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Tuesday, January 18, 2011

LA BEMBA CAÍDA

Mi persona postrada en este lecho de yerba y lodo tibio, deseando no recibir este placer violento. Mi mirada desvariada, contornea una nalga tuca, una piel negrísima y una sonrisa blanca como nube que a paso chueco se me acerca más y más. Un sabor a encocao de minchilla sigue haciendo presencia en mi boca, en donde fue embutido con poca resistencia de mi parte la presa tan rica y repugnante al tiempo.

Maldigo silencioso una y otra vez, entre tanto escucho la voz rasposa de esta diabla, tan suculenta tu presa, mi negro, no la voy a dejar ir para ná… Maldigo el momento que se me ocurrió soltar esa frase de borracho, solo para quedar como arrecho con los yuntas en plena traguiza de fin de semana. Y vuelvo a maldecir el que ella moleste mi guevo con mano rasposa logrando que se ponga duro otra vez y proceda a tragárselo con esa boca chorreante que tiene en medio de las piernas…

Me llamo Pumper, hijo de Janner Corozo Medina, propietario de cuatro lanchas que alquila diario para llevar la gente río arriba abajo, aparte de las jabas de cerveza, racimo de verde, tanque gas, y lo que la gente necesita para el diario. Con eso se sacaba para darnos vida decente a la familia. Yo mismo conduzco una de las lanchas cosa que me da la oportunidad para buscar hembra rica y calentarle la oreja, es que aparte de ser bueno para la lancha, era mejor para sacarle la piedra a la mujer.

Es que nací bendecido según me cuenta mi papá, que mi santa madre tuvo que echar un pujo para botarme a mí, y otro pujo para terminar de botar a mi amigo, tremenda pieza me había tocao por gracia de Dios. Cosa que uno va brotando barba y ya le había hecho marchar a un par de primas que habían venido a visitar de allá arriba donde el río se hace estero y namás alcanza el canalete. Ay-ay-ay-ay Pumper tremendo toro has salío me decían entre gozando y sufriendo por el bejuco que les abría los fondos.

Cadenas de humo azul me tienen atado sin poderme mover ni pa cagar; esta maldita sólo me cocina, me da de comer y luego de eso me goza a su antojo. De cuando en cuando la oigo cantar mientras revuelve su caldero allá al fondo. Ahora va diciendo en canto “maní sancochao en raspadura pa`l caballero flojo, maní sancochao en raspadura pa que los ánimos vuelvan… maní sancochao en raspadura pa ese señor mal llevao, que mis cariños no quiere aceptar…”. Ese aroma justo va llenando la covacha y ya tengo un plato que me quema el pecho. Sale una cuchara grande, me la sopla hasta entibiarla y la mete de una en mi boca. Trato de escupir pero me aprieta la boca con la cuchara mientras me susurra “Toito se me come Pumper, que lo quiero bien durito pa más luego me jingue como se debe”. No puedo si siquiera meterle su recogida a esta mala señora, que solo me tiene para que le haga de marido postizo. No se como ni porque pero el dulce me tiene nuevamente parao cosa que apenas lo nota se vuelve a sentarme encima.

Y fue justo después de celebrar las fiestas del lugar, cuando les fui dando su tiriza a la mujer de un hacendado manaba viejo de más abajo, que según me contó, la había dentrado en su casa para que le cocinara el tapao de tatabra que sus mozos le iban a cazar cada semana. Porque lo que era labor de hombre, ni hablar, casi ochenta tenía el viejo, y solo era boca las hazañas y las mujeres que nos vacilaba cuando iba a comprarnos el chocolate maduro para irlo a vender a la ciudad. Pilo de niñas el viejo había hecho su mujer, contaba, para luego irlas a devolver con un par de gallinas o un chancho en pie donde los padres, para que no se de la discusión. Entre risa y biela la ñora me había dicho que en verdad una sola mujer aparte de ella había tenido el hablador, y que diez años antes de morirse ella de aburrimiento y necesidad al parecer, al don le había dejado de funcionar el amigo. Habia probao toda medicina y hechizo habido y por haber sin resultado, y era por eso, que esperaba que el servidor le viniera a poner al día. No se diga más.

Ya la doña de regreso con don saco de cachos, me había bebido mi dos buenas fronteras, asi que me envalentone y empece a alardear de mi insuperable hombría, que a ninguna hembra la dejaría mal sacada, y asi se me presente la misma Tunda, a ella misma la haría temblar.

Luego que se levanta y se va a dormir un rato la diabla, pido desesperado a todos los santos y los patrones que vengan en mi rescate. Cununo, toca fuerte y avisa a mis amigos que sigo cautivo; marimba de caña y guayacán, lanza tu canto al viento y diles a todos que Pumper está prisionero de esta insaciable. Ayyyy merecumbé, une al cununo, la marimba y la maraca, y llamen a mi diosito lindo y que con su mano santa me arranque de este infierno con olor a chiguile y a minchilla, la misma minchilla que tanta veces se ha metido por abajo aun moviéndose y la ha sacado cocinada, rosadita para parar en mi boca hambrienta a la fuerza.

No pasaron ni tres días cuando fui a revisar un potrero por la noche, cuando de entre la maleza voy oyendo una voz suavita suavita Pumper, vente mi Pumper; cometo el error de responderle, vente pues mujer que aquí tengo de sobra, y sale una hembra guapa completa, pero cuando le veo las piernas la una la tenía linda y gorda, pero la otra era como el palo del molinillo para sacar el jugo del chocolate. Es que alzo la cabeza y se me va encima de mí y despierto en esta cueva, oyendo a la Tunda cocinar. Ahí yo viringo, esperando simplemente que esta maldecida me use para sacarse la piedra, una y otra y otra vez.

Entonces se me levanta de encima, me baja las cejas y me dice en reclamo “ya estás afeado, negro, te me vas de aquí”; siento que vuelo un poco y estoy en el camino de regreso a mi pueblo. Viringo y todo salgo corriendo como loco hasta llegar a mi casa, meterme al baño y lavarme lo que más pude el olor de esta diabla.

Pero me dejó de yapa una maldición, señores.

Ahora el amigo, fiel y hacendoso lo que era antes, ahora peor que estorbo está. Ni para dar tolete sirve. Como bejuco fresco. Lo comprobé cuando llegó nuevamente la ñora del manaba y por más que me sobó me bailó y me lengueteo, nada de ná. Y así quedé pal resto de mi vida. Y todo el pueblo ahora me llaman con el nombre odioso que la ñora terminó gritándome tras salir frustrada.

- Ah, Bemba caída! Ah, Bemba caída!

Saturday, February 13, 2010

FELIZ SAN VALENTIN!!

Aquí les pongo como homenaje al día del motelazo y del buen polvazo como Odín manda, aparte de pasar con los panas de toda la vida.
Un video que en lo personal, contiene la canción de amor más sincera de todos los tiempos.
Disfruten.

Thursday, October 02, 2008

Ella dice...


...pico un poco nerviosa mi ensalada, haciendo saltar mis ojos desde mi platillo hasta él.
Había pensado que su propuesta era un poco loca, proponiéndomela así de súbito. Una cena en su casa. Yo creí que iba a ordenar comida, hasta que lo vi ahí, entusiasmado, picando, salteando, probando, guisando, mientras yo esperaba sentada en su cama (más bien colchón, nunca ha tomado en cuenta mi consejo de comprar una armazón para completar el mueble) viendo una película a mi elección. Hasta que se aproximó y me dijo está lista la cena.
Dos velas violetas daban una tenue atmósfera a esta escena. Eso y la música que salía a medio volumen de su laptop. Y ahí estaba yo, picando mi ensalada y mordisqueando mi filete bien cocido y nadando en salsa de champiñones, mirando a este hombre. Que sin mucha pena devoraba su pedazote casi crudo de carne haciendo grandes ruidos de satisfacción. Qué loco. Qué loca por aceptar su propuesta.
Eso sí, sabe cocinar.
- Está rica tu comida. - murmuré en un intento por pausar este silencio envolvente. El no contestó. Tragó el pedazo que abultaba sus carrillos y me clavó sus ojos. Esos ojos, violentos, salvajes, penetrantes, lobunos. Que en más de una ocasión los veía echar chispas de furia o rebosar de deseo a tal punto que lo hallaba perturbador. Mas ahora estaban llenos de un tibio vaho que volaba directo hacia mí y encendía cirios en mi alma. Esos cirios que otros no supieron apreciar, él los encendía con esa mirada tan llena de ternura.
- Me alegra que te guste, mi cielo... - por fin me respondió. Ese conjunto de mirada y sonrisa le otorgaba un aire mezclado de fuerza y delicadeza. Como un niño con barba, como un bebé vestido de traje. Una amalgama intangible de animal y hombre. Elevó su copa de vino hacia mi dirección.
- Por esta ocasión tan especial, por tenerte en mi departamento. Brindo por eso. - Alcé mi copa y la hice tintinear contra la suya.
Dos botellas pasaron en un segundo. El último chorro logró volcarse en su copa, alzándose hasta menos de la mitad.
- El último sorbo de vino. Te vas a casar, chiquito - Le dije riendo. El también empezó a reír. Reímos como tontos. Ya sentados en su sofá. Me gustaba tanto la música que tenía seleccionada, casi todas en inglés, no entendía casi nada. Pero él sí sabía su letra, y me la susurraba al oído, mientras apoyaba mi mareo en su pecho. Sentí sus dedos recorrer mis mejillas, mi frente, mis párpados. Me hacía cosquillas. Solté otra risita y sus dedos sujetaron mi barbilla y levantaron mi rostro. Entre las leves luces oscilantes, las sombras danzantes y los vapores del vino, sólo pude ver sus ojos.
Nuevamente me penetraron hasta clavarse en el centro de mi alma. Y un cirio muy oculto, muy secreto, en el punto más recóndito de mi alma, se prendió. Me llenó por dentro de luz, de luz brillante y cálida.
Con los ojos entrecerrados, vi ese rostro rudo acercarse al mío hasta que la punta de su nariz acarició la mía. Más que nuestros labios haciendo contacto, sentí cómo nuestras almas se tocaban y compenetraban.

Sabe besar.
El palpitar que otorgaba a mi boca esas fauces hambrientas me ponía la carne de gallina. Nunca me habían besado con tanto ardor ni tanta suavidad. Era como si volase por los cielos usando sus labios de alas. Sí. Sentía que me elevaba por los aires, hasta que me di cuenta que era él que me cargaba en sus brazos. No me opuse. Me sentía una reina, siendo cargada en mi trono de carne mientras mi trono no dejaba de chuparme los labios con una voracidad propia de él...
Me he dado cuenta que me ha colocado en mitad de su cama y un pensamiento me asalta la cabeza. No, susurro sin desearlo verdaderamente. ¿No qué? Me responde volviendo a volcar todo ese vapor verdoso en mis ojos. Debería levantarme y prepararme un café, decirle que no estoy con ganas de eso, que nos controlemos, que vuelve a poseer mi boca y mis razonamientos se desmoronan sin mucho esfuerzo. Y no sólo es mi boca, es mi frente, entre mis cejas, mis párpados, mis mejillas que son rozadas y exploradas por esas fauces hambrientas. Es tan suave y delicioso, cuando voy notando que mi cuello es ahora la presa. La última porción sobreviviente de mi razón me advierte que debería apartarlo de mí y cortar con esto, pero se diluye y se evapora con la luz que pulsa cada uno de los cirios de mi alma. Ahora estoy también tomando parte. Mi diestra y su siniestra están enlazados y mis dedos apretujan esa mano sin lograr dañarla. Mi siniestra esta aferrada a su nuca enredada en sus cabellos largos que tantas veces le había pedido que se lo cortase, y nunca me hizo caso.
¿Y su diestra, tan ruda y rugosa?
Jugueteando y paseando por entre mis senos, otorgándome oleadas de placer enorme. Y van callando toda alarma que intenta sacarme de ese estado extasiado. Así que no hay resistencia a que los tirantes de mi blusa se deslicen por mis hombros, y que una lluvia de besos no tarda en abrigarlos. Mis senos saltan al aire y se detienen por un momento las caricias. Abro los ojos y veo su mirada totalmente fija en cada porción de mi piel. De pronto, alza la vista y esta vez observo cómo cambian sus ojos, cómo su voracidad se arremolina en sus pupilas hasta cambiar su expresión a la de un lobo hambriento.

Toma con las puntas de sus dedos mis lentes y los coloca fuera de su campo de batalla. Ahora ese hombre animalesco aparece borroso ante mi vista, como un garabato difuminado. Y antes de poder pronunciar palabra, empieza a devorar mi tórax con todo lo que esté incluido. Abro la boca y grito sin hacer ningún ruido, sometida a las intensas caricias que mi hombre me lanza. Voy también a curiosear en su torso y lo hallo sin vestiduras. Nunca supe en qué momento se quitó la camisa. Fauces y manos bajan y me hacen contraer la espalda al sentir esa lengua bailando en mi ombligo, sus zarpas veloces deslizando mi falda hasta desterrarla de mi cuerpo.
Sabe acariciar.
Y encontrar puntos que en mi vida imaginaba que serían placenteros. Mi cresta ilíaca, el borde de la ingle, entre el ombligo y el pubis, los flancos, la piel cubierta por el panty, eran besados, lamidos, delicadamente mordidos. Ya no puedo resistirlo. Empiezo a gemir con cada nueva caricia de esta fiera que ha logrado llenarme de una luz antes desconocida.
A las mordidas hace volar mi panty, y mis manos se cierran de súbito sobre mi desnudez. No, tengo verguenza, tengo pudor... que son triturados con las yemas de sus dedos y sus labios humedecidos al pasarlos por mis muslos, mis caderas y mi bajo vientre. Mis gemidos van in crescendo y la tensión de mis manos se apaga. Era lo que buscaba el sátiro.
Mis gemidos han evolucionado en gritos mientras se ceba con mi sexo tan lleno de sensaciones y gustos prohibidos para casi todos. No sabía cómo era yo capaz de generar tanta lujuria y placer, ni siquiera en esas contadas ocasiones que más por curiosidad que deseo, me tocaba hasta tocar alturas muy por encima de mí.
Pero esto... esto era otra cosa. Y finalmente, lo que ya mi cuerpo entero y desnudo anhelaba, siento algo prominente y pétreo tocando las puertas de mi interior, yo le doy la bienvenida, abro completamente las puertas y me embarga una llenura que en otra ocasión de mi vida habré recibido con dolor y miedo, pero que ahora sólo me hace conocer felicidad y ardor. Con una lentitud y suavidad que evita cualquier dolor, me ha hecho suya por completo. Y en mi éxtasis nebuloso y gemebundo, veo la música que estamos creando. Y oigo la luz que todos y cada uno de los cirios de mi alma despiden y va secretando cada uno de los poros de mi piel. Floto en el aire anclada a él, a mi bestia adorada, a mi hombre violento, a mi espada salvaje del cual yo soy su guarda. Y que sólo yo he logrado domar.
Y finalmente, nuestras almas se desintegran y reintegran, pero formando una sola. Surcamos los aires, las aguas y el espacio en esta oda de movimientos, perfumes y voces entrelazadas.
Una suave calma me permite recobrar algo de cordura.
Está ahí abrazado a mí, totalmente manso y domado.

- ¿Me quieres? - Vuelvo a susurrar. - Por un momento vuelve a mirarme con esa expresión lobuna y me besa tan ardorosamente que casi me hace desmayar. Suelta mis labios y me dice muy seriamente:
- No, no te quiero. - Esa cortante respuesta me cambia el rostro mientras una helada sensación de completo..
- Te amo. Te amo con todas las fuerza de mi alma. - Me dice con un amor que no admite ninguna réplica. Salto a sus brazos.
(Uffff...)

Monday, March 17, 2008

Diálogo con una vagina



- Nunca he tenido una plática con un órgano antes, menos con uno tan íntimo...
- Pues mejor que lo tengas, hombre. Nunca sobra dialogar con elementos los cuales uno da por sentado su existencia.
- Es verdad... tal vez haya tenido un par de discusiones ético-instintivo con mi propio pene, y de ahí nada más.
- Estoy segura que eso son más tira y hala entre deseos e imposiciones, ¿no?
- Muy lejana de la verdad no te encuentras. Pero en fin, respóndeme unas cosas. Como por ejemplo: ¿Disfrutas lo mismo que tu dueña o sientes algo distinto por tí?
- Es mi señora, si no te molesta...
- Bueno, tu señora.
- Por suerte, entre mi señora y yo hay una conexión profunda, que hace que no sólo lo que yo recepte ella sienta sino en viceversa. En cambio ustedes parece que el sobajeo de su pene es una condición sine qua non para percibir el placer sexual.
- No lo creo, yo con pensamientos tengo erecciones.
- ¿Pero es sólo la erección o también sientes disfrute sin necesidad de que te toques o que te toquen?
- Hmmm... tendría que pensar en eso. Pero no me has de negar que con cosas como ésta te ha de sentar maravilloso.
(Tomo entre mis dedos el clítoris y lo froto de arriba a abajo)
- ¡¡AUCH!!
- Qu.. ¿qué pasó?
- ¡Me apretaste muy duro, so bruto!
- Lo lamento... pensé que eso te iba a gustar.
- El hecho que veas en una porno que el hombre mete todo el puño dentro de alguna como yo y que su señora gime como sirena de ambulancia, NO significa que lo está disfrutando.
- ¿Y no que son muy elásticas?
- Claro, podemos albergar hasta un melón el día que ayude a mi señora a expulsar a su hijo. Pero de ahí a hacer malabarismos como ése no me parecen nada atractivos.
- ¿Y qué opinas con eso de que el tamaño sí importa?
- Yo tengo ahí una leve discrepancia con mi señora. Si esa regla se cumpliera a rajatabla, entonces disfrutaría enormemente con que me introdujeran un pepino ganador de feria. Eso sí, no discrepo en que un micropene no hará mella en mí.
- Oe, eso de micropene es ofensivo.
- Pero verdadero. Algunos infortunados tienen su pene como un dedo meñique. Podré sentir algo, pero transmitir placer a mi señora será algo muy difícil. Una vez albergué uno simplemente lamentable, y mi señora hasta se rió del pobre al verlo. No pude evitar sentir pena por ambos.
- Mierda. Entonces la ley del más fuerte se sigue imponiendo por mucho que querramos disimularlo.
- La ley del más dotado, dirás.


- Como sea. Por cierto, no quise ser tan brusco contigo, voy a tocarte un poco más suave.
- Mejor hazlo según te indique. A ver, prueba abriéndome los labios con tus dedos. Así... tocando despacit...¡Espera, despacio dije, no como si fueras ginecólogo!
- Lo siento.
- Ves mi clítoris, ¿no?, no todas reaccionamos con las mismas caricias. Es algo que tú, hombre, tienes que descubrirlo solo.
- A ver...
- Hmmm, no. Eso no me hace nada.
- ¿Y esto?
- Algo, pero aún no me llega. Mira el rostro de mi señora. ¿Tiene señales de gusto o disfrute? Entonces no lo haces bien.
- ¿Y si introduzco mi dedo en tí?
- ...
- ...
- Sí, eso está mejor. Ya me está gustando. Ve despacito, que aunque tienes las uñas cortas, no quisiera un rasmillón dentro. ¿Sabes lo que duele? A ver.. a ver... sí. Justo ahí. Mmmm. Eso mismo. Y ahora mi señora está gimiendo. ¿Te das cuenta la conexión?
- Me doy cuenta. Deja ver hasta dónde puedo llegar. Vaya, estoy tocando tu cérv...
- ¿¡AAHHN!?
- Vaya, veo que eso te encantó.
- Sí... me pareció riquísimo cuando me rodeabas el cérvix con tu d...¡Oh! Eso, eso...
- ¿Así?
- Mhhhh sí, así, me encanta, me encanta...¡Ahhh!
- Mira tú, he hallado tu punto más sensible en el lugar menos imaginado.
- ¿No te dije que cada vagina, al igual que su respectiva señora, son totalmente diferentes una de otra?
- Definitivamente, linda. Ahora voy a ver qué ocurre si...
- ¡OYE! Llevas como media hora mirándomela y toqueteándola. Si te vas a dedicar sólo a eso mejor me visto.
- Tranquila mija, estaba aprendiendo un par de cositas nuevas.
- Ya dice... vente papi, quiero sentirte... mmmmmhhhhh
- (Gracias por la charla.)
- (No puedo responderte. Tengo la boca llena.)

Tuesday, September 04, 2007

Restringido.



Química.
Inmediata tras la primera mirada.
Pobre intercambio de palabras, rico intercambio de deseos.
Ella veía un hombre de pocas represiones y tapujos. Ahito de ganas.
El estaba simplemente ahito de ganas.
Una sugerencia, una respuesta, una sonrisa.
Un trato.
El eco del chirriar de los neumáticos contra la calzada aún resonaba al hacer girar el pestillo de la puerta.
La cual apenas pudo cerrarse antes que él se lanzara con manos y labios hacia su presa.
Se estrelló contra el "Espera" de ella.
Quería hacerlo despacio. Disfrutar todas y cada una de las sensaciones. El sólo deseaba calmar su apetito feroz y aullante.
Ella se adelantó a posar un beso suave el sus labios rudos. Y se escapó ágilmente de los brazos y fauces que trataron de aferrarla.
Observó su rostro. Fruncido, jadeante, pletórico de impulso instintivo. Le pareció a la vez divertido y lindo.
Otra finta para escaparse se sus brazos y le propuso algo. Un jueguito, para entrar en calor. Bastante caliente estaba ya la cosa, respondió el varón. Pero si se negaba (logró pensar), podría irse todo al carajo. Y no tenía ganas de quedarse con las ganas, valga la redundancia.
Aceptó.
Su campo visual estaba obliterado totalmente, cubierto con una combinación de su panty y un cinto de algodón que formaba parte originalmente del vestido de noche de la dama.
Y ese tenue olor a intimidad mujeril con perfume exótico turbarían permanentemente la nariz, exagerando su ardor. Sin contar con el fuelleo de su pecho.
Porque cada extremidad estaba convenientemente atada para impedir el movimiento excesivo.
Ella, tarareando una canción se acercó.
Completamente desnuda.
Lástima que él no pudiera apreciar su belleza.
Bailaba a su alrededor sin dejar de tararear, acercándose y alejándose. La cabeza vendada se movía desesperada como un heliotropo en Fast Forward. Anhelando un acercamiento y un contacto.
Llegó.
Pero a cuentagotas.
Una minúscula porción de seno henchido rozó la mano del hombre, que aleteó furibunda buscando atrapar más que acariciar. Distraído en controlar su mano, no se dio cuenta que ahora el delicioso pecho bailaba pinchando su pezón en la comisura labial. Para cuando quiso darse un bocado, ya estaba lejos.
Ella veía su erección que parecía querer romper la escasa tela que lo cubría ahora. Como el magma de un volcan a punto de erupción. Era tan divertido...



Tan divertido, sujetar esa cabeza sudorosa y vendada, oír tan de cerca su jadeo ansioso, sus palabras implorantes, la saliva que pugnaba por salir de esa bestia semidomada.
Ahora sí le dio, más que un beso, una lucha entre dos lenguas ardorosas. Largo, húmedo y sus manos traviesas pellizcando las tetillas. ¿Verdad que duele si lo haces muy duro?
Volvió a apartarse velozmente. Súplicas de detener este "jueguito" llenaban el aire, junto al olor a sudor masculino, fruto de la tensión de estar arrodillado y con los brazos extendidos. Por suerte arrodillado sobre una almohada. Si no estaría gimiendo de dolor.
Pero la tortura no cedía.
Bofetadas iban y venían, provenientes de esos senos bamboleantes. La boca hambrienta no era suficientemente veloz para cazar esas esferas carnosas que golpeaban su rostro.
Unos dedos. Insinuándose por la costura del calzoncillo. Afloró una sonrisa enorme. Al fin iba a tener gusto.
Mas ella acariciaba a velocidad de burocracia. Sólo un meñique y un anular contorneaban ese pétreo apéndice. El placer era realmente escaso, comparado con el ardor que ya se había instalado en sus hombros y el hormigueo que recorrían sus rodillas.
Y sin avisar, una boca femenina hizo presa.
Tensó su columna y su nuca, saboreando el frenesí de esa súbita y bienvenida bendición.
Más, por favor. Más... no te detengas.. más....
.. ya venía... iba a explotar.. iba.. a ... iba a...
Parada imprevista. Y un estrechón de manos en el escroto que hizo el efecto de un balde de agua sobre una fogata.
Injusto, rastrero, maligno.
Abrió su boca para proferir una maldición.
Y fue callado con una masa tibia y húmeda.
Esa carne y piel hendida y ardorosa, formó una mordaza viva en las fauces masculinas.
¿Quieres liberarte? Haz méritos, susurró ella.
Una mezcla de lascivia suprema y deseo de liberación convirtió la lengua en una víbora convulsa, que se regaba una y otra vez con la miel que esa discreta herida segregaba.
Música. En solo de la voz cantarina de ella a compases de gemidos entrecortados que iban estrechando sus pausas.
Ritmo. La pelvis, bailando candenciosa sobre la lengua rugosa y hambrienta, alcanzando límites y nublando conciencias.
Y el coro final, la tensión máxima, el orgasmo pletórico y deseoso de infinidad.
Ahora era el turno de él.
Sí, le tocaba ya saciarse.
Cebarse por completo.
No podía esperar más.
Logró por fin liberarse de las ataduras. Sólo tenía dos engramas en su cerebro. MUJER. SEXO.
Desgarró la venda y sus ojos vieron la luz.
Y la ausencia de ella.
Se había ido.
Un trocito de papel, con la huella de sus labios pintados, con dos palabritas en cursiva.
...Fue divertido...

Saturday, February 24, 2007

Conteo...

0 a0 ...
Era el resultado anterior de nuestro encuentro.
Falta de suerte y tiempo.
Así que esta vez, me aseguré que todo fuera diferente. Por lo menos asegurarme que nadie, nadie, nos viniera a interrumpir.
Resultó escaso el tiempo para ir a comprar algo de beber y otros detalles muy necesarios, puesto que desde el taxi me llamaste pensando que me iba a escapar. ¿Escaparme yo? ¿De ti? Por favor...
Pero si también ibas llevando algo para beber... Bien, chica prevenida. Ambas botellas las puse en el congelador. Te quejas por el polvo en el piso, me justifico diciendo que hacia tiempo que no iba por ahi y estaba apenas llegado. De todos modos, no estabamos ahi para calificar estados de suelos...
Mientras sueltas un par de mentiritas a tu casa diciendo que estabas cuidando a una amiga, yo voy atosigando con mis labios el nacimiento de tu pelo, sacándote notas vibradas de tu voz. Espero que el o la que esté escuchando no sospeche nada.

El beso ardiente que recibo de ti es un leve preámbulo de lo que nos espera esta noche. Es temprano. Por un momento te observo toda, te deseo ardorosamente y siento la imperiosa ansia de arrancarte la ropa con los dientes y complacer mi deseo sin restricciones. Pero no. Sería un pecado. Como engullir de un bocado un tournedô, como apurar del gollete un Cabernet de cosecha noble. No debe ser así. Aprieto los dientes y pugno contra mi propia bestia de reservarme el placer absoluto y el cielo sólo para mí.

Insisto, es una pugna que tengo entre mi bestial concupiscencia y mi calmo proseguir mientras voy chupando tus labios y lamiendo lentamente tu cuello, haciéndote soltar esos "ahs" tan esperados, mientras mis manos redescubren concienzudamente cada sector de tu vientre albo.
Y que luego reptan por tu espalda, buscando esos huecos que tanto te sonrojaban y te hacian resoplar al ser acariciados. Obedeciendo ya a tus propios deseos, haces volar tu blusa y ya están tus dedos batallando con el brasiere cuando los paro. No, deseo reservarme para mí ese honor. Sólo desabrochado. Ese ombligo tuyo, pequeño pozuelo travieso, poseía una sensibilidad que me ufanaba en incrementar. Tus senos llenos y apetitosos podían esperar un rato más. No, me corrijo. No puedo dejar a tus senos esperando por mi boca. Imposible. Los descubro y devoro. ¿Qué sector me gusta más? No puedo decidirme.
Tus manos tampoco están quedas, aunque al principio estaban laxas a tu costado. Pelean con los botones de mi camisa. Con mi cinto apretado, con el cierre de mi jean. Suave. Vamos suave. Había llegado hace poco de un viaje de muchas horas, y quería insultos a la nariz. Así que tomo tu mano y nos dirigimos a la ducha. El resto de telas desaparece de nuestro cuerpo y nos va vistiendo una cortina de agua fresca. Turnándonos, la espuma del jabón va limpiando cada porcion de piel. Ensayamos un "beso bajo la lluvia". Delicioso.
Tu fruta madura, húmeda por diversos factores, espera a mi cata. Cada movimiento de manos y labios conlleva a leves convulsiones tuyas y gemidos que se combinan con el correr del agua, formando una sinfonía única. Tu turno. Mmmmmmmhhhhhhhhhh.....
Secos ya, continuamos en la cama. De pronto recuerdo algo terrible. Con el apuro de verte, no había comprado el detalle más importante. Pero tú sonríes y muestras que habías traído los tuyos y otra cosita.
Mujer prevenida, en verdad.
Por fin podemos culminar lo que había quedado pendiente la vez pasada, bailando ambos a ritmo sincronizado, cantando sin letra, nadando en las pieles del otro. Tu expresión, tu fascies, podría confundirla con la del intenso sufrimiento. Tu ceño fruncido, tu boca abierta en mudo grito, tus ojos entrecerrados y cerrados por momentos, tus gemidos y ahhhhhhsss y tu profundo jadear. Llegamos ambos al punto de no retorno. Más y más, fuerte, rápido.
Los pensamientos conscientes no tienen cabida ahora. Más y más.
El placer, el placer intenso y compartido. Más y más.
Y cruzamos ambos la línea. Vemos el cielo....

1-1.

Abrazados y descansando, me preguntas en qué pienso al ver mi mirada en la tuya. No tengo respuesta, mi mente ha sido lavada. Elaboro una respuesta tonta. Que pienso en más métodos que te hagan gritar de placer... Te ríes de mi respuesta.
Para vengarme, mis dedos comienzan a bailar en tu bajovientre, y se dirigen con rapidez al centro de ti. La reacción es inmediata. Tu boca y dientes se ensañan con mis hombros mientras mis dedos van atosigando, haciendo círculos, masajeando, rozando y presionando. Tu pelvis se va estremeciendo conforme avanzo. Doy más brasa recorriendo tu cuello con mi lengua. No lo resistes más.

2-1.

Me dirijo un rato al baño y al encender el foco me miras el pecho horrorizada. Extrañado me veo y numerosas manchitas carmesíes adornan ahora mis hombros. Chupeteadas en otras palabras. No hace falta estresarse. No tengo novia ni esposa. De hecho, puede ser hasta trofeo de guerra, heh.
Para eso, nuevamente me encontraba listo y cargado para atacarte. Me esperas acostada sobre tu vientre mostrando esa espalda tan tersa y el derriere redondo.
Mis embestidas obedecen a tus peticiones de aumentar la fuerza y el ìmpetu. Es tan delicioso que no se puede describir con palabras. Tu voz se quiebra, resuello como un toro pero el ritmo no aminora. Una luego de otra, mi barrera y tu barrera son superadas. Ohhh, Dios...
Qué rico... , oigo entre la oscuridad de mi cabeza...

3-2

Llevamos encima algunas jarras de bebida. Mientras, vamos conversando sobre el intervalo que separaron nuestro frustada primera vez juntos y ahora. Relatos mutuos de recuerdos calientes, imaginaciones calenturientas, fantasías expectantes y manos que se veían obligadas a suplir nuestros roles fueron intercambiados.
Todas esas palabras sirven de combustible al fuego.
Sacas una ampolleta plastica repleta de un liquido verdoso. Aceite saborizado para masajes y comestible. Un aderezo para ambos. Goteo el adobo sobre tu espalda y empiezo a disolver cada nudo y cada dureza que encuentro. Guiándome con tus suspiros voy labrando en la mies de tu columna. Esas dos colinas redondas merecen una fruición más esmerada. Ahora me toca, musitas mientras me haces tumbarme. Usando las manos y la lengua vas probando mi piel aderezada con ese líquido. Pero tus caricias y lamidas, aparte de provocar placer, me dan unas cosquillas tan intensas que me tengo que morder los labios para evitar carcajear. Mi pie casi salta por las cosquillas. Si te hubiera golpeado, nunca me lo hubiera perdonado. No lo soporto más y suelto una risa continua y convulsa. Me disculpo pero me contestas que en el sexo lo importante es estar bien. Si me reía, excelente...
En un movimiento veloz, atrapo tu cadera y aproximo mi boca a ella. Busco cada punto que pueda desencadenar algo de éxtasis. Lo consigo una y otra vez. Tu propia mano ahora colabora con mi boca para llevarte al cielo una vez más. Subes, subes y muy allá arriba te disuelves en el aire.
Decides dar reciprocidad al acto y te adueñas de mi íntimo ser. Tus labios visten y desvisten de manera rítmica a mi arma, parando un rato para gustar otros rincones. Ya no hay cosquillas, sólo un profundo placer que hace hervir mi sangre. Desearia que este momento durara horas, días, semanas o meses. Estoy navegando entre nubes. Entre corrientes de agua. Entre bandadas de aves. Tú imparable. Mis conexiones racionales se desconectan una por una mientras voy llegando al umbral de placer máximo. Y por fin lo consigues.
Estallo. Hago erupción. Me sublimo.
Aaaahhhh....

4 - 3

Abrazados, nos dormimos.
El sol mañanero va tocando nuestras pieles. Dormida aún, voy probando el método más dulce de despertarte. Pruebo besando, acariciando, rozando... Tu cabeza se mueve de un lado a otro pero no se abren. Es necesario hacer comunión con tu sexo y toquetearlo para que abras los ojos. Un beso largo es el saludo, y el preámbulo del nuevo duelo entre ambos, teniéndote cargada en peso mientras nos movemos hasta que mis piernas no lo soportan, y estando tú cabalgando en mis ijares, vas y vienes haciendo bailar tus senos. Estaba suponiendo que no llegarías cuando te acomete un tremendo espasmo, tu boca se abre y queda rígida y la mitad de ti cae casi exánime sobre mi pecho. El último orgasmo fue tan intenso que te robó la fuerza. Ahora quiero buscar el mío. Sacandote los ultimos jadeos y suspiros, me tomo mi tiempo para tocar, sentir, oler, ver y gustar todo tu ser. Todos los sentidos se funden en uno solo, hago ingnición y me encumbro hacia las estrellas.

5 - 4.

PD: Con esto mi "Keso 100%" fue reducido a un 10%....

...y se recargó todo luego de 3 días.
Te espero nuevamente, mujer....

Friday, February 02, 2007

EXPECTATIVAS...

Hoy se cumple otra semana en la que me encuentro alejado de tu piel.

Dos oportunidades echadas a la basura, por falta de chance, de plata, de tiempo, de suerte, al fin y al cabo.

Aún tengo presente en mis manos todas y cada una de las gotas de sudor que perlaban por tus contornos blanquecinos, el roce fino de tus suaves vellos que se erizaban al pasar la yema de mis dedos, apenas rozándote. La sedosidad de tus pechos turgentes que volvían una y mil veces a su forma original luego de ser masajeados y acariciados no sólo por mis manos inquietas. Las curvas y los huecos de ese abdomen generoso, con diversos grados de sensibilidad, siempre listos para más. La estructura de tu rostro, el cual rozaba con suficiente detalle como para reconocerlos de nuevo aun quedándome ciego.
Sigo paladeando tu sabor variado, el dulzor discreto de tus labios y boca, que una y otra vez uníamos en demostraciones ardorosas de pasión. El delicado salado de todos los lugares que iba gustando y probando, para mutuo y supremo placer. Y sobre todo, ese sabor único, indescriptible, delicioso, de la razón absoluta de tu feminidad. No puedo quitármelo de la cabeza, ni del paladar. Oh Dios, qué bien sabías....
Y eso sin mencionar los aromas que despedías, combinados, más que enmascarados, por los distintos afeites y esencias que derramas día con día sobre ti. Quisiera ser más lobo y menos humano para poder olerte a kilómetros, en vez de a milímetros.
Resuenan en mis oidos, dia con dia, tus gemidos, tus suaves palabras, tus ruegos y tus imploros. Que era una delicia, que si no me detuviera, ahhhhhsss, oooohhhhhssss, mmmmmmhhhhsss, sonidos que restallaban en mis tímpanos y me sacudían el alma.
Y tu imagen. Decentemente vestida y calmada en un principio, luego con los géneros, los prejuicios y los pudores adecuadamente echados a un lado sólo para mostrarme a ti, tú, tu persona tal y como eres, desnuda por completo, cubierta únicamente por el rubor remantente de quién sabe qué enseñanzas tontas.

Muero por volverme a dar una fiesta con mis sentidos, siendo tú la pista de baile y el buffette a servir. Y no una hora, ni dos, ni tres. Pienso tenerte secuestrada en mi madriguera el tiempo necesario hasta saciar mi hambre feroz de ti.
Espero hacerlo pronto.
Espérame, pues...