Showing posts with label Erotismo. Show all posts
Showing posts with label Erotismo. Show all posts

Friday, April 16, 2010

Tofu-sensei vs. Pitonizza (La reedición)

Por motivos que ya quedaron olvidados en el pasado, se extravió el link de la entrevista que ya hace algún tiempo hizo mi amiga Pitonizza a mi persona.
Ya daba por perdidas tan sinceras palabras expresadas, hasta que Pitonizza me anunció que había encontrado el borrador de la entrevista y que lo volvió a publicar. Asi que para celebrar este hecho, les vuelvo a presenta el link de tal conversación.

LA ENTREVISTA A TOFU-SENSEI POR PITONIZZA.



...y el OST de rigor, muy pensado en ella.

Monday, December 07, 2009

Hágase tu voluntad.



En este árido desierto de acero y piedra,
elevo mi voz para que puedas oírla,
Al Este y al Oeste hago una seña.
Al Norte y al Sur muestro un signo que proclama:
¡Muerte a los débiles, salud para los fuertes!
Libro de Satán.

- Buenos días hermano, Dios le bendiga. Permítame hablarle de las buenas nuevas de Cristo y... Buenos días hermana, Dios le bendiga, deseo platicar con usted acerca del mensaje que tiene Cristo para nosotros y (.....) le esperamos mañana en el templo, que Dios le bendiga. ¡Buenas tardes, hermano mío...!

Magdalena pasaba su día repartiendo revistas de su congregación religiosa, sea ubicada en las esquinas programadas estratégicamente por su pastor y superior, sea viajando de norte a sur en los buses. Siempre vestida de acuerdo a las rígidas reglas de su religión, impuestas por su familia desde niña. Una larga falda que nunca suba de los tobillos, tamaña obscenidad sería, blusa a mangas largas y suéter para tapar los orígenes del pecado. Nada de maquillaje, el maquillaje lo usa la ramera de Babilonia y sus inquinas hijas para atraer a los demonios e incitar a orgías diabólicas. El rostro fresco y sonrosado, y una gran sonrisa que no le negaba a nadie.

Algunas veces le sorprendía la falta de fe de muchas personas, personas que rechazaban su mensaje de forma cordial y educada, y otras cortante y grosera. Pero rechazaban el mensaje de Cristo. ¡Tiempos de Lucifer, señales del acabóse final!, gritaba el pastor cada domingo, día del Señor y de descanso obligatorio. Pero ella, soldado de la Iglesia, no iba a cejar en su empeño, en su deber enviado del Altísimo. Daría toda la fuerza y ganas que tenía para convertir a todas las almas posibles, para salvarlas del eterno lago de fuego y azufre, donde no sería más que el llanto y el crujir de dientes. Las llevaría al seno de nuestro Señor, para que por toda la eternidad disfrutasen del nuevo Edén prometido. Era su misión en vida.

- Querida Magdita - Le aconsejaba continuamente su pastor colocando ambas manos en sus hombros - Bajo tu persona Jesús está pescando nuevos peces, atrayendo nuevos corderos y a tranquilas aguas los llevará, a frescos pastos los llevará. Entiende que ésta es tu responsabilidad, hermana querida. Y que la pureza de tu corazón - añadía posando su mano santa sobre el generoso seno izquierdo de la joven - sea la salvación de tantos pecadores y paganos. Vé por ellos, querida de Cristo - la despedía, con una cariñosa palmada en el trasero.
Magdalena, feliz de su tarea impuesta.

Así se hallaba recibiendo otra respuesta negativa cuando notó en su espalda una mirada. Volteó y divisó sentado en la parada de bus un hombre. Como de unos treinta y cinco, vestido con traje negro y camisa blanca. El rostro cuadrado, sin afeitar algunos días. Ningún peinado ordenaba esa mata de cabellos oscuros; y la boca semiabierta en una torva sonrisa. Y sus ojos. Ojos que no le parecieron humanos. Casi animalescos. Clavados en su persona. El pinchazo helado de su estómago no borró la sonrisa del rostro de ella.

- Parece que el pecado corre por su alma entera. Si lograse salvarlo... me ganaría el cielo. - Pensó para sí.
Avanzó hacia el hombre que seguía sin desviar su mirada de Magdalena, y empezó su habitual letanía. Buenos días, hermano en Cristo, Dios le...
- Tienes unas tetas para chuparlas todo el día, preciosa.
Magdalena crispó su garganta, cortando de golpe su discurso. Nunca, en toda su vida, había recibido semejante respuesta, ni tan grosera. Con los ojos desorbitados y forzando su sonrisa al máximo, intentó continuar su introducción. Ejem, le decía, señor, que Cristo le ama y las nuevas buenas, digo, buenas nuevas para usted...
- Y esas nalgas tuyas, desde que caí por aquí no he dejado de desear entrarles a mordidas. Estás más rica que el pan caliente, mi cielo.
Sintiendo que toda la sangre de su cuerpo se arremolinaba en sus mejillas y el resto de piel de su cara, la chica apenas logró balbucear un Dios le bendiga y salir a un paso más que apretado, mientras lanzaba una última mirada al tipo, quien no dejaba de mirarla mientras se pasaba la lengua por los labios.

- Fue terrible, hermana Asunción, ¡terrible! Ese tipo me interrumpió dos veces sólo para insinuarme obscenidades... - sollozaba Magdalena abrazada con la hermana que supervisaba directamente el trabajo de la chica. La cuarentona señora, moviendo la cabeza de indignación replicó:
- Fue un poseído del diablo, hermanita, sólo eso. Es una pobre alma gobernado por los poderes malignos y que los mismitos demonios hablaban por su boca. Tú, tan inocente y tierna, no pudiste más que aterrorizarte ante las diatribas de esta bestia... tranquila hermanita. Hablaré con el pastor para que te coloque en una zona diferente.
Magdalena le agradeció, pero sin quedar totalmente convencida. Más tarde, visitó al pastor, quien con voz cariñosa le explicó:
- Magdita querida, lo que has sufrido es un golpe duro, al enfrentar a ese ser salido de los infiernos. Pero aquí yo te digo hija mía... considera a ese tipo un desafío que Cristo te puso en el camino, un severo obstáculo a salvar para que tu fe se solidifique aún más, autentificando superiormente tu camino hacia la santidad- recitaba el pastor mientras abrazaba estrechamente a la emocionada joven, mientras una de sus manos reposaba blandamente en su trasero. - Entonces vé con Cristo que todo lo puede, hija. No sucumbas ante este ser digno de lástima, y así como nuestro salvador expulsó una legión de demonios del loco errante, así tu también podrás borrar al ente que habita el alma corrupta del que te molestó. Ve ahora! - Terminó dándole la familiar palmada en el trasero a la chica.

Todo rastro de miedo y asco había desaparecido en ella. La decisión renovada de hacer hasta lo imposible para salvar esa alma atormentada por el pecado y las fuerzas infernales, la llevaron a buscar febrilmente al susodicho. Probó varias veces a buscarlo en la parada de buses donde lo conoció pero nada. Finalmente, al empezar a caminar para buscar otra zona de pesquisa, oyó una voz familiar a sus espaldas.
- No me dirás que me has estado buscando, preciosa...
Volteó y lo reconoció. El mismo tipo mangajo de la otra vez. Vistiendo el mismo traje. Y la misma mirada repleta de morbo. Encomendándose, Magdalena encaró al hombre.
- Dios lo bendiga - dijo, casi como un regaño. - Veo que usted es una persona totalmente repleta de pecado y que el diablo ha tomado posesión...
- Primero que nada, preciosa, no me eches bendiciones como piedras. Me parecen insultantes, en verdad. - la volvió a interrumpir. Ella continuó.
- Las bendiciones son bendiciones. Y nunca hacen daño. He venido a decirle que sus palabras no me han afectado en nada, pues Cristo me protege con su...
- ¿Que no te he afectado en nada? ¡¡Ja, ja, ja,ja!! Si pude ver clarito cómo te ponías como un tomate cuando te solté esas dos frases, linda! ...y supongo que también te ha de haber afectado allá abajo también, ¿no? ¿Alguna vez alguien se te ha insinuado asi, linda? ¿Te ha hecho ver qué cuerpo espectacular tienes? ¿Ese pedazo de...?
- ¡Le pido, en el nombre de Dios, que por favor modere su lengua, señor! - interrumpió ella ahora, muy irritada. - ¡He venido ante usted para mostrarle el camino de la vida eterna! ¡El camino por el cual su alma será salva!
- ¿Un camino repleto de beatos, abstemios y asexuados? No gracias, linda, yo tengo mi propio camino. - volvió a reír el hombre, sin dejar de clavarle los ojos. La chica sentía inflar su indignación como nunca antes alguien le había provocado. Pero no iba a perder el control. Tenía una misión por delante.
- El camino que ud. toma, es el ancho al infierno. Yo le ofrezco el estrecho al paraiso. - Replicó, muy segura de lo que decía.
- Un camino creado para que los incautos entreguen todas sus posesiones terrenales al partorcito, verdad? Mira preciosa, necesitas enterarte de algunas cosas.
- ¡Miente! Nuestra senda es para los puros de corazón y de alma, y tratamos que todos se unan a él! - chilló la chica con ira.
- O sea que si yo soy puro de alma y corazón pero no estoy en SU senda, me iré directo al infierno? ¿Eso es lo que me quieres decir, preciosa? ¿Que ustedes, su secta, tienen banda ancha y conexión VIP al cielo? ¿Eres capaz de tragarte semejante mierda?
- Dios es uno solo, pero hay muchos que sólo adoran imágenes falsas y por eso...
- Preciosa, tu secta fue creada en Estados Unidos por un par de avivatos que sólo para obtener dinero a costa de los ingenuos como tú, crearon su propia versión de Dios y ahora tú sirves a estos financieros religiosos, chiquita. Pero en fin, dejémonos de charla tonta - El hombre se incorporó y tomó a la chica por la cintura, la cual quedó estupefacta, sólo interponiendo su biblia entre los dos pechos.
- Desde que te vi por vez primera, te he deseado con ardor, preciosa. Me muero por hundir mis labios en tu cuello, en tus senos, juguetear con mi lengua en tu ombligo e ir bajando, bajando hasta cebarme por completo...
Magdalena no le dejó terminar. Apartándose con un empujón, echó a correr, con el rostro repleto de lágrimas. Fracasó y miserablemente. El tipo o era hombre o demonio, pero nunca había encontrado semejante adversario. Con un no, gracias habría bastado, pero todas esas frases tan horribles, tan blasfemas. Fue directo a su cuarto y lloró largo rato.

Entre sus hipos de llanto, iba recordando con asco una a una las frases del tipo. Hasta que recordó las últimas que dijo. Te he deseado con ardor. Muero por hundir mis labios en tus senos, en tu ombligo e ir bajando. Las asoció luego con las frases primeras, al conocerlo. Todas ellas se fueron repitiendo una y otra vez. Su llanto había desparecido pero su respiración seguía siendo agitada, aunque ya no por el cansancio. Sintió nuevamente esa sensación de tener toda la sangre de su cuerpo en la piel de su rostro. Advirtió entonces que su mano estaba plantada en su pubis. Acariciándose. Saltó de la cama horrorizada. Mientras el agua fría caía por su cuerpo, la chica pidió perdón al cielo de rodillas por haber estado a punto de sucumbir ante las tentaciones de Satanás y la lujuria.
En los días que siguieron, decidió darse unos días libres para poner su cabeza en orden. Mientras revisaba los libros teológicos de su padre, encontró un libro de demonología. En éste hablaba de los íncubos, trasgos sexuales masculinos, de Asmodeo, señor de la lujuria y de Cerunnos, amo de las brujas y de la sexualidad malsana. Ahora que tenía identificado al enemigo, volvió a decidir atacar al blasfemo.
Mientras pensaba en su estrategia, se dirigió a un mirador. Mientras veía la ciudad a sus pies, juntó sus manos para empezar a rezar. Pero en el momento de hacerlo, sintió que otro par de manos separaban las suyas y la volteaban rápidamente. Era él, su objetivo y enemigo. Que la tenía estrechamente abrazada.
- ¿Sabes qué, preciosa? La humanidad es como una enorme masa de agua, como un mar. Como un pantano. Enorme, movedizo, sucio, fastidioso. Pero es esa misma agua que forma las gotas de rocío en los pétalos de las flores, formando espectáculos grandiosos. Y tú eres una de esas gotas de rocío. Pura, hermosa, delicada, deseable...
- ¡Quíteme las manos de encima o llamaré a la policía!
- ¿Con qué teléfono, con qué bocina, con qué oración, ah? Estamos en un mirador muy apartado, y es muy difícil que te oigan por aquí, preciosa. - Susurró el hombre, con los ojos completamente fijos en ella, y a veces desviándose a detalles de su cuerpo. Magdalena, con la indeseable sensación del sonrojo, apartó la cara.
- Usted... usted está poseído. El demonio tiene control total de sus actos. Pero aquí estoy yo para desaparecer a estos enviados del averno. - Desenfundó una cruz y la apuntó al rostro del hombre. Este desorbitó los ojos. Con voz grave y vibrante, ella lanzó una rápida letanía.

- ¡Atrás Cerunnos, atrás Asmodeo, atrás incubos! Vosotros que poseéis a este hombre, abandonad su cuerpo en el nombre de Dios Todopoderoso y su hijo Jesucristo! Vade retro, Satan! Yo te expulso de este hombre, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo! Aleluyaa!!
Sonrió victoriosa al ver al tipo cubrirse el rostro con las manos y chillar destempladamente. Lo logré, pensó alegremente mientras se aproximaba al tipo y...
- ¡¡BUUUU!! - Gritó el hombre mientras se destapaba el rostro y se lanzaba casi a pegarse contra Magdalena. Esta soltó un alarido y cayó sobre la hierba. El tipo se reía a carcajadas.
- ¿Crees que esa bobada podría ejercer algún efecto en mí, preciosa? ¿Cerunnos, Asmodeos, demonios ellos? Son dioses con los nombres arrancados por esta religión del camino derecho, convertidos en figuras de abominación para propia conveniencia de los cabecillas de los tragahostias. ¿Cómo puedes acaso exorcisarme de antiguas divinidades que sólo eran veneradas por actos tan naturales? ¿Tan estúpida te vuelve esta fe? - Decía sin dejar de reírse. Y sumido en sus carcajadas, no pudo esquivar la violenta bofetada que le lanzó Magdalena. Al regresar la mirada, vio su rostro bañado en lágrimas y transido de rabia.
-¡¿Quién te ha dado el derecho a burlarte de mi fe?! ¡¿Por qué siempre pasas ofendiendo mis principios?! - rugía la muchacha entre sollozos - ¡¡Tü siempre pasas regodéandote en el pecado, y lo peor de todo, quieres incitar a personas a meterse en él, a personas temerosas de Dios como yo!!


- ¿Pecado? Es pecado acaso algo tan natural como el deseo sexual? Es pecado ansiar el alimento? Es pecado ansiar cosas materiales para vivir mejor? Santifica acaso el padecer necesidades o dolor físico, preciosa? - decía el hombre mientras se acercaba a la llorosa chica - ¿No te estás dando cuenta que el único pecado que estás cometiendo es esa maldita sensación de culpa cada vez que sientes esos deseos? ¿Sensación de culpa impuesta por estas mal llamadas autoridades religiosas?
- Pero la biblia dice muy claro que los hombres deberán seguir las leyes divinas, puesto que el hombre fue hecho a imagen y semejanza de Dios...- susurraba temblorosa la chica, sin poder controlar su evidente sonrojo.
- ¿Y no has leído acaso el Cantar de Cantares? "Mujer, en tus pechos mana leche y miel", "Entre mis piernas guardo mi tesoro, cual gacela salvaje, sólo para ti, mi amado". ¿No es eso un canto a la felicidad del goce sexual? Y lo que es más importante, el hombre no está hecho a imagen de Dios.
ES EL PROPIO DIOS QUIEN ESTÁ HECHO A IMAGEN DEL HOMBRE. - Dijo ya susurrando a sólo milímetros de los temblorosos labios de Magdalena, quien sólo sentía torbellinos en su cabeza que mezclaban cánticos religiosos, prohibiciones y severas advertencias, con las contundentes y sensuales palabras emanadas por este hombre, este demonio, lo que sea, pero que estaba haciendo hervir su sangre y despojándola de miedos y prejuicios. Intentó débilmente su último contraataque.

- Eso.. que dices... es herejía... es.. blasfemia...
- Blasfemia y de la imperdonable sería dejar pasar a alguien como tú - dijo quedamente el hombre al posar su boca sobre la de Magdalena. Ella sólo pudo respirar violentamente y crispar sus puños al notar la boca salvaje recorrer cada espacio de su boca mientras los brazos no dejaban de acariciarle la espalda. Ni siquera notó el vestido resbalando por su piel estremecida liberando sus senos, que fueron lamidos luego de ser su cuello completamente besado. Cualquier protesta o resistencia estaba cortada de cuajo por esas manos y esas fauces. Sus rodillas cedieron y se encontró desnuda sobre su vestido, sometida a las caricias y lamidas de su hombre blasfemo, quien sólo se detuvo en su faena para decirle:
- Tal como supuse la vez pasada... tienes una tetas para chuparlas todo el día. Y eso que me falta de catar más abajo...
Echó acción a las palabras, dando caza a la gacela salvaje, el tesoro guardado, y se cebó en ella. Lo hizo hasta que la joven lanzó un agudo gemido, señal que ya había logrado ingresar por un ratito en el paraíso.

Cuando la chica pudo ordenar sus pensamientos, se vio desnuda y ansiosa. Jadeando le preguntó porqué no terminaba ya lo que tenía que hacer.
- Esto considéralo el principio, preciosa. De cualquier manera, ya eres mía... dijo el hombre con una brutal sonrisa de oreja a oreja. El fervor religioso volvió a burbujear dentro de Magdalena, quien se vistió rápidamente y salió a toda carrera aterrorizada.
Ni siquiera podía pensar con claridad, salvo que sabía que sus pasos la dirigían directo a casa del pastor. Abrió la puerta violentamente haciendo saltar de su silla al buen pastor, quien se apresuró a cerrar una laptop.

- ¡Magdita, hija mía! ¿Qué te trae por aquí, querida mía? Ven y siéntate, que te veo agitada...- dijo el señor mientras ofrecía una silla a la chica. Esta al sentarse, ocultó su rostro entre sus manos y habló casi escupiendo las palabras.
- Pastor, perdóneme, he fracasado, y miserablemente. No he podido convertir al alma maligna que me puso como desafío...
- Explicate mejor hija, ¿cómo que has fracasado? Esa oveja descarriada rehusó volver al rebaño del Señor? Ha desafiado los dictámenes sagrados de nuestro Señor? Eso es lo que ha pasado, hija mía?
- Exactamente como usted dice, pero algo peor ha ocurrido... ¡me acuso a mí misma de haber cedido en la tentación del pecado carnal! ¡De haber cedido a la diabólica tentación!
El sacerdote tragó saliva mientras inquirió más información de Magdalena. Esta sin retirar el rostro de sus manos, contó cada detalle de los hechos. Todos y cada uno. Hasta que sólo fue el silencio absoluto. Confusa, la joven alzó la vista y vio aterrada el rictus del pastor.
- Hija, has pecado. Has roto la confianza de Jesús sobre ti. Y es mi deber y obligación reformarte. Debo arrancarte todas esas tentaciones e ideas satánicas que pululan en tu carne. ¡Levanta tu vestido!
- ¿Q...qué está diciendo, pastor? ¿Para qué desea que me desnude? - Preguntó cada vez más confundida la muchacha ante la mirada vidriosa del pastor.
- ¡Que te levantes el vestido, he dicho! ¡Usaré el poder de nuestro Señor para expiar todos y cada uno de las manchas de tu piel y carne, tú, receptora de pecado! ¡Tengo en mi poder la herramienta indicada que expulsará la escencia del diablo en ti! Ahora ven, Magdalena, que voy a santificarte en este momento!! - chilló el pastor mientras intentaba acostar a la fuerza a la muchacha sobre su escritorio y de abrirle las piernas.
Magdalena no podía creerlo. Lo mismo que había estado deseando hace poco rato, ahora lo aborrecía supremamente, al ver al pastor pelear contra sus piernas e intentar bajarse los pantalones. Horror y furia. Horror y furia. Los dogmas se fragmentaban, las ideas impuestas se desmoronaban, mientras el cirio sagrado del pastor avanzaba hacia su piel, La mano antes bendita, ahora maldita, apretujando su seno derecho y la otra, mantenía abierta su entrepierna, dispuesta a realizar el supremo exorcismo. Magdalena rogaba a Dios por un milagro que nunca llegaba. ¡Que alguien venga en su ayuda! Cristo, la Virgen, el Espíritu Santo, la santa Cruz, quien sea!

¡Santa Cruz! ¡Santa Cruz metálica en el despacho! ¡Aférrala y golpea!
¡La sangre de Cristo tiene poder, tiene poder!
¡Un talento, cinco talentos, diez talentos!
¡Donde tres veces veinte, cinco veces setenta!
¡El vino en sangre! ¡La sangre que mancha e despurifica!
¡APOCALIPSIS!
Se detuvo. Vio la papilla roja que antes fue la cabeza del pastor. Las salpicaduras. La cruz deforme y el Cristo llorando lágrimas rojas.
No. No fue pecado. No pecó. Fue ojo por ojo. Diente por diente. Ofensa por ofensa. ¡SANGRE POR SANGRE!!

Aplausos.
Aplausos que provenían del portón. Y ahí, reclinado en el marco, su demonio, qué decía, su hombre. Sonriendo de oreja a oreja. Con ojos de animal salvaje.
- Preciosa mía. Por fin empiezas a entender. Ahora, déjalo todo atrás y sígueme.
- Voy contigo, mi señor.

Thursday, October 16, 2008

Caricia Líquida


Termina tu charla
frente al teclado
advierte tu estado
que ansía resolución
Ve corriendo, rauda,
haz aletear las telas,
descubre la piel,
brinca al sitio pulido.

Gira el pestillo,
que brote la cascada
clara, tibia y azulina,
y aclame tu tersura.
No vaciles en moverte,
haz que te vista toda,
no vaciles en sonreír,
con cada chorro travieso.

Un chorro te acomete,
te recorre rostro y cuello,
dividida en cinco,
es mi mano aventurera.
Esa catarata de cristal,
protruye hacia tus labios
inundándolos de celeste,
siente mis fauces intangibles.

¿Me notas ahora buceando,
pasando raudo por entre tus hombros
deteniéndome a hacer remolinos
en tus cóncavas axilas?
Así como no me contengo,
y a tus pechos bajo
a concentrarme goloso,
en tus prominencias erectas.

Puedo crear manos, brazos,
tentáculos, extensiones,
que siempre son insuficientes
para abarcar tu superficie.
Y ahí estoy, dándome abasto,
cinco extremidades latigueando
calor y tibieza en tu espalda
abriendo tu boca en éxtasis.

Mantén, princesa de las olas,
tus ojos cerrados.
Priva a tu vista el derecho
de ver a tu líquido amante.
Sólo oye mi chapoteo,
sólo prueba mi frescor,
sólo aspira mi neblina,
sólo disfruta de mi ardor.

Una burbuja cobalto,
un balón ameboide
te ha fagocitado
te ha compenetrado.
Haz homenaje con tus gritos
al pasar de mis corrientes
por tu hambrienta intimidad
por tus puntos tan sensibles.

Suda por cada poro
todo tu placer retenido,
exuda gozosamente
cada orgasmo que te provoco.
Porque he venido al asalto,
porque he cruzado las fronteras,
porque en tí deseo cebarme,
porque tú eres mi deseo.

Ahora me voy, hermosa tú.
Descansa tus gozos
en ese lecho de baldosas.
Permite mi retiro de tu piel,
chorreando hasta el escape,
sabiendo, dentro mío,
que hoy y varias veces más,
clamarás mi raudo regreso...


A la musa que va dedicado este poema: Querías un cuento, pero me acordé que ya había redactado este relato hace algún tiempo. Así que mejor hice una poesía. Espero te guste.
Luego subo las ilustraciones.

Wednesday, October 08, 2008

Tofu-sensei vs Pitonizza

No, no es duelo de titanes ni hay adversidades de por medio.
Es una entrevista que una muy querida y admirada blogger me ha realizado hace poco, y ya la ha publicado.
Primero fue el Pod-cast con I-pab para oírme.
Luego fue la entrevista en Ecuacanal para verme y conocerme más.
Ahora, Pitonizza introducirá sus capacidades místicas en la mente de este salvaje lobo apasionado.
He aquí el link, pues.
LA ENTREVISTA A TOFU-SENSEI DE PARTE DE PITONIZZA

Thursday, October 02, 2008

Ella dice...


...pico un poco nerviosa mi ensalada, haciendo saltar mis ojos desde mi platillo hasta él.
Había pensado que su propuesta era un poco loca, proponiéndomela así de súbito. Una cena en su casa. Yo creí que iba a ordenar comida, hasta que lo vi ahí, entusiasmado, picando, salteando, probando, guisando, mientras yo esperaba sentada en su cama (más bien colchón, nunca ha tomado en cuenta mi consejo de comprar una armazón para completar el mueble) viendo una película a mi elección. Hasta que se aproximó y me dijo está lista la cena.
Dos velas violetas daban una tenue atmósfera a esta escena. Eso y la música que salía a medio volumen de su laptop. Y ahí estaba yo, picando mi ensalada y mordisqueando mi filete bien cocido y nadando en salsa de champiñones, mirando a este hombre. Que sin mucha pena devoraba su pedazote casi crudo de carne haciendo grandes ruidos de satisfacción. Qué loco. Qué loca por aceptar su propuesta.
Eso sí, sabe cocinar.
- Está rica tu comida. - murmuré en un intento por pausar este silencio envolvente. El no contestó. Tragó el pedazo que abultaba sus carrillos y me clavó sus ojos. Esos ojos, violentos, salvajes, penetrantes, lobunos. Que en más de una ocasión los veía echar chispas de furia o rebosar de deseo a tal punto que lo hallaba perturbador. Mas ahora estaban llenos de un tibio vaho que volaba directo hacia mí y encendía cirios en mi alma. Esos cirios que otros no supieron apreciar, él los encendía con esa mirada tan llena de ternura.
- Me alegra que te guste, mi cielo... - por fin me respondió. Ese conjunto de mirada y sonrisa le otorgaba un aire mezclado de fuerza y delicadeza. Como un niño con barba, como un bebé vestido de traje. Una amalgama intangible de animal y hombre. Elevó su copa de vino hacia mi dirección.
- Por esta ocasión tan especial, por tenerte en mi departamento. Brindo por eso. - Alcé mi copa y la hice tintinear contra la suya.
Dos botellas pasaron en un segundo. El último chorro logró volcarse en su copa, alzándose hasta menos de la mitad.
- El último sorbo de vino. Te vas a casar, chiquito - Le dije riendo. El también empezó a reír. Reímos como tontos. Ya sentados en su sofá. Me gustaba tanto la música que tenía seleccionada, casi todas en inglés, no entendía casi nada. Pero él sí sabía su letra, y me la susurraba al oído, mientras apoyaba mi mareo en su pecho. Sentí sus dedos recorrer mis mejillas, mi frente, mis párpados. Me hacía cosquillas. Solté otra risita y sus dedos sujetaron mi barbilla y levantaron mi rostro. Entre las leves luces oscilantes, las sombras danzantes y los vapores del vino, sólo pude ver sus ojos.
Nuevamente me penetraron hasta clavarse en el centro de mi alma. Y un cirio muy oculto, muy secreto, en el punto más recóndito de mi alma, se prendió. Me llenó por dentro de luz, de luz brillante y cálida.
Con los ojos entrecerrados, vi ese rostro rudo acercarse al mío hasta que la punta de su nariz acarició la mía. Más que nuestros labios haciendo contacto, sentí cómo nuestras almas se tocaban y compenetraban.

Sabe besar.
El palpitar que otorgaba a mi boca esas fauces hambrientas me ponía la carne de gallina. Nunca me habían besado con tanto ardor ni tanta suavidad. Era como si volase por los cielos usando sus labios de alas. Sí. Sentía que me elevaba por los aires, hasta que me di cuenta que era él que me cargaba en sus brazos. No me opuse. Me sentía una reina, siendo cargada en mi trono de carne mientras mi trono no dejaba de chuparme los labios con una voracidad propia de él...
Me he dado cuenta que me ha colocado en mitad de su cama y un pensamiento me asalta la cabeza. No, susurro sin desearlo verdaderamente. ¿No qué? Me responde volviendo a volcar todo ese vapor verdoso en mis ojos. Debería levantarme y prepararme un café, decirle que no estoy con ganas de eso, que nos controlemos, que vuelve a poseer mi boca y mis razonamientos se desmoronan sin mucho esfuerzo. Y no sólo es mi boca, es mi frente, entre mis cejas, mis párpados, mis mejillas que son rozadas y exploradas por esas fauces hambrientas. Es tan suave y delicioso, cuando voy notando que mi cuello es ahora la presa. La última porción sobreviviente de mi razón me advierte que debería apartarlo de mí y cortar con esto, pero se diluye y se evapora con la luz que pulsa cada uno de los cirios de mi alma. Ahora estoy también tomando parte. Mi diestra y su siniestra están enlazados y mis dedos apretujan esa mano sin lograr dañarla. Mi siniestra esta aferrada a su nuca enredada en sus cabellos largos que tantas veces le había pedido que se lo cortase, y nunca me hizo caso.
¿Y su diestra, tan ruda y rugosa?
Jugueteando y paseando por entre mis senos, otorgándome oleadas de placer enorme. Y van callando toda alarma que intenta sacarme de ese estado extasiado. Así que no hay resistencia a que los tirantes de mi blusa se deslicen por mis hombros, y que una lluvia de besos no tarda en abrigarlos. Mis senos saltan al aire y se detienen por un momento las caricias. Abro los ojos y veo su mirada totalmente fija en cada porción de mi piel. De pronto, alza la vista y esta vez observo cómo cambian sus ojos, cómo su voracidad se arremolina en sus pupilas hasta cambiar su expresión a la de un lobo hambriento.

Toma con las puntas de sus dedos mis lentes y los coloca fuera de su campo de batalla. Ahora ese hombre animalesco aparece borroso ante mi vista, como un garabato difuminado. Y antes de poder pronunciar palabra, empieza a devorar mi tórax con todo lo que esté incluido. Abro la boca y grito sin hacer ningún ruido, sometida a las intensas caricias que mi hombre me lanza. Voy también a curiosear en su torso y lo hallo sin vestiduras. Nunca supe en qué momento se quitó la camisa. Fauces y manos bajan y me hacen contraer la espalda al sentir esa lengua bailando en mi ombligo, sus zarpas veloces deslizando mi falda hasta desterrarla de mi cuerpo.
Sabe acariciar.
Y encontrar puntos que en mi vida imaginaba que serían placenteros. Mi cresta ilíaca, el borde de la ingle, entre el ombligo y el pubis, los flancos, la piel cubierta por el panty, eran besados, lamidos, delicadamente mordidos. Ya no puedo resistirlo. Empiezo a gemir con cada nueva caricia de esta fiera que ha logrado llenarme de una luz antes desconocida.
A las mordidas hace volar mi panty, y mis manos se cierran de súbito sobre mi desnudez. No, tengo verguenza, tengo pudor... que son triturados con las yemas de sus dedos y sus labios humedecidos al pasarlos por mis muslos, mis caderas y mi bajo vientre. Mis gemidos van in crescendo y la tensión de mis manos se apaga. Era lo que buscaba el sátiro.
Mis gemidos han evolucionado en gritos mientras se ceba con mi sexo tan lleno de sensaciones y gustos prohibidos para casi todos. No sabía cómo era yo capaz de generar tanta lujuria y placer, ni siquiera en esas contadas ocasiones que más por curiosidad que deseo, me tocaba hasta tocar alturas muy por encima de mí.
Pero esto... esto era otra cosa. Y finalmente, lo que ya mi cuerpo entero y desnudo anhelaba, siento algo prominente y pétreo tocando las puertas de mi interior, yo le doy la bienvenida, abro completamente las puertas y me embarga una llenura que en otra ocasión de mi vida habré recibido con dolor y miedo, pero que ahora sólo me hace conocer felicidad y ardor. Con una lentitud y suavidad que evita cualquier dolor, me ha hecho suya por completo. Y en mi éxtasis nebuloso y gemebundo, veo la música que estamos creando. Y oigo la luz que todos y cada uno de los cirios de mi alma despiden y va secretando cada uno de los poros de mi piel. Floto en el aire anclada a él, a mi bestia adorada, a mi hombre violento, a mi espada salvaje del cual yo soy su guarda. Y que sólo yo he logrado domar.
Y finalmente, nuestras almas se desintegran y reintegran, pero formando una sola. Surcamos los aires, las aguas y el espacio en esta oda de movimientos, perfumes y voces entrelazadas.
Una suave calma me permite recobrar algo de cordura.
Está ahí abrazado a mí, totalmente manso y domado.

- ¿Me quieres? - Vuelvo a susurrar. - Por un momento vuelve a mirarme con esa expresión lobuna y me besa tan ardorosamente que casi me hace desmayar. Suelta mis labios y me dice muy seriamente:
- No, no te quiero. - Esa cortante respuesta me cambia el rostro mientras una helada sensación de completo..
- Te amo. Te amo con todas las fuerza de mi alma. - Me dice con un amor que no admite ninguna réplica. Salto a sus brazos.
(Uffff...)

Monday, March 17, 2008

Diálogo con una vagina



- Nunca he tenido una plática con un órgano antes, menos con uno tan íntimo...
- Pues mejor que lo tengas, hombre. Nunca sobra dialogar con elementos los cuales uno da por sentado su existencia.
- Es verdad... tal vez haya tenido un par de discusiones ético-instintivo con mi propio pene, y de ahí nada más.
- Estoy segura que eso son más tira y hala entre deseos e imposiciones, ¿no?
- Muy lejana de la verdad no te encuentras. Pero en fin, respóndeme unas cosas. Como por ejemplo: ¿Disfrutas lo mismo que tu dueña o sientes algo distinto por tí?
- Es mi señora, si no te molesta...
- Bueno, tu señora.
- Por suerte, entre mi señora y yo hay una conexión profunda, que hace que no sólo lo que yo recepte ella sienta sino en viceversa. En cambio ustedes parece que el sobajeo de su pene es una condición sine qua non para percibir el placer sexual.
- No lo creo, yo con pensamientos tengo erecciones.
- ¿Pero es sólo la erección o también sientes disfrute sin necesidad de que te toques o que te toquen?
- Hmmm... tendría que pensar en eso. Pero no me has de negar que con cosas como ésta te ha de sentar maravilloso.
(Tomo entre mis dedos el clítoris y lo froto de arriba a abajo)
- ¡¡AUCH!!
- Qu.. ¿qué pasó?
- ¡Me apretaste muy duro, so bruto!
- Lo lamento... pensé que eso te iba a gustar.
- El hecho que veas en una porno que el hombre mete todo el puño dentro de alguna como yo y que su señora gime como sirena de ambulancia, NO significa que lo está disfrutando.
- ¿Y no que son muy elásticas?
- Claro, podemos albergar hasta un melón el día que ayude a mi señora a expulsar a su hijo. Pero de ahí a hacer malabarismos como ése no me parecen nada atractivos.
- ¿Y qué opinas con eso de que el tamaño sí importa?
- Yo tengo ahí una leve discrepancia con mi señora. Si esa regla se cumpliera a rajatabla, entonces disfrutaría enormemente con que me introdujeran un pepino ganador de feria. Eso sí, no discrepo en que un micropene no hará mella en mí.
- Oe, eso de micropene es ofensivo.
- Pero verdadero. Algunos infortunados tienen su pene como un dedo meñique. Podré sentir algo, pero transmitir placer a mi señora será algo muy difícil. Una vez albergué uno simplemente lamentable, y mi señora hasta se rió del pobre al verlo. No pude evitar sentir pena por ambos.
- Mierda. Entonces la ley del más fuerte se sigue imponiendo por mucho que querramos disimularlo.
- La ley del más dotado, dirás.


- Como sea. Por cierto, no quise ser tan brusco contigo, voy a tocarte un poco más suave.
- Mejor hazlo según te indique. A ver, prueba abriéndome los labios con tus dedos. Así... tocando despacit...¡Espera, despacio dije, no como si fueras ginecólogo!
- Lo siento.
- Ves mi clítoris, ¿no?, no todas reaccionamos con las mismas caricias. Es algo que tú, hombre, tienes que descubrirlo solo.
- A ver...
- Hmmm, no. Eso no me hace nada.
- ¿Y esto?
- Algo, pero aún no me llega. Mira el rostro de mi señora. ¿Tiene señales de gusto o disfrute? Entonces no lo haces bien.
- ¿Y si introduzco mi dedo en tí?
- ...
- ...
- Sí, eso está mejor. Ya me está gustando. Ve despacito, que aunque tienes las uñas cortas, no quisiera un rasmillón dentro. ¿Sabes lo que duele? A ver.. a ver... sí. Justo ahí. Mmmm. Eso mismo. Y ahora mi señora está gimiendo. ¿Te das cuenta la conexión?
- Me doy cuenta. Deja ver hasta dónde puedo llegar. Vaya, estoy tocando tu cérv...
- ¿¡AAHHN!?
- Vaya, veo que eso te encantó.
- Sí... me pareció riquísimo cuando me rodeabas el cérvix con tu d...¡Oh! Eso, eso...
- ¿Así?
- Mhhhh sí, así, me encanta, me encanta...¡Ahhh!
- Mira tú, he hallado tu punto más sensible en el lugar menos imaginado.
- ¿No te dije que cada vagina, al igual que su respectiva señora, son totalmente diferentes una de otra?
- Definitivamente, linda. Ahora voy a ver qué ocurre si...
- ¡OYE! Llevas como media hora mirándomela y toqueteándola. Si te vas a dedicar sólo a eso mejor me visto.
- Tranquila mija, estaba aprendiendo un par de cositas nuevas.
- Ya dice... vente papi, quiero sentirte... mmmmmhhhhh
- (Gracias por la charla.)
- (No puedo responderte. Tengo la boca llena.)

Friday, November 16, 2007

Silencioso


- Bueno, éste es mi pisito.
- ....
- Está chiquito el departamento, pero para dos cabe bien.
- ....
- Oye, tranquilo...
- (chuick)
- ...te vas a manchar de lápiz labial... no, esper...(mmmmm)
- (chuick, chuick)
- ....
- (mmmmmp...mmmmhhh)
- Despacio, niño, me besas como si fuera tu novia.
- ...
- ...no me mires así... Me estás perforando con esos ojos...
- ...
- ¿Pero por qué no dices nada? ¿Te tomaste cervezas de más?
- ...
- Ya, bueno, suavecito, si me chupas el ojo te mato.
- (Lllp)
- ...Huy. Me haces cosquillas en la oreja. Jijijiji... No, no me pases la lengua ahí..
- (Tic)
- ¡Ah!
- (Respiración incrementándose de intensidad)
- ...
- Oye, quita la mano. Noooo, saca. S-saca...uh...
- ...
- Ah...¿Tanto te gusta besarme el cuello? ¿Qué tiene de especial?
- ...
- Ya pues, responde, di algo.
- ...
- Mira que si sigues sin decir na-
- (lllp, chuiick, mmmmm)
- Un rato, ya - ya no... Ya, ya, yhhhh
- ...
- ¡Oye! ¿Cómo fue que me desabrochaste el sostén sin que...?
- (ssckk)
- Ahh, no. No, no, no. Ya, ya por favor, detente, no sig... ¡mmmmhhh!
- (sck-sck-sck-sck)
- Ya, bueno, suficiente. Ya, ¡ya! Yo no te traje a mi piso para que me ¡AHH!
- (sssp)
- No me toques ahí, no, no dejame, por favor, dej...(!!!)
- (tic-tic-ssp-slp-slp-slp)
- ¡Que mehh---por favvhhh----no... no siggghh ih-ih-ih! ¡Ay...ay! ¡Ahhhaaa!
- ...
- T...te pid...(¡AH!) Nononononono, por Dios, no te pongas a lamerm...(¡IIHHH!!)
- (Lck-lck-lck)
- Ahhh---sí... Pap..papi... no... no... pa-pares...ahi-ah-ah-ah...AH-AH-AH...
- (Lck-lck-lck)
- Yo...yo...¡YOOOAAAAAHHHHHHHHHHH!
- ...
- Dios...santo... casi me matas...
- ...
- Más que sea di algo. No soporto verte tan callado y...espera, ¿qué ha-? ¡No! Déjame, no me lleves hasta la...
- ...
- Un...un rato, que ni siquiera me termino de quitar el ¡OHH!
- (gmp)
- Dale...dale suavecito... que tod... ah, ah.. un, un rat¡AH!
- (gmp-gmp-gmp-gmp)
- ¡Dejam... oh..oh! ¡Sól-sólo qui---! ¡Ah...ah-ah-ah-AH-AHHH-AHH!
- (gmp-gmp-GMP-GMP-GMP-GMP...)
- ¡AH, AH, AHM, AHI, AHM, AHHNN, AHN, PAPI, PAPI, MI AMOR, YO, YO, AHN, AHN...!
- (GMP, GMP, GMP, GMP, GMP, GMP..)
- ¡¡ AHHHHHAAAAAAHHHHNNNNNN.....!!!
- Oh... Dios santo...
- ...
- No había tenido uno así desd..¿Eh? ¿Ya te vistes?
- ...
- ¡Oye, espera, ni siquiera me dijiste tu...!
- SLAM.
- ¿Por qué...?

Friday, July 20, 2007

ACQUAS





Era una de esas noches donde estaba, realmente, sin nada, nada que hacer.
Sin amigas disponibles para farrear, sin familiares para visitar, sin programas buenos en la tele, sin nada.
Ni siquiera algún hombre para salir.
Había llegado hace poco del trabajo. Como un resorte liberado de la tensión tremenda soportado por horas, sentía su cuerpo viscoso, gelatinoso, inerte.
Y un poco transpirado.
Su nariz le advirtió que tales olores debían ser borrados con premura. Una mujer no debía andar por ahí oliendo a estibador.
Fuera ropa.
Mejor así. Ese rígido y acartonado uniforme de oficina limitaba sus movimientos, los que alguna vez aprendió en las clases de gimnasia que tomaba en colegio. A ver... sí, aún podía elevar su pie hasta más arriba de su tórax sin mucho esfuerzo. Aún conservaba la forma. Buena cosa era que le haya perdido la verguenza a su propio cuerpo. Aprender a contemplarlo con la luz prendida y aprender a desearse ella misma. ¡Ella misma! ¡Una semi-auto-lesbi! La sola idea le sacó un par de carcajadas, mientras soltaba brassiere y tanga.
Ups... estaba más transpirada de lo que pensaba. Si la hubiera estado desvistiendo un hombre, de seguro estaría pasando la peor de las verguenzas.
Fuera tantas cavilaciones. Hora de la ducha.
Le había costado sus buenos sueldos el equipo de baño que había comprado. Salido de la mente de algún italiano experto en curvas y pulidos. Una superficie oblonga y larga, con piso rugoso para no resbalar, ducha, duchita flexible y un rostro de animal lobuno en el otro extremo, con la boca abierta para aullar un chorro grueso que llenaría el hueco posterior para cuando deseaba algo más de volumen en que esparcirse. Y el redondeado marco de cristales fascetados que convertía la llana luz de la lámpara en oscilantes arcoiris que resaltaban sobre las negras baldosas.
Le había costado. Pero valía la pena.
Una vuelta entera a la válvula y se apresta a rugir un grupo de hilos violentos líquidos que repicaron con fuerza en la piel aún fría de la chica. Ella suelta un sonido de sobresalto al sentir las primeras agujas gélidas y mueve su cuerpo con rapidez esperando el cambio de temperatura.
Éste llega antes de hacerse rogar.
El calor del agua forma una trenza con el suspiro de placer de ella. Queda un buen rato disfrutando de las cosquillas en su cuero cabelludo del spray furioso trazando líneas sobre sus largos cabellos. El jabón comienza a deshacerse formando un escudo efímero de espuma que va barriendo con todos los rastros polvosos, sudorosos y mugrosos que ella tuviera acumulados en su cuerpo. Y tan rápido como se instaló, desapareció desalojado por el líquido azulino en revolución.
...ahhhhh... esto era el cielo.
El cual se volvió más evidente y luminoso, cuando ella tomó la ducha flexible y dirigió una lluvia milimétrica y exacta sobre sectores escogidos de su humanidad.
Le encantaba la sensación de fuerza y suavidad sobre su seno pulido de esa fluidez cálida. Que hacía, a pesar de lo caliente del agua, fruncir su aréola rósea y despuntar discretamente el pezón. Empezó a imaginar esa suavidad líquida como si fuera una boca, una boca infinitamente delicada, cebándose golosamente sobre sus senos, tal vez no tan grandes como la tonta moda promedio estipulaba, pero tan lleno de sensibilidad y placer. Placer despertado por lo que sería en otro momento una ducha rutinaria.
Una mano hizo dueto con esa boca sin cuerpo, ayudando a succionar, lamer, besuquear los lugares en donde ella más se estremecía. Ni qué hablar que sus pezones estaban duros y tan sensibles que cada nueva lluvia provocaba nuevas humedades y aumentos de temperatura en otras zonas más secretas.
No supo cómo ni porqué, pero la ducha principal volvió a activarse. Esta vez, el agua salió inmediatamente caliente. Caliente en unos chorros, helada en otros, lo que la mantenía entre tensiones y relajamientos a intervalos. Pero ella no había tocado la llave. De la ducha brotaba un agua no solicitada, dotada de una vitalidad tremenda...
Sabía que debía asustarse, cortar con la ducha y salir a ver qué demonios pasaba, pero su cuerpo la mantenía atada por las sensaciones que provocaba el elemento vital en su cuerpo.
Ahora que la temperatura estaba totalmente unificada, ella dejó que su temor incipiente fuera sustituido por una intensa excitación, un sentimiento de flotar en un mar infinito, el cual estaba deseoso de ella.
Y de complacerla en sus deseos más profundos.
Notaba transida de ardor interno que no una, ni dos, sino diez manos acuáticas concentraban caricias, cubriendo de rocío y humedad cada centímetro de su piel. No deseaba ver nada. Sólo concentrarse en lo que su piel le transmitía con cada movimiento del agua rugiente y del vapor que hidrataba su nariz. Y del neutro y delicioso gusto cada vez que abría la boca y miles de gotas bailaban en su lengua y carrillos.
Cuatro manos corrían presurosas por entre su cuello y senos, formando una caricia continua e inacabable, unas áreas eran presionadas y otras lamidas y pulidas. Pero el gusto que sentía por todo eso palidecía comparado con el trato que su espalda y piernas trataban de resistir.
De su cabello brotaba una cascada que tomaba las mismas formas de las curvaturas de su espalda, enviando oleadas de tibieza que su cerebro interpretaba como éxtasis. Pero en vez de saltar sobre su grupa, evitando las colinas de sus nalgas prominentes, como normalmente debería pasar, este amante líquido provocaba que los ríos tibios se arremolinasen y cubriesen sus glúteos, mientras otro traviesa corriente fluía y contrafluía, ensañándose en recorrer la finísima piel de entre su trasero, y dándole, la muy traviesa, tremendos pulsos de electricidad al correr y erosionar sólo las moléculas más superficiales de sus labios, junto al normalmente suave y discreto botón de más arriba, el cual ahora de poder hablar, rugiría como bestia hambrienta.
Hambrienta de más agua.
Ella ya ni siquiera pensaba o analizaba. Todo su cerebro estaba invadido por las ondas líquidas de nirvana emitida por aquel fenómeno extraño e hirviente.
Y toda esa agua formó un pilar que envolvió como un domo a la chica, salvando la nariz, y sin dejar de estremecerla a base de turbulencias, remolinos y burbujeos, fue transportada hasta la parte honda de su ducha.
Fue ahí donde la pétrea cabeza de lobo exclamó un agudo aullido azul.
Ya no era, pues, particulares masas acuáticas las que la envolvían y llevaban a tremendos pulsos de placer, sino un solo ser, que combinaba tibieza y calor, fuerza y ternura, dureza y suavidad, que la amaba de una forma que ningún hombre habría podido siquiera soñar con realizar...
Ella notaba los turbulentos besos de su amante de agua, labios formes un momento, informes luego, y una lengua elástica que encontraba todos los lugares y las formas para enamorarla sólo con esa técnica. Y que ella al quererlos aferrar, simplemente huían por entre sus dedos. Y no sólo esa boca. Las otras decenas realizando los mismos enloquecedores movimientos en todo su cuerpo. Incluso sus dedos más pequeños eran chupados con fruición más o menos intensa, pero siempre deliciosa.
Entonces sintió que a su lugar más recóndito, a su vagina deseosa y famélica, se deslizaba algo como una palpitante serpiente, un falo transparente que tan cariñosamente separaba sus paredes mientras olas en vaivén peinaba su pubis y pulía su vulva; que otro tremendo orgasmo la acometió solamente en ser penetrada.
Ebria ya de este inusitado ente cristalino, se dejó llevar por los vaivenes de su acuático. Nunca había sentido tales sensaciones en su vida, ni cuando ella ya sabía de memoria qué puntos de ella tocar para un rápido ascenso al cielo. No. Esto era otra dimensión. Otra vida. Otro plano. Sólo sentía placer maximizado al infinito. Sólo olía el vapor en volutas en su nariz. Sólo oía el rugido, el salpicar, el chapoteo, el fluir. Sólo sentía el sabor neutro, fresco y tibio a la vez.
Ya había perdido la cuenta de cuántas veces su acuático la había llevado al orgasmo.
Pero el último, fruto del cúmulo de caricias, besos, roces, fluires, vaivenes, turbulencias, burbujeos, remolinos y corrientes, la hizo sublimarse. Su propio cuerpo se disolvió en un géiser hirviente que brotó furioso del plano real y fue a volar como vapor por las nubes y finalmente se precipitó como lluvia infinita....
Ella, sumergida por completo en su líquido amante, sintió un beso en toda la extensión de su piel. Un beso de despedida.
El agua recuperó sus leyes naturales y por su cuerpo laxo fuese escapando.
Ella, tumbada, jadeante, aún no podía creer lo que había ocurrido.
Tambaleante y aún anonadada, comprobó que las llaves estaban cerradas.
Salió de la ducha y la contempló largamente. Sabía que debía sentir miedo y horror por lo padecido, pero el trato recibido de su acuático impedía que tales sentimientos aflorasen.
....Lo iba a extrañar....
PD: Cuenta de agua del mes: 245,63 dólares.
....le había costado....

Wednesday, May 02, 2007

Puntos sensibles.


En mis brazos.
Una media de seda, de las tuyas.
Obstruyendo la luz de tus ojos. Censurada tu visión.
Me he comprometido a no hablar. Ni un suspiro. Ni un estertor.
Estás ciega y sorda. No porque no oigas, sino porque no deseo hacerte oír nada de mí.
Sólo poso un dedo.
Haciendo un camino tenue e invisible que sólo tú puedes notar.
Que conduce a un terreno de deseos poco explorado por tu persona.
Perfilo tu barbilla, mis yemas suben con lentitud por el contorno de tu rostro, por la comisura de tus labios.
Caminando por esas áreas epitelizadas sin queratinizar tan sensibles y suaves llamadas labios.
Mojo mi índice en tus dientes húmedos, mostrados ocasionalmente.
Con ese pincel humedezco y creo un cuadro en tus mejillas. No soy Picasso ni Miró.
Espirales, curvas como las tuyas, puntos al azar, dibujados con tinta transparente en tu piel.
Epa, esas manos tuyas quietas. Yo te estoy tocando. Tú sólo debes resistir. Hasta donde te sea humanamente posible.
No querrás que te ate, verdad?
En fin, confiando en tu consentida sumisión, libero tus ojos del yugo del panty. Para notar cómo tus párpados se estremecen al ser barridas las pestañas, las cejas y la finísima piel que cubre tus globos oculares. A una distancia infinitesimalmente corta, menos de un milímetro, puedes notar mi contacto. Toco sin tocarte. Acaricio sin rozar.
No te muerdas tanto los labios, que te los lastimarás. ¿Cómo besarlos luego?
Ya tu cara deja de interesarme. Voy a descubrir otros puntos, otros destinos.
El horizonte de tu cabello me llama a gritos.
Mientras divido la piel de tu nuca en meridianos poco equidistantes, me llevo una probada de tu cuello, tan níveo, tan limpio. Ocultando ríos furiosos de sangre cuyo latir percibe la punta de mi lengua.
No, no, no. Te había pedido que no me tocases. No deseo darle gusto a tus manos violentas y aferrantes. Vamos, quita tus manos de mi pierna y de mi antebrazo, y devuélvelas a tu regazo, tapado con una corta sábana de satín.
Tus temblores y jadeos me obligan a cambiar de lugar.
Una espalda naturalmente pulida, sin duras prominencias o huecos abruptos, me ofrece un caleidoscopio de posibilidades.
Una a una las pruebo.
Descubro que te atrae más mis cortas uñas rozando muy suavemente la curva de tu columna lumbar, justo antes que empieze tu violenta grupa, que el masajeo firme sobre los músculos que extienden tus brazos, mucho más arriba.
La razón es obvia. La finísima pelliza amplifica tu sensibilidad en esa parte. No resulta mucho el amasado y bruñido sobre los músculos y las raíces nerviosas. Te relaja y calma, y ésa no es mi intención. Abandono, pues, tal práctica.
Ahora, tendida en mi propio regazo, evitando y esquivando tus besos hambrientos, mido por sectores la excitabilidad de tu vientre.
¡Oh niña pícara! ¡Prefieres quemar etapas, agarrar mi mano al asalto y dirigirla a tu busto estremecido!
Es una pena no poder ver pasar a tus pezones del estado de tierna laxitud a puntiforme excitación. Ya ingurgitados de sangre y deseos, ellos apuntan a mi rostro, más exactamente, a mi boca, en busca del abrigo húmedo de mis labios y el culebreo morboso de mi lengua. Pero dejaré eso para el final.
Es un nuevo lienzo tu busto, ante las pinceladas sin sentido de mi parte. No te importa de todos modos lo que dibujo. Es lo que sientes lo que te arranca gemidos de la garganta.
Ya mi boca ocupada ahí, mis manos irán recorriendo el trayecto arterial haciendo que tu pulso aumente hasta quererse salir de la piel. Allá, por la femoral.
Un limbo emocionado, palpitante y muuuy ávido de mano de hombre.
Pero para tu dessesperación, sólo acaricio tus piernas, tus rodillas y pies. Palpando la dureza del tendón, la firmeza del músculo, la sedosidad de la piel. Lampiña o velluda, es maravilloso.
Hasta que te hartas de mi devaneo, mi ocio, mi maldad y te sublevas.
Lastima mi paladar tu lengua.
Duele mi piel cuando tus garras se me clavan. Creo que me haces sangrar.
Las marcas de tus dientes me durarán algunos días. ¿Cómo explicarlo al que me vea?
Tu feminidad, se harta de mi masculinidad.
La devora, una y otra vez.
La envuelve, la embardurna de tu savia, la violenta.
Y un rayo cae sobre ambos.
Vacía nuestras mentes.

Te arrancas la venda de los ojos.
Me das un beso ardiente seguido de una bofetada.
Te vistes a toda prisa y te vas.
Loca, nena, es que estás loca...

Saturday, February 24, 2007

Conteo...

0 a0 ...
Era el resultado anterior de nuestro encuentro.
Falta de suerte y tiempo.
Así que esta vez, me aseguré que todo fuera diferente. Por lo menos asegurarme que nadie, nadie, nos viniera a interrumpir.
Resultó escaso el tiempo para ir a comprar algo de beber y otros detalles muy necesarios, puesto que desde el taxi me llamaste pensando que me iba a escapar. ¿Escaparme yo? ¿De ti? Por favor...
Pero si también ibas llevando algo para beber... Bien, chica prevenida. Ambas botellas las puse en el congelador. Te quejas por el polvo en el piso, me justifico diciendo que hacia tiempo que no iba por ahi y estaba apenas llegado. De todos modos, no estabamos ahi para calificar estados de suelos...
Mientras sueltas un par de mentiritas a tu casa diciendo que estabas cuidando a una amiga, yo voy atosigando con mis labios el nacimiento de tu pelo, sacándote notas vibradas de tu voz. Espero que el o la que esté escuchando no sospeche nada.

El beso ardiente que recibo de ti es un leve preámbulo de lo que nos espera esta noche. Es temprano. Por un momento te observo toda, te deseo ardorosamente y siento la imperiosa ansia de arrancarte la ropa con los dientes y complacer mi deseo sin restricciones. Pero no. Sería un pecado. Como engullir de un bocado un tournedô, como apurar del gollete un Cabernet de cosecha noble. No debe ser así. Aprieto los dientes y pugno contra mi propia bestia de reservarme el placer absoluto y el cielo sólo para mí.

Insisto, es una pugna que tengo entre mi bestial concupiscencia y mi calmo proseguir mientras voy chupando tus labios y lamiendo lentamente tu cuello, haciéndote soltar esos "ahs" tan esperados, mientras mis manos redescubren concienzudamente cada sector de tu vientre albo.
Y que luego reptan por tu espalda, buscando esos huecos que tanto te sonrojaban y te hacian resoplar al ser acariciados. Obedeciendo ya a tus propios deseos, haces volar tu blusa y ya están tus dedos batallando con el brasiere cuando los paro. No, deseo reservarme para mí ese honor. Sólo desabrochado. Ese ombligo tuyo, pequeño pozuelo travieso, poseía una sensibilidad que me ufanaba en incrementar. Tus senos llenos y apetitosos podían esperar un rato más. No, me corrijo. No puedo dejar a tus senos esperando por mi boca. Imposible. Los descubro y devoro. ¿Qué sector me gusta más? No puedo decidirme.
Tus manos tampoco están quedas, aunque al principio estaban laxas a tu costado. Pelean con los botones de mi camisa. Con mi cinto apretado, con el cierre de mi jean. Suave. Vamos suave. Había llegado hace poco de un viaje de muchas horas, y quería insultos a la nariz. Así que tomo tu mano y nos dirigimos a la ducha. El resto de telas desaparece de nuestro cuerpo y nos va vistiendo una cortina de agua fresca. Turnándonos, la espuma del jabón va limpiando cada porcion de piel. Ensayamos un "beso bajo la lluvia". Delicioso.
Tu fruta madura, húmeda por diversos factores, espera a mi cata. Cada movimiento de manos y labios conlleva a leves convulsiones tuyas y gemidos que se combinan con el correr del agua, formando una sinfonía única. Tu turno. Mmmmmmmhhhhhhhhhh.....
Secos ya, continuamos en la cama. De pronto recuerdo algo terrible. Con el apuro de verte, no había comprado el detalle más importante. Pero tú sonríes y muestras que habías traído los tuyos y otra cosita.
Mujer prevenida, en verdad.
Por fin podemos culminar lo que había quedado pendiente la vez pasada, bailando ambos a ritmo sincronizado, cantando sin letra, nadando en las pieles del otro. Tu expresión, tu fascies, podría confundirla con la del intenso sufrimiento. Tu ceño fruncido, tu boca abierta en mudo grito, tus ojos entrecerrados y cerrados por momentos, tus gemidos y ahhhhhhsss y tu profundo jadear. Llegamos ambos al punto de no retorno. Más y más, fuerte, rápido.
Los pensamientos conscientes no tienen cabida ahora. Más y más.
El placer, el placer intenso y compartido. Más y más.
Y cruzamos ambos la línea. Vemos el cielo....

1-1.

Abrazados y descansando, me preguntas en qué pienso al ver mi mirada en la tuya. No tengo respuesta, mi mente ha sido lavada. Elaboro una respuesta tonta. Que pienso en más métodos que te hagan gritar de placer... Te ríes de mi respuesta.
Para vengarme, mis dedos comienzan a bailar en tu bajovientre, y se dirigen con rapidez al centro de ti. La reacción es inmediata. Tu boca y dientes se ensañan con mis hombros mientras mis dedos van atosigando, haciendo círculos, masajeando, rozando y presionando. Tu pelvis se va estremeciendo conforme avanzo. Doy más brasa recorriendo tu cuello con mi lengua. No lo resistes más.

2-1.

Me dirijo un rato al baño y al encender el foco me miras el pecho horrorizada. Extrañado me veo y numerosas manchitas carmesíes adornan ahora mis hombros. Chupeteadas en otras palabras. No hace falta estresarse. No tengo novia ni esposa. De hecho, puede ser hasta trofeo de guerra, heh.
Para eso, nuevamente me encontraba listo y cargado para atacarte. Me esperas acostada sobre tu vientre mostrando esa espalda tan tersa y el derriere redondo.
Mis embestidas obedecen a tus peticiones de aumentar la fuerza y el ìmpetu. Es tan delicioso que no se puede describir con palabras. Tu voz se quiebra, resuello como un toro pero el ritmo no aminora. Una luego de otra, mi barrera y tu barrera son superadas. Ohhh, Dios...
Qué rico... , oigo entre la oscuridad de mi cabeza...

3-2

Llevamos encima algunas jarras de bebida. Mientras, vamos conversando sobre el intervalo que separaron nuestro frustada primera vez juntos y ahora. Relatos mutuos de recuerdos calientes, imaginaciones calenturientas, fantasías expectantes y manos que se veían obligadas a suplir nuestros roles fueron intercambiados.
Todas esas palabras sirven de combustible al fuego.
Sacas una ampolleta plastica repleta de un liquido verdoso. Aceite saborizado para masajes y comestible. Un aderezo para ambos. Goteo el adobo sobre tu espalda y empiezo a disolver cada nudo y cada dureza que encuentro. Guiándome con tus suspiros voy labrando en la mies de tu columna. Esas dos colinas redondas merecen una fruición más esmerada. Ahora me toca, musitas mientras me haces tumbarme. Usando las manos y la lengua vas probando mi piel aderezada con ese líquido. Pero tus caricias y lamidas, aparte de provocar placer, me dan unas cosquillas tan intensas que me tengo que morder los labios para evitar carcajear. Mi pie casi salta por las cosquillas. Si te hubiera golpeado, nunca me lo hubiera perdonado. No lo soporto más y suelto una risa continua y convulsa. Me disculpo pero me contestas que en el sexo lo importante es estar bien. Si me reía, excelente...
En un movimiento veloz, atrapo tu cadera y aproximo mi boca a ella. Busco cada punto que pueda desencadenar algo de éxtasis. Lo consigo una y otra vez. Tu propia mano ahora colabora con mi boca para llevarte al cielo una vez más. Subes, subes y muy allá arriba te disuelves en el aire.
Decides dar reciprocidad al acto y te adueñas de mi íntimo ser. Tus labios visten y desvisten de manera rítmica a mi arma, parando un rato para gustar otros rincones. Ya no hay cosquillas, sólo un profundo placer que hace hervir mi sangre. Desearia que este momento durara horas, días, semanas o meses. Estoy navegando entre nubes. Entre corrientes de agua. Entre bandadas de aves. Tú imparable. Mis conexiones racionales se desconectan una por una mientras voy llegando al umbral de placer máximo. Y por fin lo consigues.
Estallo. Hago erupción. Me sublimo.
Aaaahhhh....

4 - 3

Abrazados, nos dormimos.
El sol mañanero va tocando nuestras pieles. Dormida aún, voy probando el método más dulce de despertarte. Pruebo besando, acariciando, rozando... Tu cabeza se mueve de un lado a otro pero no se abren. Es necesario hacer comunión con tu sexo y toquetearlo para que abras los ojos. Un beso largo es el saludo, y el preámbulo del nuevo duelo entre ambos, teniéndote cargada en peso mientras nos movemos hasta que mis piernas no lo soportan, y estando tú cabalgando en mis ijares, vas y vienes haciendo bailar tus senos. Estaba suponiendo que no llegarías cuando te acomete un tremendo espasmo, tu boca se abre y queda rígida y la mitad de ti cae casi exánime sobre mi pecho. El último orgasmo fue tan intenso que te robó la fuerza. Ahora quiero buscar el mío. Sacandote los ultimos jadeos y suspiros, me tomo mi tiempo para tocar, sentir, oler, ver y gustar todo tu ser. Todos los sentidos se funden en uno solo, hago ingnición y me encumbro hacia las estrellas.

5 - 4.

PD: Con esto mi "Keso 100%" fue reducido a un 10%....

...y se recargó todo luego de 3 días.
Te espero nuevamente, mujer....

Friday, February 02, 2007

EXPECTATIVAS...

Hoy se cumple otra semana en la que me encuentro alejado de tu piel.

Dos oportunidades echadas a la basura, por falta de chance, de plata, de tiempo, de suerte, al fin y al cabo.

Aún tengo presente en mis manos todas y cada una de las gotas de sudor que perlaban por tus contornos blanquecinos, el roce fino de tus suaves vellos que se erizaban al pasar la yema de mis dedos, apenas rozándote. La sedosidad de tus pechos turgentes que volvían una y mil veces a su forma original luego de ser masajeados y acariciados no sólo por mis manos inquietas. Las curvas y los huecos de ese abdomen generoso, con diversos grados de sensibilidad, siempre listos para más. La estructura de tu rostro, el cual rozaba con suficiente detalle como para reconocerlos de nuevo aun quedándome ciego.
Sigo paladeando tu sabor variado, el dulzor discreto de tus labios y boca, que una y otra vez uníamos en demostraciones ardorosas de pasión. El delicado salado de todos los lugares que iba gustando y probando, para mutuo y supremo placer. Y sobre todo, ese sabor único, indescriptible, delicioso, de la razón absoluta de tu feminidad. No puedo quitármelo de la cabeza, ni del paladar. Oh Dios, qué bien sabías....
Y eso sin mencionar los aromas que despedías, combinados, más que enmascarados, por los distintos afeites y esencias que derramas día con día sobre ti. Quisiera ser más lobo y menos humano para poder olerte a kilómetros, en vez de a milímetros.
Resuenan en mis oidos, dia con dia, tus gemidos, tus suaves palabras, tus ruegos y tus imploros. Que era una delicia, que si no me detuviera, ahhhhhsss, oooohhhhhssss, mmmmmmhhhhsss, sonidos que restallaban en mis tímpanos y me sacudían el alma.
Y tu imagen. Decentemente vestida y calmada en un principio, luego con los géneros, los prejuicios y los pudores adecuadamente echados a un lado sólo para mostrarme a ti, tú, tu persona tal y como eres, desnuda por completo, cubierta únicamente por el rubor remantente de quién sabe qué enseñanzas tontas.

Muero por volverme a dar una fiesta con mis sentidos, siendo tú la pista de baile y el buffette a servir. Y no una hora, ni dos, ni tres. Pienso tenerte secuestrada en mi madriguera el tiempo necesario hasta saciar mi hambre feroz de ti.
Espero hacerlo pronto.
Espérame, pues...