Thursday, July 16, 2009

And I lovED her...




Lady, I WAS your knight in shining armor and I loveD you
You haD made me what I WAS and I WAS yours
My love, there`s so many ways I wantED to say I love you
Let me hold you in my arms forever more

You haD gone and made me such a fool
I WAS so lost in your love
And oh, we belongED together
YOU WON´T believe in my song.
Lady, for so many years I thought I`d never find you
You haD come into my life and made me whole
Forever I´D wake to see you each and every morning
I´D hear you whisper softly in my ear

In my eyes I SAW no one else but you
There WAS no other love like our love
And yes, oh yes, I always wantED you near me
I HAD waited for you for so long

Lady, your love WAS the only love I needED
And beside me WAS where I want you to be
cause, my love, there`s somethin` I wantED you to know
You WERE the love of my life, you WERE my lady!


...BUT NOT ANYMORE.
Este amor por la Neo-geek, oficialmente, está muerto.
Se aceptan carpetas.

Sunday, July 05, 2009

Lamento Blanco, Risa Negra (Conclusión)

Nota del autor: La verdad tenía planeado sacar una cuarta parte y la quinta para concluir, pero tanto en el taller como los ilustres lectores me han pedido que mejor la haga más corta. Así que si esta parte sale más larga, pues así toca. De todos modos, muchas gracias a todos por haber seguido esta oscura historia, basada en dos buenas amigas mías.



Sin descanso alguno, más que para echar un dormitar breve, había pasado María la última semana encerrada en su casa, intentando encontrar respuestas a la miríada de preguntas que bullían en su cabeza.

Luego de dejar un aviso de que padecía una grave pulmonía contraída aparentemente por haber pasado tanto rato en el sereno hacía algunas noches, y de rechazar amablemente la visita de una enfermera que a la tarde acudió a la mansión para examinarla, María se metió de lleno a observar cada detalle de los interiores. A pesar que la gran sala no ofrecía mayores puntos de interés, se dio medio día en buscar cualquier pista que le aclarara sus dudas. Ninguna.

Un poco molesta, ella se metió un rato a la cocina a prepararse un café para despejarse un poco. Y al salir de la cocina para sorber su bebida en la sala, lo que vio hizo que soltase su taza derramando el líquido caliente en el piso. Sobre el centro justo de la sala, se veía una formación nubosa blanquecina, del cual fue emergiendo una mata de cabello negro y del cual se formó el mismo rostro redondo y de ojos oscurísimos que hace algunas noches había permanecido a milímetros del rostro de María. El espectro que aterrorizó y casi provocó la huida de la ocupante de este caserón. Pero esta vez el espectro no se movía. Permanecía flotando, con un rostro expectante, como si esperase una respuesta de la paralizada María. Esta, agarrada del dintel de la puerta, sólo atinaba a observar con los ojos desorbitados aquella manifestación de ultratumba. Pero la falta de acción del espectro femenino fue otorgándole algo de seguridad y finalmente, venciendo su miedo, pudo articular palabra.

- ¿Quién eres? ¿De dónde vienes? – Dijo con voz ronca por la sequedad de su boca. Vio que el fantasma abrió lentamente su boca y mientras una prolongación de su cuerpo señalaba una de las puertas cerradas con llave, María oyó en ese tono cavernoso y sombrío, pero ya habitual:
- … A LA BIBLIOTECA… - luego de decir esto, el espectro se disolvió en el aire. María buscó con sus ojos el lugar señalado por el brazo del espectro, el cual era una puerta que por sus múltiples candados nunca había podido abrir antes. Y más por pereza que por otra cosa. Pero esta vez, nada la iba a detener.

Luego de limpiar el café derramado y los pedazos de cerámica desperdigados en el suelo, María miró la vetusta pero sólida puerta de madera reforzada con barras metálicas y pernos gruesos. Tres oxidados candados impedían la apertura de la puerta. Logró encontrar una pesada barrena en una de las bodegas, el instrumento idóneo. Resoplando mientras cargaba la barra metálica se dirigió nuevamente a la puerta sellada. Levantó la barrena con toda la fuerza de sus brazos y descargó un violento golpe contra el candado más elevado, quien saltó por los aires partido en dos. María sonrió por su primera victoria. Asestó un nuevo golpe al segundo candado, pero éste resistió el ataque. Tuvo que propinar una docena de golpes hasta que por fin el metal lograse ceder y el candado cayera. Tras reponer aire un rato, atacó el último seguro. Esta vez tuvo que luchar casi una hora golpeando, forcejeando y tironeando, entre quejidos, maldiciones y algunas lágrimas al acalambrarse sus dedos por tanto aferrar la barra. Finalmente, luego de un golpe casi lánguido, el candado se partió en dos y la puerta estaba lista para ser abierta. María tuvo que soltar su arma y correr a la cocina para lavarse un poco. Ahogando gemidos de dolor, vio sus manos mientras las enjuagaba en agua fresca. Diversas escoriaciones y ampollas habían aparecido en sus palmas y sus dedos, mientras un espeso dolor le empezaba a subir por sus antebrazos y brazos hasta atenazarle los hombros. Agotada por completo, María se dirigió a su cuarto, logró bañarse dificultosamente y cayó rendida en su cama, durmiéndose inmediatamente.

Mientras María dormía profundamente, se escuchó un nuevo susurro, que ella ya no escuchó: ESTÁS TAN CERCA, TAN CERCA…

Al día siguiente, María se levantó con un tremendo ardor de sus brazos por el ejercicio de ayer. En verdad se sentía excitada por su aventura. Dejando aparte el temor que le producía esa pálida aparición, estaba más decidida que nunca a descubrir respuestas. Así que luego de comer algo, se dirigió a abrir la puerta. Nuevamente tuvo que emplear toda su fuerza para lograr mover los carcomidos goznes, quienes luego de un rechinar rasposo dio paso a María a un cuarto profundo que se llegaba por una escalinata de piedra. Este cuarto ni siquiera tenía iluminación eléctrica, cosa que tuvo que regresar por una linterna. Ya con la linterna encendida, descendió las escaleras.

Ante sus ojos se mostraron varios anaqueles construidos en hierro colado, todos de hacía por lo menos dos siglos, a juzgar por el descascaramiento del esmalte, el estilo de su construcción y las bultosas telarañas agolpadas. Era un cuarto de aproximadamente cinco metros cuadrados, con cuatro libreros metálicos repletos de diversos volúmenes encuadernados en piel, que estaban tan escasamente separados los anaqueles, que María tenía que pasar de lado para darse cabida entre los espacios. Quedó pensando por un rato que demoraría años en leer todos los libros en aquel cuarto sellado, mientras la luz de su linterna iluminaba diversos lomos y títulos, algunos en castellano, otros en idiomas extraños.

Cuando pasó la luz por el último estante, vio repentinamente la conocida figura pálida. Curiosamente, el haz de luz al tocar el espectro, provocó el mismo sobresalto en ambas. Algo cayó al suelo mientras el espectro se desvanecía. María cada vez más acostumbrada a la bizarra visión, escudriñó el suelo donde se posaba el fantasma y vio una encuadernación muy polvorienta y gastada. Era como si el fantasma hubiera estado aferrando dicho documento antes de volatilizarse. Intuyendo una clave importante, María abrió el registro.

“A veces extraño aquellos días en que, en la soledad de mis aposentos, jugaba con cientos de muñecas a las que arrancaba el cabello con peines de despiojar mientras una niñera fantasmal, invisible para el resto, me cuidaba de los otros espectros que rondaban el palacio.
Mi madre, la Reina, gritaba mangoneando mi pequeña y delicada mano, escupiendo vituperios nada propios de la rosada boca de una elegante soberana como ella, insinuando que yo, su hija de ocho años, estaba loca; mientras corría a la juguetería real a adquirir otra muñeca igualita… o mejor.
¿Acaso no se daba cuenta que las detestaba?
En fin, otra cabellera que desmadejar, otra cabeza que cortar, otro rostro para perforar… más entretenimiento.
“Déjala que haga lo que quiera”, me decía mi niñera invisible, “así acalla las voces de su cabeza que le gritan sus carencias hacia ti por sus innúmeros compromisos en la corte”
….
¿De dónde vienes? ¿En tu reino hablan así de raro?
Ah sí, en mi reino.
¿Me enseñarías tu lenguaje?
¡Claro! Ven escucha esto.
….
¡¿Al calabozo real?! Señor, huya por favor.
Aun no se ha vuelto a saber de él. ¡Maldita profesora de ballet entrometida!
¡Ya no quiero ser princesa!
Pero un titulo debes tener.
¡Huiré del reino!
¿A dónde?
Mmm… mapa, mapa, mapa. Libros, libros, libros. ¡Moldova! Suena bonito
….
¡No soy una princesa, soy una Baronesa y puedo comer y puedo escuchar la música que yo quiera, y me puedo pintar los ojos de negro si me da la gana y me puedo vestir de negro si yo quiero!
¡Sí, pero no en mi palacio!
¡Maldita Reina!
¿Por qué lees mis cosas? ¡El diario de una Baronesa es prohibido a los ojos de los demás aunque seas una Reina!
La Reina grita y el Rey llora; el gato real se espanta y sale corriendo por la puerta de la calle y a mi hermanito no lo dejan acercarse a mí. Eso es lo que más me desespera.
Le dije a ella que no leyera mi diario ¿Todas las Reinas son así?
¡Yo no quiero ir a ese lugar!
Es un palacio nuevo.
¡No es un palacio, yo sé lo que es y no quiero ir. Padre, no quiero ir!
Es por tu bien, mi amor.
….
Mi principado sigue siendo un lugar oscuro y tenebroso, donde solo la luna alumbra, pero a mí me gusta así porque es tranquilo y no hay reinas locas gritando todo el día…Aquí en esta elevada torre, estoy segura de ellos, de sus realezas, sus estupideces, sus boberías…”


Lo que tenía ante sus ojos, era un diario. Un diario escrito a través de por lo menos diez años seguidos. De una princesa con el título nobiliario de baronesa. Una joven que en su tiempo tuvo en su escencia el perfume de la rebeldía, de la oposición a lo establecido. Una protestante a su destino. Que en pago recibió dolor, desprecio y sanciones diversas. Luego de leer por un largo rato, sintió la chica cómo corrían algunas lágrimas por sus mejillas. Una que se rebeló ante lo establecido, tal como ella solía hacer. Una amante de lo oscuro y lo sombrío, tal como ella. Es como si hubieran nacido bajo la misma estrella. El diario era su doloroso testimonio de su pasar en el mundo, sólo sazonado con la alegría de sus efímeros momentos de libertad, pero pese a todo, sin terminar de encajar por completo. Todavía conmovida, revisó hojeando las últimas notas del diario. Se dio cuenta que terminaba abruptamente, como si de repente le hubieran arrancado la pluma de las manos. Leyó con más atención los últimos párrafos.

“Mientras tenga este diario y algo de tinta, seguiré escribiendo. Por fin supe el motivo de tanto encierro y aislamiento. Soy parte de una viejísima tradición, que provocó la expulsión de mi estirpe de su lugar natal hace centurias, y tras haber pasado el tiempo, se ha logrado completar los componentes para cumplir ese rito, siendo yo uno de ellos. El rito de la reunión, según pude investigar, está destinado a revertir todo al origen primigenio. Todo volverá a lo amorfo, a lo vacuo, para ser creado nuevamente. Hoy es el día del ritual, pues, así que vaticino que serán mis últimas palabras escritas. Los guardias están ya subiendo por las escalinatas de mi torre, prestos a llevarme a donde será el encuentro con mi destino. Yo, la portadora de la esencia de NYX, habré de reunirme con mis contrapartes, EREBUS y PROTOGENOS para otorgar el renacimiento de…”

Esas fueron las últimas palabras leídas. María quedó pensando en dichos nombres. Erebus…¿dónde lo había escuchado? ¿No había sido usado tal nombre como una amenaza por aquella mujer? ¿Y porqué había provocado tal horror en ese niño? Apretando el diario contra su pecho se levantó la joven y nuevamente miró al espectro. Lucía agitada y esforzada. Antes de que María lograra formular una pregunta, de las miles que quería hacerle, el fantasma de la Baronesa señaló un grueso tomo, antes de desvanecerse de nuevo.

- Aquí… - Dijo, mientras se volvía a desmaterializar. María notó que era como si con cada materialización la baronesa forzara su energía más y más. Por consecuente, todas sus apariciones anteriores no fueron para correrla de la mansión, si no para enseñarle y advertirle de lo ocurrido. ¿Pero porqué ella? ¿Será por la coincidencia en sus gustos y personalidad? ¿O por otra razón?

Aliviada de que por lo menos no pasaría interminables días buscando entre todos los libros las respuestas apropiadas, la chica agarró el grueso tomo encuadernado en madera y metal, con diversas cinchas de alambre, como sellos colocados para impedir que su conocimiento fuera revelado a ojos inexpertos. Luego llevar el libro a la sala y hacer saltar los seguros, María escogió una página al azar y empezó a leer.
Κωμάσδω ποτὶ τὰν Ἀμαρυλλίδα, ταὶ δέ μοι αἶγες βόσκονται κατ᾽ ὄρος, καὶ ὁ Τίτυρος αὐτὰς ἐλαύνει…
- ¡Mierda, maldita sea! Esta pendejada está en griego! - gritó molesta al toparse con un obstáculo que ya no consistía en barreras físicas sino de idioma. – si por lo menos estuvieras en inglés.. – de cualquier modo, esperando lograr alguna comprensión aunque sea por las gráficas, ella siguió leyendo:
Τίτυρ᾽, ἐμὶν τὸ καλὸν πεφιλημένε, βόεσκ τὰς αἶγας, καὶ ποτὶ τὰν κράναν ἄγε, Τίτυρε, καὶ τὸν ἐνόρχαν, τὸν Λιβυκὸν con κνάκunωνiónα, tres deφυλdaάσσdesεο vμήan τaυ forκορύψῃmar al que fue el oriΛgen, el que de su intωνerior salió todo…

- ¡¡¿¿EEEHHH??!! ¡¡Puedo entender esto!! ¡Puedo entender el griego! ¿Pero cómo.. por qué..? – Balbuceó estupefacta mientras las letras, antes un galimatías incomprensible, formaban ahora frases perfectamente inteligibles, como si leyera un texto en inglés sin mayor dificultad. Un suspiro helado al lado suyo la sacó de su asombro. Y al voltear el rostro, vio el rostro de la baronesa. Envolviendo su ectoplasma en su cuello. Ahora ya no sintió miedo alguno. Así que empezó a replicarle cómo y porqué de muchas cosas, pero al momento, casi con un rictus de sufrimiento, la baronesa le ordenó.

- Sigue… por favor, sigue leyen…do…

Consciente que por la influencia de la baronesa era que lograba comprender todo lo escrito, y que dicha capacidad mermaba la capacidad de materializarse del espectro, María apuró lo más posible el texto mientras durase su habilidad prestada. Varios párrafos leídos, acompañados de imágenes de seres de panteón griego pasaban por sus ojos a toda la velocidad que se permitía.

“ Nosotros, los que finalmente nos hemos hartado del aparente orden y lógica del mundo actual, hemos sido expulsados de nuestra tierra de origen luego de haber cumplido rituales basados en procedimientos de eones de antigüedad, de cuando los dioses cohabitaban con sus hijos terrenales. Tales prácticas, por manejar poderes que la mayor parte de los mortales considerarían imposibles de controlar, fuimos declarados blasfemos, muchos fuimos ejecutados y el resto, condenados al exilio. Cruzamos mares y océanos y casi al costo de nuestra vida, llegamos hasta una tierra nunca antes vista. Sintiéndonos favorecidos por nuestro principal adorado, reconstruimos nuestra comunidad, y de los que conocíamos las palabras sagradas y los rituales, conformamos una familia de élite. Nosotros, los Eginios, sobrevivimos a pesar de los esfuerzos de los demás para borrarnos de nuestro mundo. “

“ El ritual es una combinación de muerte y vida, de separación y unión, de sacrificio y recompensa. Tres fracciones se volverán una y esa unidad reabsorberá todo dentro de sí, acabando con lo establecido y lo creado, para volverlo a crear nuevamente, esta vez impoluto, puro, sin errores pasados ni falsas expectativas. Tres formarán uno, reuniéndose más allá del lazo carnal…”

“Por la tozudez de nuestra Baronesa, quien hasta el último momento mostró rebeldía ante la tradición de su sangre y su destino, fue que el ritual fracasó. Tanto sacrificio para nada, tanto esfuerzo en balde. Mas sabemos que su alma no logrará encontrar reposo hasta que haya cumplido finalmente con su hado. Por tanto quedará atada a este terreno, a este castillo devastado por el ritual fallido, hasta que nuevamente se dé las condiciones propicias para rehacer el ritual. Mis hijos y los hijos de mis hijos, serán los responsables de aguardar tal momento, y llegada la hora, sabrán actuar, con las instrucciones pasadas verbalmente. En secreto.”

“Estoy en el borde de volver al vacío al cual pertenezco, viendo la construcción de la mansión que será el recuerdo principal de lo acaecido a nuestros descendientes. El castillo ha sido cubierto con tierra para simular un montículo y sobre su cima se alzará la mansión que para la persona indicada, será la llave que abra nuevamente la puerta al cambio final. La puerta de la habitación señorial, indicará el lugar que conecte lo nuevo con lo antiguo, y es median
εσκ ποτὶ τὰν Ἀμαρυλλίδα…”

- ¿Qu—qué pasó? Ya no entiendo nada nuevamente. ¿Baronesa? ¿Baronesa? – María buscó a su alrededor buscando el rostro pálido mas su ausencia completa fue lo único que logró encontrar. La baronesa había empleado toda su capacidad de materialización para lograr comprensión de lectura del griego en María, hasta agotarla. Por fortuna, había logrado captar gran parte del texto, y muchos misterios se estaban ya aclarando. Ahora sólo quedaba uno. El que escondía la puerta de la habitación señorial, como había leído.

Así que luego de lanzarse casi corriendo al portal de su habitación, enfocó toda su atención en todas las filigranas, los posibles resquicios, algún compartimento secreto, textos ocultos, cualquier cosa que le indicara el cómo terminar en el fondo de lo que había empezado desde la aparición en su computadora de ese ojo negro y desorbitado.

Dos horas. Nada. Nada que satisfaciera su sed de conocimientos. Se alejó un par de pasos de la puerta, la miró furibunda y presa de la ira, pateó con fuerza el suelo. Para sorpresa suya, en vez de sonar con el mate típico del mármol, oyó un retumbo hueco y sordo, como un vacío bajo sus pies. Nuevamente miró la puerta. Las figuras de los dos espectros torvos que apuntaban sus manos hacia abajo. Relación, comprensión y conclusión. ¡Pero claro! María empezó a tantear todo lo que pudo hasta que en la saliente del piso, empezando la escalera, halló una como abertura, cubierta por la espesa alfombra. Fueron varios minutos de tironear y forcejear hasta desnudar el mármol de su abrigo rojizo. El piso que estaba en el escalón final antes de la puerta se veía como una lápida. Así que aferró la lápida con ambas manos y jalando con las fuerzas que le otorgaba la excitación y su adrenalina, comenzó a aparecer un orificio cuadrilátero. Más y más grande. Luego de cambiar de posición para no caerse y lastimarse, María siguió pujando más y más hasta que la losa quedó despegada por completo y se precipitó escaleras abajo. Y en la hondonada apareció el inicio de una larga escalinata. La entrada al antiguo castillo. Ya esto era demasiado para afrontarlo sola. Se precipitó a su habitación y llamó a su novio. Tenía que enterarse de esto. Tras ponerlo al tanto en menos de diez minutos, el muchacho se comprometió a salir en su auto y volar hasta donde estaba ella. Si lograba revelar tal misterio, sería uno de los hallazgos arqueológicos de la centuria.

Tras colgar el teléfono, María decidió que necesitaría más ayuda. Salió presta de la mansión y fue directo a avisarle de la situación al teniente político.
- … así que luego de jalar la lápida que daba a la puerta de mi habitación, ¡surgió una escalinata, la misma que ha de terminar en el antiguo castillo! ¡Hay que avisar a las autoridades de este hallazgo! – decía presurosa María embriagada de ansiedad y gozo por haber resuelto el enigma.
- En verdad estoy sorprendido, profesora, nunca pensé que bajo esa loma se guardase un castillo de hace trescientos años. Yo opino que lo mejor es que vayamos no sólo yo, sino un grupo de vecinos, para protegerla. Quién sabe lo que podremos hallar ahí abajo. Ya he de notificar a las autoridades, quienes llegarán lo más pronto posible. ¡Vamos entonces! – respondió el teniente.

En poco rato, un casi la mitad de la población subía la cuesta rumbo a la mansión. María los lideraba. Todos con linternas y hachones apagados, para ir iluminando el camino. Mientras subían las escalinatas, María sintió un efluvio de cariño y alivio, hacia la fantasma que al principio tanto la había aterrorizado. Era lo que ella había querido, que se revelen estos misterios, y para que finalmente su alma descansara en paz. Hubiera querido ver su rostro, adivinando su expresión de felicidad antes de ascender a los cielos…

Ya con las linternas encendidas, empezaron a bajar por la escalinata que a pesar del tiempo aún lucía sólida y bien conservada. Se dio cuenta que la escalinata luego de bajar un par de metros, bajaba en una habitación pequeña pero aún conservando detalles que decían que ahí había vivido una mujer. Una baronesa. Restos de telas caras, algunos muebles muy elaborados y sobre todo muchas mariposas negras disecadas. La habitación donde la baronesa había sido recluida tanto tiempo. Un estremecimiento recorrió a María de arriba abajo. La puerta principal estaba carcomida así que fue sencillo apartarla. Una nueva escalinata, más profunda esta vez.

Siguieron bajando más y más, hasta que finalmente llegaron a lo que en su tiempo había sido un gigantesco balcón que daba a una explanada muy amplia, en cuyo suelo de piedra se mostraba claramente, aunque cubierta de hongos y líquenes, diversos bajo relieves en griego. Y en el centro se hallaba una enorme piedra negra cilíndrica en la que bien podían sentarse hasta cinco personas sin apretarse. Un lugar de rituales. El ritual del que se hablaba podía haberse celebrado ahí. Mientras veía a las personas, evidentemente tan excitadas como ella por el descubrimiento, dirigirse a diversos lugares de la explanada, por la luminosidad de las antorchas, observaba que las murallas del castillo, llegando incluso a los portones principales, estaban casi arrasados, y no por el tiempo, sino como si algo como una explosión lo hubiera barrido. Por primera vez extrañando al espectro de la baronesa, quien hubiera deseado tener a su lado, descendió hasta el lugar donde reposaba la piedra. Empezó a verla de cerca, observando atentamente la miríada de caracteres griegos cuando sintió una mano en su hombro. Era el teniente político, acompañado del alcalde. Ambos lucían una amplia sonrisa en sus rostros.

- Profesora, le estamos infinitamente agradecidos. Usted ha logrado descubrir lo que en tanto tiempo estuvo escondido. Ha traído usted una bendición a nuestro pueblo, a nuestra gente. Nunca podré agradecérselo lo suficiente.
- Fue un placer – sonrió María visiblemente sonrojada – este misterio me intrigó profundamente, y decidí no descansar hasta dar con el fondo del mismo, y mire usted dónde acabamos. Ahora es cuestión de esperar a la prensa, a los centros de arqueología y este pueblo cobrará una fama espectacular. En verdad lo merece…
- Claro, habrá ya tiempo para eso. Hasta mientras, profesora, ¿quisiera por favor colocarse encima del pedestal? Estoy seguro que querrá inmortalizar este hecho con una foto… - dijo melosamente el alcalde. María accedió gustosa. Mientras se trepaba en el pedestal y ponía sus brazos en jarras, vio al alcalde alejarse con la cámara en la mano hasta salir del círculo encriptado. Ojalá no salga muy lejana y oscura la foto, pensaba María, cuando, para su extrañeza, el alcalde bajó la cámara y dijo con voz cavernosa.

- Profesora, no necesitaremos ni prensa, ni arqueólogos, ni nada proveniente de este mundo corrompido, vil y decadente. Hoy es el principio del fin, de volver a cumplir el objetivo que hemos estado peleando por tantas centurias. El mismo objetivo que fracasó hace trescientos años por la rebeldía de la encarnación de Erebus diosa del espacio infinito, pero que finalmente se cumplirá hoy, gracias a tu llegada. ¡La llegada de la deidad de la noche oscura, de NYX! - María miró estupefacta al alcalde y al teniente, y vio asimismo que las otras personas del pueblo se arremolinaban en el borde del círculo de piedra, cada uno con un hachón encendido mientras coreaban palabras en griego, de las cuales María sólo podía comprender dos: NYX, EREBUS, NYX, EREBUS.

Justo al momento de empezar a protestar y querer bajar del pedestal, éste se iluminó de rojo sangre y los destellos rojizos engarrotaron las piernas y progresivamente el resto del cuerpo de María hasta quedar ella parada, con ambos brazos extendidos y el rostro con la boca abierta mirando al cénit. Ella ahora presa de un terror inimaginable, encontró que toda orden para liberarse y luchar contra esta luz rojiza era simplemente inefectiva. Su vista sólo podía abarcar el cénit en penumbras de lo que fue el castillo hace siglos, y sus oídos no podían más que oír la interminable letanía en griego de los habitantes del pueblo. No podía gritar, ni siquiera suspirar. Sólo sentía cómo el aire, súbitamente helado secaba la mucosa de su boca al respirar ferozmente ella. Luego escuchó la voz del alcalde.

- ¡Nyx, señora de la noche, Erebus, dueña del espacio infinito! ¡Tomen nuestra fuerza vital como sacrificio de vuestra unión! ¡Que lo que estuvo roto, se otra vez! ¡Que regrese lo amorfo, sin cabeza ni pies! ¡Que de su unión surja la que a su vez se combine con la esencia de PROTOGENES y finalmente, se dé el advenimiento a este mundo de nuestro amo y señor! ¡Que finalmente renazca el reductor a la nada, el corregidor supremo! ¡¡QUE VUELVA A NUESTRO MUNDO KAOS, EL PRIMIGENIO, EL VACÍO INFINITO, EL DIOS DE LA NADA!!


Y sobre un par de metros de la paralizada María, se empezó a arremolinar un vapor blanco, que tomó la forma de la Baronesa. Y esta vez, con una expresión de alegría salvaje. La misma expresión que había anhelado María con anterioridad, pero no de esta manera… Pero simultáneamente, el terror que la gobernaba fue sucumbiendo ante una rara euforia, como si estuviera frente a un ser que había amado tanto tiempo (Yo soy la noche), alguien que había formado parte integral de ella hacía eras y que la habían separado (toda criatura nocturna me obedece. Servidme, seres alados de oscuridad) ahora volvía a ella, para volver a formar una unidad, eso sí incompleta aún (YO SOY NYX. YO SOY NYX. SOY PARTE DE KAOS, JUNTO A EREBUS Y PROTOGENES) .Y que cuando se reuniera con la última parte, con el principio creador, con Protogenes, renacería el señor del vacío, a terminar con este mundo y crear algo nuevo. A renovar el ciclo. Tales pensamientos formaron una sonrisa en su boca abierta mientras el espectro de la baronesa se embutía a través de su boca, mientras los habitantes del pueblo se sublimaban en millones de chispas multicolores y formaban un remolino luminoso para dar fuerza a tan increíble unión. El corolario final lo dio el alcalde, mientras era desintegrado para formar parte del sacrificio:

- ¡Nyx y Erebus se han convertido en una sola! ¡Y cuando encuentren al que albergue la escencia de Protogenes, de la fusión de los tres resurgirá el que cantará la obertura del final del mundo! ¡Todos volveremos a él, todos formaremos parte del infinito vacío, de la gran nada llamada Kaos, para que resurjamos como seres superiores! ¡Ha llegado el principio del fin de esta era…!

Finalmente, un estallido, un vendaval, y un profundo silencio.

María lentamente abrió los ojos. Estaba apoyada en el pedestal del ritual, aunque ahora podía ver claramente el bosque y el día que empezaba. El estallido había logrado barrer con todo, incluyendo el montículo y la mansión. Al ver a lo lejos, pudo ver asimismo el pueblo compeltamente arrasado, sin ningún signo de vida. Era como si todos los del pueblo hubieran sido sacrificados para dar lugar a la reunión. María no sintió pena ni remordimiento. Lo sabía todo ya. ¿Para qué lamentar el inicio de lo inevitable? Vio un trozo de espejo cerca de ella. Aún conservaba algo de vanidad femenina así que se echó un vistazo. Casi ningún cambio. Casi.
Su ojo izquierdo ahora mostraba una pupila completamente azabache, en contraste con el caoba claro de su ojo derecho. Prueba innegable de su unión. Ya no era María. Ya no era la Baronesa. Ni siquiera Nyx o Erebus. Ahora era dos tercios de la unidad. En búsqueda de la tercera. Escuchó un motor a lo lejos. Entre los recuerdos de María, pudo relacionarlo con algo como "novio". Mejor era ser cauta. Desgarró algo de su vestido y lo ciñó a su rostro para taparlo. Hasta mientras. Mientras encontrase a Protogenes.
- ¿Dónde estás, Protogenes…? – susurró mientras el carro frenaba a raya a unos metros de ella, y el novio de María se precipitaba a abrazarla.

Ella, simplemente sonrió.




Monday, June 29, 2009

Una necesaria traducción. HARTES CIEL, MELENAS WALASYE...

Cuando escuché por vez primera esta dulce canción, me quedé inmediatamente prendado de ella. Y ahora, que la logré conseguir con letra y todo, quedé tan conmovido que decidí hacer una versión cantable en español. La verdad, no me quedó tan mal. Si pueden conseguirse la canción en modo karaoke, mejor. Así que les pongo las letras originales y mi traducción cantada.
En verdad, es una canción bellísima.
La canción:


Letra en japonés:
Hitorikiri de aruita atarimae no mainichi
Kakomareta sekai wo kowasanu youni ikiteta
Kagami ga utsusu no wa usotsuki no egao
Kokoro no kumori wo sakasama ni
Takusan no hitotachi yukikau sora no shita de
Jibun wo mamoru tame kagi wo kakete ikiteta
Sonna watashi ga ima shitta shiawase wa
Ude wo nobashitara todoku mono
Tobira no mukougawa senobi wa iranai
Arinomama no kotoba de katarikakeyou
Soshite kono sekai e koko de au hito e
Hana wo tabeneta ai no uta wo okurou
Taisetsuna dareka to yorokobi tomoni sureba
Kakomareta sekai ga itsu no manika hirogaru
Hitomi ga utsusu no wa hontou no egao
Kokoro no naka made hiraitara
Takusan no hitotachi ikusen no omoitachi
Me ni suru kagayaki wo ryoute de dakishimetai
Keshite watashi dake no tokubetsu dewa naku
Daremo ga kanjiru hazu no koto
Tobira no kochiragawa senobi wa iranai
Arinomama no kotoba de wakariaeruyo
Dakara kono sekai to koko de au hito to
Hana wo tabeneta ai no uta wo utaou
Tokiniwa surechigai (Tokiniwa wakaremichi)
Senaka wo muke nagara (Namida kakushi nagara)
Kenka mo suru keredo (Kirai to iu keredo)
Itsudemo omotteru (Anata wo shinjiteru)
Saezuru toritachi ni (Habataku toritachi ni)
Kimochi wo tsutaetai (Sunao ni tsutaetai)
Hanashita tenohira ga (Hanareta kokoro ga)
Asu wa tsunagaru you (Asu wa majiwaru you)
Sore wa yume no naka no maboroshi dewa naku
Negai tsudzuketara todoku mono
Tobira no kochiragawa senobi wa iranai
Arinomama no watashi de katariaouyo
Soshite kono sekai to koko de au hito to
Hana wo tabeneta ai no uta wo utaou
Lalala...

(Versión cantable en español, cortesía de su servidor. Se aceptan correcciones)
HARTES CIEL, MELENAS WALASYE (Mi amado mundo, mi amada gente)
Del RPG Ar Tonelico II, cantado por la Reyvateil Luca.


Andaba sola todo un siempre, pensando que era tan natural,
Y así yo vivía desconociendo, este mundo para no dañarlo,
Lo que en mi espejo veo, es una sonrisa de mentiras,
Una contradicción a mi corazón nublado,

Toda esta gente divagando, bajo el techo del cielo azul,
y viven tan lejos de los demás, para en sí mismos, protegerse,
Es una antigua felicidad, la vieja "yo" del tiempo de ayer,
Algo que alcanzaría si mis brazos extiendo,

Pasando la puerta, ahi está, no tienes por qué exagerar,
Y empecemos a dialogar, hablemos con honestidad,
Entonces a este gran mundo, y a todos los que conozco,
Ofreceré una canción de amor, que a todas las flores unió...

Compartiré mi felicidad, con alguien quien mi aprecio ganó,
El universo de mi alrededor, sin que lo note, crece más y más,
En mis ojos se puede reflejar, una sonrisa auténtica,
Si puedo abrir todo mi corazón,

Tanta gente reunida aquí, y sus sentimientos brotando están,
El fuerte brillo que veo en sus ojos, quiero con mis manos atraparlo,
No me creía alguien especial, estando tan sola jamás lo pensé,
Y es de seguro suponer que, todos los otros se sienten igual,

Pasando la puerta, ahi está, no tienes por qué exagerar,
Y lleguemos a un entendimiento, conversando con sinceridad.
Entonces a este gran mundo, y a todos los que conozco,
Ofreceré una canción de amor, que a todas las flores unió...

Aunque podamos, sí, discrepar (aunque nuestras vías se separarán)
Y nos apartamos de los demás (y nuestro llanto escondido está)
Y terminamos peleando, pero... (Y gritamos que te odio, pero...)
Por siempre en los otros, pensaremos (Por siempre yo creeré en ti)

Las aves encima, cantando están (las aves encima, volando están)
Mis sentimientos, transmitiré (mis pensamientos, transmitiré)
Así nuestras manos, antes solas (Así nuestras almas, antes solas)
El día de mañana, se unirán (el día de mañana se fundirán)

Dejará de ser sólo ilusión, en el mundo de mis sueños,
Y finalmente se cumplirá, si lo deseo yo...
Pasando la puerta, ahi está, no tienes por qué exagerar,
Empecemos todos a dialogar, con los reales y auténticos YO,
Entonces a este gran mundo, y a todos los que conozco,
Ofreceré una canción de amor, que a todas las flores unió...
Lalala...


(Aún no termino de finalizar el cuento, por si acaso...)

Thursday, June 11, 2009

En otaku-mode again: THE DARK MASTERS.

(ACTUALIZACION)
Luego que unos panas me mostraron este videito, se me hizo imprescindible publicarlo. Kona-chan siempre es un cague de risa, y de paso la cancioncita les animará más las versiones de mis panas.


Hasta que esté la conclusión de el cuentito que estoy terminando ya, entreténganse de mientras con las versiones anime de mi gallada de Guayaquil, los Dark Masters. Sólo pondré sus apodos, y si me he olvidado de alguno, pues que me sepa disculpar. No saben lo jodido que fue buscar imágenes acordes para algunos...

1. SUPERMÁN (DARINA)

Pareshe cheposh el panash, pero díganle señorash y se pone manshito manshitoshhhh...

2. SUPERNIÑO

Pintero pero caído de la hamaca.


3. EL POLACO

¿¡Cuántos son, dónde están, quiénes son?! ¡Los mato a todooooosss!!

4. CHAVI

A ver, Gemu (mi apodo exclusivo), vámonos de Guilty Gear o Gundam Wing. Prometo no sacarte TANTO la chucha.

5. TEKAMOCHI

Si combinamos esto (el man queria que ese fuera su apodo original)

..con esto (mas parecido fisicamente)...

Obtenemos esto, la ultimate fusion batrax-crybaby.


6. SHISHIO


Esa expresión, esa cara de palo, es proverbial. No la cambia con NADA.


7. EL ABUELO

El más anciano, milenario, y degenerado de los DM. Fan a morir del tándem Porno-viagra.

8. A LO MIO

Pilas maricón saliste premiado con la foto...

9. PILPE

Y ni reclames por lo de super-deformed. ¡Eres patucho, pues!

10. MARGINADO (O KAJETA)

Por andar apurando a todos (hablo de esa vez).

11. NEGRO V.

(Cómo es cagado encontrar fotos de morenos en el anime...)

12. KRILIN

El man jura que ya no enrojece su calva al ver hentai.

13. CHARAMPE


En relación directa con su apodo.


14. GORDO FANTASMA (FANTASMON)

Salido directamente del plano espectral.

15. SHINGO

Luego que lo asaltaron, lo atropellaron, le sacaron la chucha por arropado y se contagió de gripe porcina, el más abollado de los DM se arrechó y mandó a todos a la verga...

16. TOFU
(Ya les he mostrado mi avatar, pero igual, ahora lo actualizo...)

My inner beast is taking control... taking.. con---trol...

Sunday, May 17, 2009

Lamento blanco, risa negra (Parte 3)



- En verdad estoy extrañado, señorita. No hay ninguna señal que la puerta o las ventanas fueran forzadas o rotas de algún modo. Es como si alguien que ya estuviera aquí de antemano encendiera las velas y simplemente se desvaneciese en el aire, sin necesidad de salir…- razonaba truculentamente el alguacil del pueblo, tras atender velozmente el desesperado llamado de María al teléfono.

Esta se hallaba de pie en la sala de la mansión, fumando su cuarto cigarrillo. Tras ver el extraño espectáculo de tres velas negras muy juntas, ardiendo en una sola llama, agarró presurosa su celular y llamó al único número convencional que tenía del pueblo. Luego, evitó poner un pie dentro hasta que otras personas no lo hicieran. Tras explicar a grandes rasgos la situación, el alguacil apagó y recogió las velas. Luego de razonar posibles teorías, y no llegar a ninguna concluyente, el alguacil volvió a explorar la mansión lo mejor posible en búsqueda de cualquier intruso y se despidió. María, sumamente consternada, desenfundó su gas pimienta que guardaba por cualquier cosa, y luego de verificar cuidadosamente todas las cerraduras y pasar doble seguro en todas y cada una de ellas, se preparó la cena que había postpuesto un par de horas mientras la música de su I-pod la iba alejando de esos pensamientos agobiantes. A pesar que el miedo le había robado el apetito, y de su poca experiencia culinaria, María terminó observando hambrienta el decente plato de espaguetis con queso que había cocinado, y que había añadido abundante cátsup.

Con la cena en la mano subió a su cuarto, y antes de entrar a la puerta volvió a observar la puerta de hierro negro. En verdad era una muy intrincada filigrana, donde relieves como ramas de árbol de las cuales se desprendían hojitas, nervaduras y diminutos frutos metálicos, daban contorno a un par de como espectros de torva mirada y sonrisa maliciosa. Y ambos tenían una mano apuntando hacia la base de la puerta, como si quisieran mostrar el contenido de algo oculto. María se comprometió a buscar todos los detalles de esta mansión, que con toda su elegancia y belleza ocultaba algo muy importante. La sola idea de investigar a fondo estos misterios le terminó de borrar el miedo sentido antes. Siempre había sentido una enorme pasión hacia lo oculto, y el que su nueva casa albergase secretos de esa forma, la excitaba sobremanera. De todos modos, se sentía cansada ya. Así que luego de comer y poner el plato vacío en una de las mesas de la habitación, se quitó la ropa con la seguridad que nadie la vería y se dirigió al baño. Luego de una prolongada ducha, se puso la pijama y encendió su lap. Mientras navegaba en sus páginas y en Twitter, se percató de un mensaje de su novio el cual decía que era posible hallar puestos como profesores de inglés para futuros estudiantes de intercambio, como un nuevo programa financiado por el gobierno. Saboreó un rato tal propuesta, mientras sopesaba las posibilidades. Al momento se hallaba en un pueblo bastante apartado con un sueldo aunque decente, podría ser mejor. Y sobre todo, el trabajar en la capital le aumentaría enormemente las posibilidades de conseguir mejores trabajos, status y quizá hasta salir del país. Podría ser que luego de darse unos meses en su trabajo se decidiera a…

- NO TE VAYAS…

Ese susurro. Igual, de mujer, como sombrío y melancólico pero muy distante. ¡¿Quién anda ahí?! Gritó, pero nuevamente los susurros del bosque le dieron la respuesta. Miró de un lado a otro ansiosamente pero ni un movimiento. Su rabillo del ojo captó un destello de su laptop y al observar la pantalla estupefacta María presenció cómo todas las ventanas de los programas minimizaban hasta dejar al descubierto el fondo de pantalla. Y en vez de los murciélagos previamente escogido por ella, estaba nuevamente ese ojo, enorme, negro, desorbitado, mirándola fijamente.

- Esto no es un virus. ¡Esto no es un virus! – Dijo aterrorizada María al tiempo que retrocedía unos pasos del escritorio. A pesar de sentirse en el fondo atraída hacia este misterioso hecho, de los susurros, los fondos cambiantes y el último acaecido hoy, el irracional miedo que se apoderaba de ella le chillaba febrilmente que saliera corriendo de esa mansión y fuera a refugiarse en cualquier lugar con gente. Por lo menos alguien vivo.
Y al voltearse para buscar el guardarropa para calzarse un vaquero que le proteja las piernas, tropezó con una masa blanca algodonosa. Helada. Alzó la vista para ver qué le obstruía el paso y se arrepintió profundamente de haberlo hecho.


Frente a ella, y flotando como a medio metro, se veía una silueta brumosa como millares de jirones blanquecinos que lentamente ondeaban sin viento que las impulsase. Todos esos jirones formaban una masa curvilínea que en su parte más elevada mostraba un rostro redondo, cenizo, palidísimo. Los labios carnosos tan negros como el color de sus ojos. Los mismos ojos desorbitados que estaban en su lap. Y asimismo como el protector de su pantalla, profundamente clavados en ella. Su cabello, igual de azabache que los ojos y los labios, formaba un océano sobre el cual el pálido rostro se dibujaba. Y de ambos lados de la cabeza, como una ameba de tela, salieron dos prolongaciones que empezaron a avanzar hacia la petrificada María. Aunque los labios del espectro no se movían, se podía oír claramente un susurro. Apremiante, violento, casi como un ruego.

- NO TE VAYAS… NO TE VAYAS… TIENES QUE ESTAR… CONMIGO…

María lanzaba con desesperación órdenes desde su cerebro hasta sus piernas, para que la llevasen lejos de esta espectral mujer que algo deseaba con ella, pero no estaba segura qué. El miedo era tan intenso que sentía náuseas y la sencilla comida la notaba como guijarros en su estómago. No podía moverse. Como una rana frente a una cobra, como un conejo frente a una manada de lobos hambrientos. Ni siquiera el hecho que esos como tentáculos fríos envolvieron sus hombros y vio ese rostro desencajado acercarse, con la boca muy abierta, como queriendo besarla, lograba alguna reacción en ella.
Finalmente, estando los dos rostros a milímetros de tocarse, María pudo reaccionar. Jadeando violentamente metió ambas manos en ese rostro inexpresivo y boquiabierto y sintió aferrar un moco helado. Empezó a retroceder mientras apartaba a manotazos ese fluido gélido de su rostro y hombros, pero no se percató que tras ella estaba el escritorio de su lap. Tropezó con el taburete y su cabeza chocó contra la saliente de madera. Quedó sentada en el piso delante del mueble, exánime. Ya sin que María lo notase, la masa blanca se reformó en el espectro, quien miraba ahora con un dejo de tristeza a la desmayada chica. Como una voluta de humo, se desvaneció en el aire.

María recuperó el conocimiento al sentir su rostro quemando por el sol matutino. Al principio sólo pensaba en el intenso dolor en la parte occipital de su cabeza y en el porqué de ese gran chichón que se frotaba ahí, cuando al cabo de un par de minutos recordó nuevamente. Se incorporó rápidamente buscando a ese fantasma que se había materializado ante ella. Era una mujer, estaba segura. Una mujer blanca, algo gruesa. Pensó por un momento en hacer inmediatamente sus maletas, poner algún tipo de excusa en la alcaldía y largarse de una vez. Pero algo dentro de ella le decía que lo mejor era llegar al fondo del asunto.
Así que se dirigió, luego de vestirse, desayunar y colocarse una bolsa de hielo en la cabeza, a su trabajo. Mientras avanzaba, vio en una de las casas vecinas una señora que amenazaba furibunda a un niño indisciplinado:
- ¡Con que no obedezcas, vas a ver que vendrá Erebus y te llevará! – Al decirle esto, el niño palideció y rompió a llorar. El nombre le dio vueltas en la cabeza a María mientras duraba su jornada. Ya en la tarde, recordó que hacía unos días la tendera le había informado sobre las historias antiguas sobre el pueblo que el padre del teniente político le podría informar. Así que se dirigió a la casa donde vivía el anciano.
Luego de presentarse y compartir un agua aromática, María inquirió al anciano, quien parecía bordear los noventa, de cuál era la historia más antigua sobre este pueblo que pudiera recordar. El viejo se rascó la cabeza un buen rato antes de responder. Y al empezar su historia, la voz del anciano sonó más ronca y grave, como si desenterrara un archivo que no se debía revelar…

- A ver, niña. Este relato me lo contó mi bisabuelo cuando yo era bien tierno. Y me dijo que lo había aprendido de su tatarabuelo, el cual era uno de los supervivientes de una desgracia que barrió con los habitantes del pueblo. Supuestamente, antes de ser fundado este pueblo, había un pequeño reino, tan chico y apartado del resto de pueblos, que su población nunca sobrepasó el millardo. Según me decía mi bisabuelo, estas gentes venían de un país bien lejos, lejísimos… que en Europa quedaba el lugar. A ver cómo llamaba… Griza, Gruesa, Grossa…
- ¿No será Grecia, de casualidad? – le interrumpió María.
- ¡Ese mismo, Grecia! Bueno, me decían que de ese país habían venido una familia real y sus súbditos, aparentemente expulsados del país hace muchisisísimos siglos, por haber intentado cometer un acto horrible, tan horrible que sólo en la biblioteca de la familia real se contaba de tal cuestión. La cosa niña, es que llegaron ellos acá y secretamente fundaron un reino chiquito, chiquito, para perpetuar no se qué tradición, ahí sí no recuerdo. Y el tatarabuelo de mi bisabuelo, como le había dicho, era uno de los supervivientes de esa desgracia.
- ¿Y cuál fue esa desgracia, si es que recuerda? – volvió a interrumpir María.
- La verdad no me recuerdo muy bien, pero tenía algo que ver con unir tres… tres… bueno, no me acuerdo, niña, pero dicen que fue como que se desató el mismísmo fin del mundo sobre ese reino, y sólo un puñado de personas sobrevivieron. Fue ahí que decidieron refundar un nuevo pueblo, y olvidarse por completo de ese pasado tan feo. Bautizaron al pueblo como Reunión, como un último recuerdo de lo acontecido, y la mansión en que usted vive justo, niña, fue una de las primeras construidas. Dicen que demoraron harto en construirla, no supe por qué. Y de eso pasaron trescientos años, y aquí estamos ahora…
- Una última pregunta, señor. ¿Cómo se llamaba el nombre de ese antiguo reino?
- Mi abuelo sí me había contado su nombre. Déjeme hacer memoria… - el viejo volvió a rascarse la cabeza, como queriendo extraer así sus recuerdos. Esta vez demoró varios minutos, hasta que se le iluminaron los ojos. – Ah, sí! Ya me recuerdo! Ya recuerdo! El viejo reino se llamaba…

Mientras María se dirigía nuevamente a su mansión, todo deseo de abandonar este remoto lugar se había desvanecido. Ahora le quemaba por dentro una inaguantable pasión. Un deseo poderoso de desvelar y sacar a la luz misterios silenciados hacía centurias. Era como si la propia mansión la llamara a escudriñar en sus intimidades.
- Voy a llegar al fondo de todo esto. Me lo prometo. Voy a desentrañar todo lo que ocurrió en el reino de MOLDOVA…

Thursday, April 30, 2009

La promoción.



Valió la pena haber llegado a este hotel.

Era la quinceava celebración por motivo de la graduación del colegio de mi esposa, quien se había recibido de bachiller en uno de los más prestigiosos colegios de la ciudad. Liceo particular laico “Saint Jacques”, se llamaba. Mis suegros exprimieron hasta lo último de sus arcas para que su hija mayor se educara en tan prestigiosa institución, donde hijos de banqueros, celebridades y demás gente de alcurnia recibían instrucción secundaria.



El hotel era realmente fastuoso y repleto de lujos. Ubicado en una ensenada cercana a Salinas, tenía la particularidad de alzarse sobre un empinado acantilado, de cuya base serpenteaba una escalinata hasta el hotel, conectando un sistema de muelle para yates y otras embarcaciones privadas. Las playas no estaban lejos, como máximo a 500 metros del hotel. En la planta baja funcionaba un minimall donde los huéspedes y visitantes conseguían desde una botella hasta un cuadro artesanal hecho de conchas y caracolas espondylus. Claro que a precios muy superiores a lo normal. El servicio de comidas atendía tanto en sus propios locales (en la base y la cúspide) como en atención al cuarto. Era en el salón superior, justo en el centro de convenciones, donde se celebraría la fiesta de ex-alumnos. Un óvalo cristalino de transparencia casi perfecta permitía observar el cielo casi siempre despejado, pero que tenía una cubierta plegable para proteger del sol. En un extremo de la sala estaba el área donde una orquesta tocaba sin cesar melodías muy elegantes, mas no bailables. En ambos lados del salón estaban dispuestas las mesas del buffet, junto con los mozos, atentos al mínimo requerimiento de los comensales. Y algunas camareras se movían de un lado a otro de las mesas adjuntas llevando bandejas cargadas bien de vino, bien de bocadillos. Cosa que el espacio central quedaba presto para la tertulia y el baile, si se proponía. Mi mujer estaba encantada pero advirtió mi mirada golosa hacia las viandas de las mesas.

- Recuerda que estamos en un ambiente muy élite, no te quiero ver devorando como usualmente haces – me susurró en un tono de reproche.
- Tranquila, estoy con hambre pero no te voy a hacer quedar mal con tus…- empecé a responder pero un agudo chillido me interrumpió.
- ¡¡CHÉERIIIIII!! – gritó con aguda voz una dama sumamente enjoyada mientras se lanzaba a abrazar a mi esposa sin casi dejarla respirar. Para mi estupefacción otras tres señoras realizaron la misma gracia sepultando a mi pobre doña en abrazos, besos y manos entrelazadas. Saludos mezclando inglés, francés y español confundían nuestros oídos…
- ¿Cómo has estado todo este tiempo, darling?
- Nos hubieras llamado para salir de shopping y party, hija…
- Y nos enteramos que te habías casado, mon cheri, no será el que te acompaña, ¿nooo?
Finalmente mi señora, bastante amoscada y agobiada por la avalancha de mimos y preguntas pudo responder pausadamente.
- Chicas, tanto tiempo sin verlas, la verdad no sabía si me reconocerían o no. – pese al parloteo incesante en respuesta, ella siguió – es verdad, el que está a mi lado es mi esposo, llevamos ya cinco años de casados. Les presento, se llama…
- ¡Pero darling, hasta donde yo sabía tú estabas saliendo con el hijo del dueño de la cervecería Pulsener! ¿Cómo así lo dejaste?
- Y bueno hijita, sé que fuiste a estudiar a una universidad bien bien de populacho, capaz que fue ahí donde lo conociste – insinuó la otra haciéndome un gesto con la nariz. Ya estaba mentalmente preparado para este tipo de situaciones, pero igual me empezaba a molestar.
- Chicas, yo opino que no deberíamos juzgar así por así al marido de nuestra amiga. Si se casó con ella es por algo, no? Y, ¿me puedes decir qué haces, mon ami? – dijo mirándome con fijeza.
- Soy médico. Trabajo en la clínica que fundamos entre ella y yo. – Pude finalmente responder. A ver si con esa respuesta este trío de locas se quedaba…
- ¿Médico así a secas? No me irás a decir que no cuentas con alguna especialidad.
La frase última la dijo un tipo vestido de sport, quien portaba un vaso highball lleno hasta la mitad de escocés con hielo. Tras él vi acercarse dos hombres más de impecable vestimenta. Todos me escudriñaron con los ojos con una minuciosidad casi morbosa. Adiviné lo que buscaban. Cachorros de mierda… La mujer de los modismos franceses volteó y se prendió del brazo del que me hizo la pregunta.
- Fausto, sabes que no me gusta que te portes así frente a nuestra amiga. Ambos, que yo sepa, son médicos y ya con eso son bastante respetables. La medicina es una profesión trés bien, cheri… - susurró la mujer en tono apaciguador. Pero el rostro desdeñoso del tal Fausto no varió.
- ¡Bah! Si no tienes especialidad alguna, no eres nadie. Y ya te he dicho YO que me irrita muchísimo que mi propia esposa me contradiga frente a mis otros amigos, Alexandra. Me harta esa faceta tuya. – Ya mis ojos se habían clavado en Fausto, deseando demostrarle lo nadie que era. Pero mi mujer se había adelantado en mis intenciones, al sentir su mano apretando mi costado. Ya conocía lo que significaba ese gesto. Así que callé otro rato.

- ¡Bueno, bueno! No es momento de estar hablando de profesiones y eso, más bien centrémonos en que estamos juntos de nuevo, y podemos recordar esos días del colegio. Alexandra, Jessica, Kimberly, vamos a servirnos unos vinos y dejemos a los chicos para que se hagan amigos con mi esposo. No te me descontroles. – me terminó susurrando disimuladamente. Ni modo, tocaba actuar al ritmo de estos hijos de papi. Me serví un whisky mientras me acercaba al grupo de ex-compañeros de mi señora. Al regresar del bar, fui observando que empezaban a llegar personas ajenas al grupo de la promoción, incluyendo extranjeros. Algunos de apariencia nipona, otros de apariencia europea y un alto individuo que a todas luces parecía provenir de algún emirato árabe, con su pañuelo anudado y los ojos cubiertos con gruesas gafas oscuras. Las camareras ya estaban haciendo circular bandejas con aperitivos y bocaditos. Me llevé algunos a la boca para entretener la barriga. ¡Vaya, jamón serrano de primera! Antes de pensar en un detalle raro que vi, me llamaron al grupo de ex alumnos.

- Así que te lograste casar con nuestra compañera consentida. Nuestra linda bichita…- empezó a decir Fausto. ¿Bichita? Nunca había oído ese apodo antes…
- Claro, es que cuando yo se lo coloqué al principio, ella pasó llorando un buen tiempo, pero al rato se acostumbró y quedó de bichita. Siempre se tragaba nuestras bromas, esta pelada – continuó Fausto antes de prorrumpir en carcajadas estruendosas. Uno de sus compañeros al parecer vio mi cara encendiéndose de coraje por lo que intervino rápidamente.
- Fausto, yo opino que lo mejor es que nos vayamos presentando para conocernos mejor, ¿no te parece? – el aludido apenas resopló – Mucho gusto, me llamo Ricardo, él se llama Fausto, y el de aquí se llama Patricio Ignacio. Paig para los amigos – dijo Ricardo con una amplia sonrisa. Decidí devolvérsela. Ricardo continuó presentándonos. – Fausto es el dueño de la filial de Roxe en el país, heredado por su padre; como te habrás dado cuenta, está casado con Alexandra, quien trabaja de actriz de teatro y modelo. Yo me dedico a producción televisiva, tal vez habrás visto el programa Bastidores, yo soy el productor, aparte de un programa de opinión y denuncia. Y Paig, tiene una empresa de distribución farmacéutica muy…
- Basta Ricardo, vas a terminar diciéndole al doctor hasta de qué color cagamos… lo típico de un tinterillo de prensa. – Cortó groseramente Fausto. Ricardo enrojeció pero quedó callado. Paig iba a intervenir cuando llegaron las chicas, riéndose y bebiendo vino. Nos anunciaron que habían pedido a la orquesta que toque un par de piezas para bailar. Dicho y hecho, empezó a sonar música tropical, cosa que se armó cada pareja y bailamos un buen rato. En medio de la segunda melodía, oí la voz de Kimberly:
- Este hotel… es tan bello. Y pensar que fue el mismo donde hicimos nuestro paseo de sexto curso… y donde… donde…
Estas palabras detuvieron en seco a todos los integrantes de la promoción quienes voltearon a ver con mirada punzante a Kimberly, quien sólo miraba al resto con extrañeza.
- ¡Creí que habíamos acordado no volver a mencionar NUNCA MÁS ese incidente! – rugió Fausto visiblemente furioso. Alexandra intentó calmarlo pero no lo logró, mientras éste seguía vociferando – ¡Lo que sucedió hace quince años ya debería estar olvidado por todos nosotros, encuentro absurdo que todavía se aferren a esos recuerdos tan caducos! ¡Déjame tranquilo, maldita sea! – terminó apartándose bruscamente de su esposa y se dirigió al bar a echarse otro whisky. La orquesta calló. Todos los otros perdieron su rostro de fiesta, salvo mi esposa, quien se encontraba tan extrañada como yo. Se dirigió a Jimena.
- Jimena, ¿de qué asunto habla Kimberly que enojó tanto a Fausto?
- Déjalo hijita, déjalo nomás. No tiene importancia alguna.
- ¡Sí la tuvo! ¡Claro que la tuvo! – Respondió Alexandra muy alterada; pude ver incluso algunas lágrimas brillando en sus ojos. Todo esto parecía extremadamente raro…
- Ya, mucha pendejada, mejor coman algo para que se calmen, yo voy a hablar de un asunto que tenía pendiente con Fausto – dijo Paig mientras se alejaba del grupo rumbo al bar. Yo tomé de la mano a mi mujer y la llevé al balcón para conversar.
- Lo siento mijo, la verdad es que la velada no ha salido como yo lo esperaba…
- No te lo voy a negar, algunos de estos estirados me han caído como patada a las bolsas, pero me ha dejado bien intrigado esto último. ¿Sabes qué fue lo que pasó que tanto altera a esta gente?
- La verdad casi no me acuerdo de ese episodio, debido a que por falta de dinero no fui a este viaje de fin de curso. Medio recuerdo que cuando volvieron todos estaban silenciosos y huraños, sobre todo Alexandra. Pero nunca me dieron detalles de lo ocurrido. Además yo en sexto pasaba el tiempo sobre todo en pasantías y prácticas en hospitales y eso.
- Veremos si logramos obtener algún dato de ese problema. Ven, vamos a la mesa del buffet que con el baile y todo esto, ya no aguanto el hambre.
- Si no hay más remedio… recuerda por favor, no seas tan voraz.
- Ya mija, todo bien.
Mientras nos íbamos sirviendo noté que la orquesta volvía a ofrecer música. Mientras llenaba mi plato de camarones y presas de cordero, escuché una discusión en el bar, protagonizada por Paig y un ya borracho Fausto.
- ¡¿70/30?! ¿Ésa es la proporción que me estás ofertando Fausto? Sobre la sociedad que pensábamos realizar?
- Es lo máximo que te puedo ofrecer, Paig. No hay forma de bajar la proporción. Si así se hace, salgo perdiendo. Y no puedo salir perdiendo en estas negociaciones – farfulló Fausto.
- ¿Perdiendo? ¡Estás completamente demente si piensas que voy a aceptar esa mierda de utilidad! Teníamos el acuerdo que seria mitad y mitad! ¿O no te acuerdas de eso, Fausto?
- No firmé nada sobre eso. Aquí está para que firmes. Y lo quiero de una vez. Que mañana me reuno con mi grupo de ejecutivos y les quiero ya anunciar que tu empresa ya está unida a nosotros… - Piag perdió la paciencia y le gritó un par de cosas a Fausto. Éste respondió aún más furibundo. Parecía que se irían en poco a las manos, pero fue Ricardo quienes los separó. Fausto se soltó del agarre de Ricardo, apuró otro vaso de whisky. Y para vergüenza no sólo de los ex – compañeros, si no también de los otros turistas, empezó a gritar como salvaje:
- ¡¡Que lo sepan bien, hijos de puta!! Yo, Fausto Elizalde Oporto, tengo mucho más Poder, billete y clase que todos ustedes juntos!! ¡Yo manejo una de las empresas más lucrativas de este país! Y ustedes juntos no pueden siquiera igualar toda mi fortuna. ¡Son una tarea de mediocres, todos ustedes, indignos de haberse graduado en mi colegio!
- ¡Fausto, ya te has pasado de la raya! Te exijo una disculpa sobre todo a nuestros invitados – dijo Ricardo señalándonos a mi esposa y a mí.
- ¿Y desde cuándo tú me das órdenes, tinterillo de cuarta, cajón billeteado? Yo no me disculpo ante nadie… - ignorando la mirada furiosa de Ricardo, Fausto extrajo un objeto largo, metálico y puntiagudo de su pantalón y hizo el ademán de introducírselo en la oreja derecha. – mierda, qué picor…
Fue entonces cuando la avergonzada Alexandra decidió tomar acción. Frente a todos los testigos, incluyendo ya algunos de los extranjeros que se habían acercado, reintrodujo tal artefacto en el bolsillo de vuelta, vociferó algo como que ya esto en frente de todos no, y casi a empellones se lo llevó a su habitación. Ya calmada la situación, tratamos de volver al ambiente pero fue imposible.

- Juro que me las vas a pagar… - repetía con los puños apretados Ricardo. Entre Jimena y Kimberly le hablaron para calmarlo, pero el sólo volteó y se fue. Paig también había desaparecido. Mi mujer estaba consternada por lo ocurrido, así que le propuse mejor ir a conocer a otras personas, a lo cual accedió sin mucha convicción.
- Ah, en verdad ha sido un esbectáculo tan boco elegante, en mi baís no se ven estos exabruptos, loado sea Alá… - decía con sorna el alto árabe con quien habíamos ya iniciado una conversación.
- Definitivamente, deberíamos pedirles disculpas por darle tan mala impresión de nuestro país, señor… - respondí.
- Ussalam! Usted berdone, mi nombre es Hakim, Hakim Al-nadir. – dijo, haciendo una ceremoniosa genuflexión. – soy embresario betrolero y había venido a su baís a negociar sobre unos nuevos sitios de exblotación hidrocarburífera, brevia bendición de Alá.
- Me doy cuenta que ud. es muy creyente en su Islam… en fin, volviendo a lo de antes, por tristeza este Fausto siempre ha sido así. Un prepotente, mangajo y borracho, consentido y solapado desde joven. Si le contara las diabluras que hacía…
- ¡Mil berdones, señora! Estamos cercanos a las cinco de la tarde, y es la hora de mi rezo. Con su bermiso… - le interrumpió Hakim luego de mirar su reloj. Saludó ceremonioso y se fue, casi a la carrera.
Con todo el relajo y el ambiente festivo roto, preferí llenarme de comida junto a mi esposa. Al parecer no habían casi huéspedes en el hotel, tal vez era por la época del año.
- Por cierto, cuando nos íbamos conociendo, Fausto me dijo que solían llamarte bichita…¿cómo así nunca me lo..?
- No. NO. No me gusta en lo absoluto que me llamen así. No me hagas enojar contigo, por favor. – Me cortó de una mientras me apretaba con mucha fuerza el brazo. Por su mirada, entendí que dicho apodo debió hacerla sufrir mucho. Definitivamente este Faustillo era todo una joyita.
- Perdóname mi cielo. Te prometo que no volveré a…
- ¡¡AAAAHHHHHHHHH!! ¡¡FAAUSTOOOOO!!!
Ese agudísimo alarido provenía de las habitaciones de más abajo, donde estábamos hospedados la mayoría. Sintiendo un aire glacial en el estómago, bajamos la escalinata corriendo, y al llegar al pasillo, vimos a una horrorizada Alexandra apoyada en la puerta de su habitación, señalando temblorosa el interior. Un feo espectáculo se nos reveló. Fausto yacía sentado en el escritorio de su habitación, casi despatarrado, con el rostro desencajado, los ojos muy abiertos y de su oído derecho rezumaba una mezcla de sangre y pulpa cerebral. En su mano derecha aferraba el objeto agudo que había extraído con anterioridad de su pantalón, casi hasta la mitad embadurnado de sangre. Me dirigí raudo a Fausto y le palpé la carótida. Nada. No respiraba. Fausto estaba muerto. Fue ahí cuando divisé una mancha oscura en el canto de su mano derecha. Disimulado la toqué. Cremoso y marrón, con olor a cosmético…

Al llegar las otras mujeres y ver el cuadro, estallaron en alaridos de terror. Mi esposa las sujetó mientras yo forcejée con Alexandra quien quería deseperadamente abrazar a su marido. Le tuve que gritar que había que llamar a la policía y si movía el cadáver podría estropear la labor policial. Finalmente, llorando, accedió. En menos de diez minutos habían llegado los policías y acordonaron el sitio. Tras explicarles que yo le tomé el pulso por lo de las huellas dactilares, procedieron a levantar el cadáver. En eso se abrió la puerta de dos habitaciones más al fondo y salió con rostro contrariado el sr. Al-nadir.
- ¡Bero qué es todo este alboroto! ¡Un fiel a Alá no buede hacer su rezo en paz! ¡Ussalam!
Rápidamente le informé del asunto, mientras más y más curiosos se agolpaban dentro del pasillo, obligando a los policías a hacer circular a la muchedumbre. Entretanto, Hakim ofrecía sus disculpas a la viuda, visiblemente consternado.
- Que Alá se abiade del alma de su señor marido, rezaré por usted diariamente, mi señora…
- ¡Atención! Los conocidos y familiares del fallecido, por favor acercarse al cuarto. Hemos ya recogido las evidencias y cercado el perímetro del cadáver. El resto de huéspedes les solicitamos no abandonar el hotel hasta que se emita un comunicado oficial. – Gritó un policía. Todos los implicados obedecimos en el acto. Ya dentro, el forense a cargo nos explicó algunos pormenores:

- Primero que nada, expreso mis condolencias a la viuda. – Alexandra asintió levemente, aún sollozante. – De lo que se puede deducir, el motivo primario de la muerte del sr. Elizalde fue traumatismo encefálico severo provocado por la introducción violenta de este elemento metálico a través del canal auditivo derecho de la víctima; – mostró en una funda plástica el extractor de cerilla aún cubierto de sangre. – apenas se hallaron huellas de forcejeo, salvo las convulsiones propias de este tipo de trauma. Sólo se hallaron huellas de la víctima en el extractor. Así que tenemos dos hipótesis para esta muerte. La primera, el suicidio, a pesar que esta forma de matarse es por demás rebuscada y dolorosa.
- ¡Non! Rechazo esa posibilidad, oficial, yo estuve casada por casi 10 años con Fausto y nunca mostró señales de comportamiento suicida, y su empresa marchaba viento en popa – habló enérgicamente Alexandra.
- Muy bien, entonces tenemos la segunda hipótesis. El sr. Elizalde fue asesinado. Lo extraño del caso es que la viuda asegura haber abierto la puerta, que sólo se abre con tarjeta y se asegura desde dentro y halló el cadáver. Pero algo muy importante, cerca del cuerpo se hallaron estos objetos – el agente mostró dos fundas. La primera albergaba un celular Blueberry y la segunda unos papeles rasgados. - ¿Alguno de los presentes tenía motivos para asesinar a este hombre? Y además ¿pueden explicar de quién son estas pertenencias?
- ¿No es ése tu celular, Ricardo? – Preguntó sorprendida Kimberly. Este dio un respingo.
- ¡De ninguna manera! Yo mi celular lo tengo aquí mismo en… en… - empezó a rebuscarse febrilmente los bolsillos sin resultados - ¡Puedo jurar que lo tenía aquí mismo todo el tiempo! – El ceño del oficial se frunció. Todos volteamos a ver a Ricardo, ahora pálido y sudoroso.
- Que yo sepa, te la pasaste repitiendo “juro que me las vas a pagar” cuando te insultó Fausto. – insinuó mordazmente Paig. Ricardo se levantó de un salto y casi arrancó la segunda funda de la mano del oficial. Tras revisarlos un rato pese a las protestas del oficial, Ricardo aleteó los jirones frente al rostro de Paig.
- ¡Mira! Esto es un contrato de sociedad entre tú y Fausto! ¡Justamente el contrato en que le reclamabas la desigual repartición de las utilidades! ¡Entonces fuiste tú el que asesinaste a Fausto para poderte luego apoderar de su compañía, a la que ansiabas en secreto! ¡Me lo confesaste cuando estábamos bebiendo dos días atrás!
Paig soltó en ese momento un violento puñetazo hacia Ricardo, quien saltó sobre Paig y se enfrascaron en una pelea. Tardamos un rato en separarlos, mientras se gritaban mutuamente “asesino, matón, ambicioso, rata”. Una furibunda orden de silencio del oficial calló a la gente.
- Tengo la firme sospecha que no fue uno, sino dos, los que emboscaron y mataron al sr. Elizalde. Si hubiera sólo una de las evidencias en el piso, el culpable sería más que evidente. Pero creo yo que ustedes, con sus propios motivos para matarlo, y conocedores del hábito de limpiarse los oídos con tal aparato, forcejearon con él y lo obligaron por su propia mano a introducirse el extractor dentro del cráneo. Cerraron luego la habitación y ayudándose el uno al otro, saltaron al siguiente balcón, que casualmente es el de su habitación. Luego esperaron a que la viuda diera la alarma y hacerse los inocentes. Oficiales, arresten a estos hombres. Los mantendremos en custodia hasta elaborar el parte.
Vociferando insultos, amenazas y solicitudes de abogados, Ricardo y Paig fueron arrestados y llevados a una comisaría cercana. Sus amigas quedaron pasmadas por el asunto, pero convocaron a periodistas y dieron su versión de los hechos. Simultáneamente hicieron circular en internet a través de blogs y facebook el asesinato y los dos sospechosos. Prácticamente medio mundo se enteraría del hecho. Luego de una hora el resto del grupo conversábamos en el cuarto de Jimena, donde Alexandra había mudado sus cosas.

- Aún no puedo creer que Ricardo y Paig hayan sido capaces de cometer tal mostruosidad… -susurraba Alexandra.
- Pero ya tuvieron lo que merecían. Ahora todos se han enterado de lo que hicieron. Esos están jodidos, darling. – dijo con aire triunfal Kimberly.
- ¡Estúpida! ¡Más que estúpida! Ellos están en calidad de sospechosos, y mientras no se demuestren pruebas fehacientes o confesiones, ellos aún son inocentes. ¡Los has cagado, Kim! – la retó furiosa Jimena. Ella estuvo a punto de lanzar su contraataque cuando mi mujer les paró el carro.

Yo por mi parte, no dejaba de pensar en el crimen y en las evidencias. Cierto era, ambos tenían motivos sólidos para matar a Fausto. El de por sí era un tipo repelente, un pobre platudo, pero el modo del asesinato… deberías tener una puntería bestial para acertar de una en introducir el extractor en un canal tan estrecho. Y por lo menos hubiera requerido dos intentos. No había heridas que confirmaran tal teoría. Podría también ser que entre los dos obligasen a Fausto contra su voluntad a meterse el pincho, pero era un hombre bien alimentado, y a pesar de estar borracho, tendría que haber habido señales de lucha. Y éstas estaban ausentes. Mientras divagaba sobre estos problemas, mi mirada captó una foto en la maleta de Alexandra. La miré detenidamente y le pregunté a ella cuándo fue tomada la foto. Ella me arrebató presta la foto y la abrazó.
- ¡Perdóname, pero esto es un asunto muy personal! ¡Y Fausto me tenía prohibido mostrarla, por eso es que..!
- Alexandra… Fausto está muerto – le dije suavemente. Ella volvió a colocar la foto en su regazo, con lo cual se hizo visible. Eran siete adolescentes de unos diecisiete años aproximadamente. En el centro, se veía un risueño muchacho alto y rubio.
- Esta foto nos la tomamos en este hotel, hace quince años. – Empezó Alexandra. Kimberly trató de callarla pero mi mujer la retuvo. – Estábamos en sexto año, y era nuestro paseo de fin de curso. Entre todos lo organizamos. Teníamos planeado quedarnos una semana.
- ¿Quién era el rubio que estaba al lado tuyo? – Pregunté.
- …se llamaba Karl. Karl Lärsen. Había llegado de intercambio de Alemania hacía unos meses antes del viaje y se había integrado al grupo bastante bien. Tú no lo conociste casi – dijo mirando a mi esposa – pues en ese tiempo pasabas haciendo prácticas. Era un apasionado de las artes escénicas y circenses, y muchas veces nos sorprendía con una cabriola o una imitación de algún profesor que nos cayera mal. Yo me empecé a enamorar de él y al parecer Karl sí me correspondía. Tenía planeado declararme la última noche, en la farra de despedida, pero… - Alexandra calló por un rato. Se notaba su esfuerzo para que no se quebrase su voz – Esa noche, pasó algo espantoso. Fausto y los demás vinieron corriendo a avisarme que habían visto a Karl hacer equilibrios en su cuarto cerca del balcón cuando trastabilló y cayó al acantilado. Hicimos todos esfuerzos desesperados para hallar su cuerpo, pero con lo picado que estaba el mar nunca encontramos nada. Finalmente llegaron nuestros padres y tras las investigaciones no tuvimos más que declarar muerto a Karl y avisar a su familia en Alemania. Volvimos todos abatidos. Karl era nuestro amigo, nos quería muchísimo a todos…

Para ese momento, Jimena y Kimberly se mordían los labios conteniendo las lágrimas. Mi esposa también estaba muy consternada así que abrazó a Alexandra estrechamente quien volvió a romper en llanto. En eso, en el estande de Jimena vi un pomo y le pregunté qué era eso.
- Ah, eso es crema bronceadora. Para evitar pasarte mucho al sol. - ¿Crema bronceadora? ¡Un momento! Agarré el pomo y salí corriendo al baño del pasillo. Y al abrir la puerta escuché una como maldición ininteligible. Le había dado sin querer a alguien. Era Hakim. Me disculpé lo más cortésmente posible, mientras él se sacaba sus gafas para sobarse la nariz. Luego de alejarse, me puse frente al espejo a pensar rápidamente, añadiendo a mis datos dos nuevas dudas. Y llegué a la conclusión.

El asesino aún estaba dentro del hotel, ¡y ya sabía quién era! Volé de nuevo a la habitación de Jimena y casi grité que llamasen de nuevo al agente a cargo, que tenía que darle unas explicaciones. ¡Y para ayer! Cuando llegó de nuevo el agente, le solicité que reúna nuevamente a todos los huéspedes. Cuando todos estuvieron presentes empecé.

- Oficial, tengo suficiente evidencia para demostrar que Fausto Elizalde ha sido asesinado, pero no por Ricardo y Paig, como sospechábamos en un principio. – Mi declaración provocó una exclamación de asombro entre todos. Mi mujer me miró ansiosa, temerosa que me fuera a jugar algo más que mi prestigio, pero proseguí.
- Discúlpeme doctor, pero ambos sospechosos tenían móviles y se presentó evidencia que los incriminaban en el crimen. Además se acusaron mutuamente de haber asesinado al sr. Elizalde. ¿Cuál es su razonamiento para declararlos inocentes, por favor?
- Aquí está la principal evidencia, oficial. – Alcé el pomo de cosmético y lo mostré a la gente. – Jimena ahogó un grito mientras palidecía de la ira.
- ¡¡No irás a decir ahora que la culpable soy yo!! ¡¡De ninguna manera aceptaré este juicio tan estúpido y absurdo!! ¡¡Tienes que apoyarme en eso, bichita!! – gritó volviéndose furiosa a mi mujer, quien sólo atinó a mirarme expectante.
- No Jimena. No te estoy acusando de nada. Estoy indicando que este cosmético incriminará al verdadero asesino, quien está entre nosotros.
¡Y esa persona, el asesino de Fausto Elizalde, ERES TÚ, HAKIM AL-NADIR!
¡Tú entraste a la habitación, aprovechaste a que Fausto se escarbara el oído con su extractor, te pusiste tras él y de un solo manotazo golpeaste su mano derecha, provocando que el extractor destroce su cerebro! Luego cerraste la puerta con seguro y huiste hasta tu habitación para luego salir con la pantomima que te estaban interrumpiendo el rezo.
Al decir esto, Hakim enrojeció de furia y desenvainó una daga mascullando en una mezcla de árabe y español. El oficial hizo un gesto y dos policías retuvieron al debatiente musulmán.
- ¡Por el nombre de Alá y el brofeta! ¡Ni mil muertes tuyas podrán lavar esta ofensa cometida! ¡No tienes ninguna brueba para incriminarme, bastardo! ¡Juro que te demandaré ante un tribunal islámico para que recibas tu merecido! ¡Ussalam!
- Claro que nunca me arriesgaría a lanzar una hipótesis tan atrevida si no estuviera seguro de las pruebas que tengo. Primero que nada, Hakim Al-nadir…¿qué tan fiel eres al Islam?
- ¡Cómo te atreves, berro maldito! ¡He crecido bajo el cobijo del Islam y del brofeta Mahoma! ¡Sigo sus leyes a rajatabla y rezo a diario mirando hacia La Meca! – rugió furioso el árabe.
- Entonces quisiera hacerte dos preguntas. La primera: ¿Por qué razón en la recepción te atiborrabas de bocadillos, siendo elaborados de jamón serrano? ¿No es el cerdo animal impuro para el islámico? – Al oír esto, Hakim quedó boquiabierto – Segunda pregunta: Según he escuchado, tus interjecciones favoritas son ussalam, entre otras ¿cierto? En ese caso, cuando choqué contigo involuntariamente, ¿porqué soltaste un rasposo Scheiße?
Para ese momento, todos estaban mirando a Hakim, quien sólo atinaba a mirar al suelo mientras sudaba profusamente. Alexandra no apartaba la vista del hombre, tan intensamente que casi lo perforaba.

- Por tanto, nos has entregado una muy excelente actuación como un islámico, Hakim Al-nadir. O más bien debería decir… ¡KARL LÄRSEN!!
Para ese momento, las amigas de mi esposa se llevaron las manos a la boca, estupefactas. Alexandra no soportó la tensión y se desvaneció. Mi esposa corrió a socorrerla. Yo mientras tanto terminaba de exponer mi hipótesis.
- Sólo Karl Lärsen, además de los de la promoción podía conocer los hábitos de Fausto como era escarbarse los oídos con objetos duros. Así que te aprovechaste de cuando todos se aproximaron al momento de la pelea entre los tres hombres y disimuladamente extrajiste el celular del bolsillo de Ricardo. Luego, para incriminarlos, dejaste en el piso el celular, buscaste el contrato y lo rasgaste. Tras eso, saltaste de balcón en balcón hasta llegar al tuyo y culminar tu farsa. Es algo fácil para ti, si conservabas tus dotes de acróbata e histrionista. Y el detalle final fue en el mismo momento del tope accidental. Nunca te habías quitado las gafas hasta el momento, pero al momento del golpe no pudiste evitar quitártelas para sobarte la nariz lastimada. Y pude evidenciar esto.- Avancé hacia Karl y le quité las gafas. Sobre el puente nasal, se observaba una fina cicatriz que le otorgaba una forma aguileña. – Este tipo de cicatriz sólo pueden ser resultado de una cirugía. Y ahora… observen cómo el sudor de Karl está lavándole la crema bronceadora que se colocaba a diario para fingir su tono de piel… ¡la misma crema que hallé en el canto de la mano derecha de Fausto! – finalicé. Reinaba en ese momento un silencio absoluto.

- Ja, ja, ja, ja, ja… - era Karl quien de repente empezó a reír, mientras las gotas de sudor revelaban su pálida piel. – en verdad creí poder llevar a cabo mi venganza contra todos estos hijos de puta. – Alzó la cabeza y me miró – Supongo doctor, que te habrán contado de mi “accidente” en el cual nunca hallaron mi cadáver, ¿verdad? Pues nunca hubo un accidente, chicas – dijo dirigiéndose a las mujeres – Lo que en verdad ocurrió fue que esa noche, Fausto, Ricardo y Paig me invitaron a tomar y en media tertulia Fausto me inmovilizó de un puntapié en el estómago, y entre los tres me alzaron en peso, mientras Fausto me decía que nunca iba a permitir que un alemán de mierda le quitase a su preciosa Alexandra – la rabia empezó a encender el rostro de Karl. Alexandra ya había recuperado el conocimiento, y estaba escuchando asombrada la verdad oculta por quince años. – y fue entonces que ellos, personas a las que consideraba amigos del alma, hermanos de corazón, ¡me arrojaron sin piedad acantilado abajo! Cuando recuperé el conocimiento estaba en un pueblo de pescadores, y sufriendo de amnesia temporal. Pasó un año hasta que por fin recuperé la memoria y mi primer pensamiento fue alejarme de esta gente maldita, quienes sobreponen dinero y apariencias ante todo, y casi muriendo en el intento, regresé a Alemania para planear mi venganza contra estos miserables.
- Entonces el motivo para asesinar a Fausto e inculpar a Ricardo y Paig, fue el intento de asesinato que sufriste por parte de ellos, ¿no? – pregunté.
- Ahí estás equivocado por completo, doctor… - su respuesta me hizo fruncir el ceño, pero todos quedamos de una pieza con la declaración posterior. – No lo hice por mí, a pesar que intentaron matarme y perdí un año de mi vida. No. La verdadera razón fue…¡para vengar la muerte de mi liebe Mutter!! – Las lágrimas empezaron a fluir de sus ojos - ¡Al recibir la noticia que su único hijo había muerto, mi amada madre, esa mujer que sola había criado un hijo contra todo pronóstico, y que en él había depositado sus esperanzas e ilusiones, sufrió un infarto! ¡¡TODO POR CULPA DE ESOS MALDITOS RICACHOS!! – Karl se dobló de rodillas, mientras los sollozos estremecían su cuerpo. Ahora Alexandra lo miraba con una mezcla de tristeza y compasión enorme. El agente a cargo tomó la palabra.
- En verdad, es un giro inesperado de los acontecimientos. Ordenaré de inmediato la libertad de los implicados. Doctor, gracias por sus razonamientos. Karl Lärsen, queda usted detenido por el asesinato de Fausto Elizalde. Tiene derecho a…

Mientras se llevaban a Karl, pude divisar un intercambio de miradas entre Alexandra y él. Curiosamente, no vi rencor ni odio en ninguna. Luego volteó a verme. Asimismo, sin rencor. Incluso me sonrió mientras me decía:
- Mi venganza está cumplida. Fausto está muerto y las reputaciones de Ricardo y Paig arruinadas por completo. Asimismo, he demostrado que estos “lazos” de amistad entre los ricachos son tan fáciles de romper… Doctor, lo felicito en verdad.
Le dedicó una última mirada a Alexandra, quien todo el tiempo permaneció sin decir palabra, antes de descender por el ascensor, hasta la patrulla que lo esperaba. Mi esposa se abrazó a mí consternada. Vaya celebración de promoción, me dije…

Tal como pronosticó Karl, quien fue deportado a Alemania; a pesar de ser puestos en libertad y la rueda de prensa posterior, el prestigio de Ricardo y Paig quedó por los suelos, sobre todo gracias a la información sobre el intento de asesinato de hace quince años regada eficazmente por Jimena y Kimberly. De Alexandra no volvimos a saber más, salvo que secretamente se embarcó en un vuelo a Europa…