente con orinas. Claro, luego se agachaban para ocultar sus rostros. Era un goce ver las caras rabiosas y coloradas elevando insultos que no lograban alcanzarlos. Un completo cague.

Le había costado dos esclavas y un celular comprar el boleto para el partido del equipo favorito por tradición familiar. Que él supiera, desde el abuelo vestían los colores de los puros criollos. Así Liga hubiera ganado la Libertadores, su lealtad al Nacional no se la quitaba nadie. Dos esclavas y un celular. Bajados a éste y otro cojudos mal parqueados que paseaban por el Ejido. Son tan giles a veces… sólo es cuestión de ver cuándo el mancito está con la guardia baja para pasarle al lado, meter la mano y salir soplado. Quedan tan pasmados que ni reclaman. Luego a ir con el amañado del Rubén que compra tapiñado la merca, aunque siempre intenta patearlo y darle mucho menos de lo que vale. A veces lo hace arrechar, pero como es el único que conoce que es dato y no sapea a los chapas, se traga sus ofertas turras y toca palabrear un rato hasta llegar a un acuerdo.

Andaba con ganas de vacilarse unos pisitos para tirar parada en las farras y lograr que la chola que atiende en el cyber a dos cuadras de la U le pare bola de una vez. Pero esos zapatos costaban su billete así que tenía esta vez que sacarse algo más fuerte. Quizá un tivi, un dividi, joyitas. Así que mientras caminaba iba ojeando este y aquél domicilio hasta que divisa un condominio un poco carcomido, pero fácil de trabajar. Sólo hubo de empujar la reja principal y entrar como si nada. Ya en el patio común se agazapó donde nadie lo viera y fue estudiando una a una las viviendas hasta que vio una donde por harto rato no se encendió luz alguna. No hay nadie. Y en primer piso, bacán. Todo es cuestión de trepar silencioso por las cornisas hasta llegar allá. Qué lechoso. La ventana entreabierta. Un poco de ruido al entrar hace que salga una vieja a revisar pero él se acurruca en el piso cosa que al rato vuelve la vieja a meterse.

Ya en terreno de trabajo, va cachando todo lo vendible. Se lo ve bonito ese dvd, vente. A ver… encuentra un reproductor mp4 en un escritorio junto con una laptop y una cámara digital. Listo, está hecho. Sólo es cuestión de buscar un par de fundas para cargar con las cosas y pasar como si nada. Por fin termina retirando los sacos de las almohadas de la cama cuando se paraliza su respiración al oír el crujido de la chapa al ser destrabada y el chirriar de la puerta al abrirse. La megacagada, llegó el dueño, era lo único que podía pensar. Escucha luego un clic y una grito ahogado al ver las cositas bien apiladas al borde de la ventana. Ahora el miedo lo tiene temblando mientras oye pasos rápidos acercarse. Tiene que hacer algo, tiene que hacer algo, tiene que… la rápida apertura de la puerta del cuarto y la entrada de un tipo alto empuñando un revólver interrumpen sus galopantes pensamientos y enciende sus reflejos. Se lanza contra el dueño y forcejean entre gruñidos e insultos. El muchacho logra empujar al tipo y salir corriendo antes que le alcance un balazo que traspasa el dintel de madera.

Sólo piensa en correr mientras se lanza escaleras abajo, cruza los pasillos pero se detiene a intentar abrir la reja, casi lo consigue cuando un “alto o te disparo” lo hace volverse. Extiende los brazos y empieza a rogar por su vida. Ya empezaba a llorar de desesperación al ver la sentencia grabada en los ojos de su verdugo cuando sobre éste cae un jarrón haciéndole errar el tiro antes de caer al mugriento suelo. No se detiene a ver cómo seguía la cosa, logra abrir la reja y al cruzar desesperado la calle para consumar su escape lo envuelve un halo blanco fuertísimo y nota un ángulo romo y duro aplastar sus costillas y pelvis haciéndolo volar varios metros.

- Reina come torre.
- Maldición.
- Te descuidaste. Y eso que recién empiezo.


3. Reina

Luego de cerrar bien la puerta de su cuarto, desenvolvió un reluciente paquete.
Un paquete de cartas, no la baraja francesa, sino un Tarot. Ella siempre había sentido curiosidad por lo esotérico, por lo místico, pero el férreo fanatismo religioso de la abuela, una evangelista de aquellas que rezan por lo menos 3 veces al día mezclando lagrimeos y rezos y que todo lo que no entendía era simplemente maquinación de Satanás; había mantenido a raya las opciones de profundizar en tales menesteres. No era que no la quería, pues ella era quien la había criado desde que tenía 11, luego que su madre saliera a trabajar a España en busca, como tantos dicen, de un mejor porvenir.

El supuesto mejor porvenir no terminaba de llegar, conforme pasaban los años, y veía ella transcurrir su adolescencia en ese cada vez más desvencijado y mugriento condominio. El poco dinero que llegaba mensualmente retirado por Western Union era velozmente devorado entre planillas, comida, los gastos de su educación y el siempre infaltable diezmo al buen pastor que la abuela ofrecía. Y cada domingo, cuando iba obligadamente al templo a escuchar al pastor los peligros de las diversiones y el fin del mundo cada vez más cercano, ella podía ver en cada lujo o adquisición nueva a dónde iba a parar el diezmo de su abuela y quién sabe cuántos ingenuos más.

Luego que una amiga le había dado una charla sobre los poderes de las cartas, sus facultades adivinatorias y el ofrecimiento a aprender a adivinar el futuro, el gusanito de la curiosidad se metió en su cabeza. Fueron necesarios varios trotes del colegio a casa y uno que otro deber ajeno realizado para poder reunir el dinero que valía el mazo y el folleto de instrucciones.
Y ahí estaba. Pequeños cuadros simbólicos y numéricos. Arcanos mayores y menores. Con el natural entusiasmo que dan las cosas nuevas, barajó una y otra vez luego de haber puesto a un lado los arcanos menores y luego se sentó a respirar hondo. Su amiga le había advertido que ojo con las emociones fuertes, podían influir en el resultado y la interpretación de las cartas.

Cuando su respiración se tranquilizó esparció el conjunto de arcanos sobre su cama y oyó el llamado de la abuela al rezo de la noche. ¿A esta hora? ¡Si casi era medianoche! Ocultó su tarot bajo la sábana y se le ocurrió decir que en ese momento estaba estudiando para un examen, que el rezo podía esperar hasta mañana. El señor Jesucristo podrá esperar cualquier cosa, pero nunca sus alabanzas diarias, fue la agria respuesta de la anciana. Vociferó sobre la perdición de las juventudes y los tiempos aciagos mientras se dirigía a la sala a empezar su letanía.

Por lo menos logré convencerla, suspiró mientras regresaba a lo suyo. Esta vez tomó un poco más de tiempo calmarse. Es que ya no veía la hora de independizarse y salir a conocer mundo, tanta rigidez y religión la atosigaba, la enfermaba. Ya tranquila, escogió una carta. Apareció una que mostraba una gran torre que tocaba el cielo y que un rayo rompía su cúspide para precipitarla a tierra. La imagen estaba invertida. Ella decidió tomar otra. Salió un hombre atado por los pies y suspendido de un árbol, sólo que no parecía colgado ya que la cabeza estaba por encima del árbol. También al revés. Empezaba ella a preguntarse si valían lo mismo en su orden normal o invertido cuando sacó la última carta. Un espantoso cráneo envuelto en mortajas y sujetando una guadaña sobre una multitud, como cosechando almas. Y los números IIIX que mostraron que también salió en orden invertido.

Esta última imagen la preocupó un poco, pero luego se tranquilizó cuando recordó que su amiga le había dicho que el arcano "Muerte" significaba cambios y trancisiones, más que óbitos. Había una combinación que sí era presagio fatal pero no le había especificado cuál. De todos modos mañana mismo le preguntaría sobre...

El sonido de un disparo la hizo brincar aterrorizada. Venía de fuera del condominio. Con mezcla de pavor y morbo curioso se precipitó sobre la ventana, cuando su codo izquierdo golpeó la maceta con los claveles que tanto le gustaban a su mamá, y que había prometido tener más que sea uno florecido para con ellos recibirla a su regreso; la maceta cayó como caía la punta de la torre de su tarot, sólo que nadie podría detenerla. En el medio segundo que se echó para atrás aterrorizada por su acción, oyó un crujido seco y un nuevo disparo. Esta vez profirió un grito mientras se metía bajo su cama mientras adornaban los destemplados aleluyas y graznidos de que el apocalipsis ha tocado las puertas de nuestra casa de su fanática abuela a un inferior destello de luz y una suerte de terremoto que estremeció el edificio entero.

- Peón come caballo.
- Así te quería agarrar. ¡Torre come reina!
- ¡Mierda!


4. Torre

Por fin terminó mi turno.
La verdad no me gustaba mucho trabajar en esa clínica de mala muerte, pero con todos mis compromisos encima y como en ese lugar son bien frescos para dejarte ir, me lo trago nomás. Mi principal lugar para camellar es en la facu misma. Entre decidir presupuestos, a cuánto toca para cada uno de los dirigentes y en qué formas podíamos tapiñar las "comisiones", como nosotros mismos las llamábamos, que nos daban de tragar y otros gustitos extra.

Vieja puta, me acuerdo con iras de esta vieja latosa que estuvo como hora y cuarto jodiendo para que le ingresemos al hijo que a cinco kilómetros se veía que ya era carne de ataúd. Todo chocado, la panza hecha una piedra y con esa típica mirada que ponen los que ven a la parca a los ojos. De ganas hubiéramos traído al anestesiólogo y las licen circulantes. Para que se quede en la cama y capaz la vieja nos echaba la culpa. Ahí le fui diciendo ya bravo que para qué carajo lo tiene tanto tiempo en ese estado, que de haberle traído dos días antes se podría pelear, pero ahora, el muchacho agonizaba y lo mejor era que lo lleve a casa a morir entre los suyos.

Pero no entendía la vieja de mierda. Ultimadamente me calenté y mandé a llamar al pana que hacía seguridad que me acolite echando mientras le calzaba al hijo sus dos ampollas de fentanyl. Más que sea te irás sin dolor, le dije mientras el líquido que lo desconectaría de este mundo pasaba por su vena rápidamente. Listo. Calmadito quedó. Ahora a amagarle a la vieja que sufrió un paro en ese momento y no pudimos hacer nada. Se terminó el turno.
Mientras iba parado en el bus recordaba las frases de mi viejo, que tanto quería que fuera doctor. Verá por sus pacientes mijo, el paciente es todo para el doctor. Si no puede curarle, consolarále. Ay, mi taita. Suena tan bonito cuando lo dices, pero cuando le tiene que ver uno a estitos que joden y joden hasta las ganas de ser doctor se te quitan.

Lo que en verdad me motivó a mantenerme en esa facu fue la política. La sensación de poder, de manejar a los compañeros, de inculcarles mi propia ideología, era algo pleno, así la ideología siempre haya sido la misma, acomodándola de acuerdo a nuestras preferencias. ¡Qué chupas organizábamos en los mítines de preuniversitarios! Nada como chumarles a las compañeritas nuevas, esas carnezotas recién salidas de colegio, para armar luego que se fueran casi todos unas culerizas dignas de una porno. Luego arreglábamos diciéndoles que las íbamos a pasar sin problemas en las materias del pre, y asunto arreglado. Claro que quedaban pateadas, no íbamos a andar de buenos samaritanos, luego nos quieren tomar como shunshos.

Algunas materias eran cagadas, pero nada que con una botellita de puntas no se arreglara. Y si se hacía el durito, era de presionarles con los compañeros con alguna cagada que hicieran o simplemente encamarle algún pito con otro colega para que pierda las ganas de joder y ponga las notas que nosotros propusiéramos. A vaca.
Mi parada. En casita, y ahora al sobre.

Pero cuando giré el pestillo de la puerta y prendí la luz, vi algo que no me gustó nada. Mi laptop nuevecita, el mp4 que me regalaron los muchachos por mi cumple y el dvd que a veces me pateaba de la dirección estudiantil estaban todos apilados como para ser llevados. El miedo y las iras me mordieron el estómago. Putas, entraron a robar. Por la ventana ha de haber sido, la veo entreabierta, y es medio fácil treparse hasta llegar hasta aquí. Pero te jodiste choro de mierda. Ahorita saco la 38 que me regaló el Toaquiza para cuando las cosas se pongan feas en la facu y voy revisando cada cuarto con la pistola enfrente. Le veo y le jodo. Por Diosito que le veo y le jodo. Abro la puerta de mi cuarto y antes de poder ver bien para apuntar un zambo zarrapatroso se me lanza encima y forcejeamos por quién se queda con la pistola. Salta como un gato y se me escapa de la línea de fuego, así que corro tras el hijueputa saltando igual que él las escaleras para que no se me vaya. Lo veo forcejeando contra la reja y grito lo más fuerte que puedo "alto o te disparo". Pero si es un guambra. El poder que me da la pistola empuñada y la cara llorosa del zambo me hacen desear despacharlo. En defensa propia será. Unito es ninguno. Luego amago a la policía que en el forcejeo se disparó el arma. Bueno pendejo, aquí te jodes. Voy a apretar el gatillo cuando algo me estalla en la cabeza y la bala que debía liquidarlo vuela a quien sabe dónde carajos. Al caer al suelo y mientras me desvanezco, sonrío levemente al ver un halo de luz quebrarle al hijueputa.

- Jaque.
- ¡Enroque!
- No lo alargues, no lo alargues...


5. Caballo

Mi dueño hunde su pie en mi pedal haciéndome aumentar mi velocidad mientras suelto estertores roncos por mi motor.
Llevo tres años trabajando para este dueño nuevo, luego que fui recuperado de un chatarrero por unos cuantos billetes, me hizo reparar y me empezó a usar para hacer fletes y transportes por toda la provincia. Justo ahora estamos terminando el flete de una carga llegada desde el aeropuerto. Creí haber oído que eran unas pacas de ropa fina que cierta doña enviaba desde la madrastra patria a su madre y su hija que ya mismo empezaba la U. En verdad, no entiendo a los humanos. Por cosas insignificantes son capaces de dejar la vida y dejan pasar lo realmente importante.

Luego de salir del aeropuerto me quejo a mi amo iluminando un panel en su cabina. Tengo hambre. El refunfuña y dice que por mí, máquina hijueputa, lo que gana se le va en diesel. No es culpa mía. Yo sólo señalo cuándo necesito mi alimento y mi mantenimiento. No es mi culpa que mis neumáticos estén completamente pulidos ni que mi culo pedorree una nube negra y espesa contribuyendo al smog quiteño del que tantos se quejan y nadie hace nada por solucionar.
Mis ojos de faroles contemplan a mi amo echándose un par de cervezas. Es como si él se echase a sí mismo diesel para seguir funcionando. Y luego de ofrecerle sonrisas y piropos a una tendera, se gira y se dirige a mí. Yo logro ver, pero él no, la mueca de asco de la tendera una vez que mi dueño se aleja. Mi rubicundo amo se trepa en mí, hace girar la llave y hago ignición.

Vamos dirigiéndonos cada vez más lento entre un laberinto de cemento, rejas, ventanas, luces y vidas encerradas. Por fin llega a la calle que corresponde al destino de la carga. Un par de carcomidos condominios uno en frente del otro. Suena su celular y mi dueño contesta imprudente. La señora, creo que es, mientras distrae un poco su atención del camino. De pronto es una detonación, algo como un rebote y mi parabrisas delantero se fragmenta. Mi dueño suelta su celular y se precipita sobre mi volante mientras una roja humedad brota de su mejilla derecha, el peso de su cuerpo gira el volante y mis luminosos ojos captan la figura de un joven al cual no soy capaz de esquivar y hago volar por los aires. Mis últimas imágenes captadas son una ventana en la base del edificio al que me precipito, un hombre semidesnudo acercando un cerillo encendido a un piloto de gas y que levanta las manos en instintiva muestra de defensa.

- Jaque mate. Yo gano - dijo riendo con las fichas iluminadas de un fuerte resplandor naranja y rojo.
- Francamente, detesto cuando ganas, Thanatos...


Sunday, June 01, 2008

Las "grandes diferencias"




Antes de dar lectura a este post, recomiendo haber consumido algo de Plasil o cualquier otro antiemético para prevenir las arcadas...

Es un poco difícil redactar algo sobre lo que se tiene asco.
Creo que la gran mayoría, si no es todos y todas mis lector@s, conocen de mi desprecio absoluto sobre la "música" que suele escucharse en este país de Ripley.
Me refiero básicamente, en orden descendente de abominación:
1. El vallenatico hijo de remil putas
2. El reguetón gomero
3. La bachata batracia.

Odio, aborrezco, me asquea, detesto, delezno, abomino, desprecio, reniego, me cago en ellas.
Puedo decir que todas estas basuras con ritmo son la misma tontera, pero luego de ser forzado a escuchar más de una vez sea en los típicos transportes públicos o comiendo en algún restaurante o algo parecido, he encontrado diferencias muy notorias.
Sin mayor preámbulo, se las demuestro:

1. VALLENATICO HIJO DE REMIL PUTAS
"Mi novia a quien tanto quiero
guarda en su vientre un niño
que no puedo manteneeeeeeeeerr
y va a quitarse la viiiidaaaaa
y luego yo me cortaré las venaaaaasss
y me abriré la barriiiggaaa
y me ahorcaré con mis intestinoooossssss...
ay hoooombreeee, sentimieeeentooooo"

Caguenlap... sólo imaginarme me dio arcadas


2. REGUETON GOMERO
"Esa zorra que le meto el conejo
`ta embaraza`porque es una puta
yo le doy y le doy y le doy
porque soy reguetonero y gomero y las mujeres son putas
racatraca, racatraca, racatraca, tra tra, tra tra..."

Sí, así de grande, puerco y hediondo.

3. BACHATA BATRACIA
"Ay mi novia está marcada
ha quedado embarazada
y se ha ido a prostituir
Yo solo puedo lamentarme
esta pena va a acabarme
ay Dios mio que tragediaaa
una elegia de clases sociales
donde triunfan los banales
y los pobres tienen que sufrir...
(tu-tu-tucutucutucumb)"

Aquí es donde pertenecen, empezando desde Aventura

Bueno, ahí tienen las grandes diferencias.


Disculpen las arcadas.
Así que para quitarles el mal sabor de boca, unos videitos.





(Estos dos últimos van dedicados a mi adorable Megumi-haruhi-chan)